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No es xenofobia; es la tercera ley de Newton
El mejor lugar del mundo es el lugar donde uno está.

Por Manuel Leonardo Martínez

He pensado mucho para escribir estas líneas. Son casi 15 meses en este hermoso país que me recibió con los brazos abiertos. Su gente, su comida, su solidaridad no tienen igual. Y sí, hace 15 meses no había la cantidad de venezolanos que hay hoy día. Prácticamente yo era una especie de "rareza" entre la peruanidad. Veneco, chamo, conchale vale, eran los calificativos que me decían, no de mala manera sino más bien como un mecanismo de integración a su comunidad.

A los dos días conseguí trabajo, un trabajo de 12 horas, sí 12 horas diarias y haciendo algo que en mi vida había hecho como lo era cocinar pizzas y lavar platos, algo tan distinto a la comodidad de una oficina durante 15 años, de un aire acondicionado, de trabajar en tribunales de 9 am a 3 pm, y lo acepté, porque aquí es donde los títulos por más apostillados que estén se quedan en la gaveta por un tiempo.

Y así es como vas aprendiendo a vivir con 10 soles diarios y a evolucionar, puesto que ya empecé a trabajar en un laburo de 8 horas diarias, eso sí como operario de limpieza, limpiando baños y oficinas, oficinas tan grandes y lujosas como la mía en mi país.

Pero por obstinado cambié de laburo, y ya en una de evolucionar comencé a abrirle las puertas de los carros a los ciudadanos peruanos en retribución a las puertas que a su vez su país me había abierto a mí; les cuidaba sus carros, inclusive algunos tan bonitos como los diversos carros que tuve en mi país.

En todo lo anterior hubo un lugar común: NUNCA, absolutamente nunca recibí rechazo ni acto de desprecio alguno por parte de ciudadanos peruanos; por el contrario, siempre fueron amables, receptivos y solidarios. Quizás uno que otro que por desconocimiento de la realidad (o por su corazón izquierdista) te decía que es que al gobierno no lo dejaban trabajar.

Pero como nada es perfecto en este mundo, comenzó la diáspora, la cual se caracterizó por un escenario común: casi todo el que llegaba inmediatamente SE UNIFORMABA DE PIES A CABEZA CON EL TRICOLOR PATRIO Y SE MONTABA UN CAVA DE ANIME EN EL LOMO. Es aquí donde se marca el comienzo de eso que ahora llaman "xenofobia". Resulta que eso que muchos llamaban "patriotismo" o "llevar a mi país donde vaya" o los más radicales de "yo me visto como me da la gana" generó un efecto de sensación de "invasión" que por supuesto iba a ser potenciado por medios de comunicación. Innumerables grupos de Facebook en donde más son las cosas malas que se resaltan que las buenas. Todo ello ha causado que esa solidaridad inicial se haya ido moldeando a una actitud de reserva y en muchos casos recelo por parte de la ciudadanía peruana.

¿Pero por qué pasó éso y qué podemos hacer? La respuesta es sencilla: el venezolano NO SABE SER EMIGRANTE, y aunado a ello asume de una manera errada que todos los países de la región nos deben un favor, y es donde empiezan las falacias de que: Hace años cuando vinieron a Venezuela nosotros les tendimos la mano (los que más repiten eso son jóvenes que no llegan a 25 años). Asimismo se asume que somos los "más adelantados" de Suramerica, entonces aspiran que los mismos méritos, títulos, reconocimientos que tenían en mi país sean "automaticamente" reconocidos acá sin ni siquiera pasar el filtro de la "experiencia".

Más allá de ello, lo que realmente ha potenciado la reacción (toda acción genera reacción) en algunos ciudadanos peruanos es LA FALTA DE HUMILDAD y, en oportunidades, arrogancia con la que actúan algunos venezolanos, generalmente los menores a 30 años. Esa generación que lamentablemente creció en Venezuela bajo un ambiente de violencia y de antivalores, y que por desgracia traslada esas malas prácticas al lugar donde vaya. Esos que hablan "malandreao", esos que dicen que "no se van a dejar joder por nadie", esos que pregonan "que no les van a trabajar a nadie" y que repiten hasta la saciedad que "ellos son los que frao". No tengo duda que son minoría pero su accionar afecta a la mayoría. Sí, a esa mayoría que día a día ya ASIMILÓ que aquí se trabaja 10 horas, que asumió que hay que pasar 2 horas en el tráfico para llegar a la "chamba", pero que se dio cuenta que acá trabajando y siendo humilde se puede lograr todo lo que nos quitaron en nuestro país. Que sus hijos pueden correr y manejar bicicleta en un parque sin que lo alcance una bala perdida. Que con su sueldo aunque ajustado pueden comprar comida y hasta darse "el lujo" de una salida de distracción al mes. Que si hacen las cosas bien y se insertan en la sociedad peruana, con su música, con su comida, con su "jerga" pueden conseguir en cualquier momento la oportunidad deseada.

El que emigra a EEUU aprende a hablar inglés, el que emigra a Francia, aprende Francés; entonces... oe el que emigra a Perú tiene que aprender a hablar peruano pe...Inclusive véanlo como una experiencia universal que dentro de 20 años puedan contarle a sus nietos, que quizás algunos serán peruano-venezolanos.

EVOLUCIONEN, emprendan, júntense 3 o 4 y formen su compañía. Formalícense, paguen impuestos, revaliden sus títulos, simplemente intégrense a esta hermosa sociedad como uno más y deje en alto el nombre de su país de origen sin necesidad de UNIFORME; el único documento que nos identifica a los venezolanos es la cédula de identidad y generalmente siempre esta guardada en la billetera, o sea no se anda mostrando en todos lados.

Devuélvanle al Perú lo que Perú les ha dado: un techo, un plato de comida, un trabajo,la oportunidad de una NUEVA VIDA.

Para mí NO ES XENOFOBIA; simplemente es la TERCERA LEY DE NEWTON...

Lima, 09/02/2018.

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