BlogFacebookTwitter YouTube PodcastGoogle+


Emigrar: la lucha contra ti mismo
Tres consejos que le harán más liviano el proceso de dejarlo todo y comenzar de nuevo.

Por Manuel Leonardo Martínez

A lo largo de décadas, mucho se ha desarrollado sobre el tema de la emigración; en efecto, se han presentado miles de procesos migratorios derivados de las crisis sociales, políticas y económicas que viven las naciones, y en éste contexto, cada ola migratoria y en especial cada comunidad emigrante e inmigrante (una vez establecida), tiene características propias que la identifican.

Esta vez voy a referirme a la emigración venezolana y las características propias que la identifican, siendo que se trata de un concepto nuevo, ya que, por primera vez en nuestra historia estamos viviendo una diáspora que nos disemina por todo el mundo de una manera vertiginosa y hasta desordenada.

Así las cosas, la diáspora venezolana comenzó aproximadamente hace cinco años, en cuyos inicios las personas que emigraron eran aquellas que tenían algún capital económico y a su vez algún familiar o conocido que le podía brindar la oportunidad de recibirlo en el país de destino, haciéndole menos traumático el proceso. Estos primeros migrantes venezolanos, generalmente tenían como destinos países con economías sustentables: EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia, Panamá, España, Italia, y asimismo, eran generalmente personas entre 30 y 50 años con preparación profesional, especializaciones y vasta experiencia en sus áreas.

En este punto, muchos de los que aún se mantenían en Venezuela, veían a éstos primeros migrantes como una especie de aventureros que dejaban su país aún cuando en Venezuela había oportunidades de desarrollo; nada más equivocado a la realidad que pronto nos agobiaría.

Es entonces cuando a mediados del año 2016, se incrementa la crisis en Venezuela y ya la emigración comienza a verse como un tema cotidiano, en donde comienza a surgir un nuevo lenguaje en la sociedad venezolana, con palabras antes no conocidas, como pasaporte, legalización, apostilla, antecedentes penales internacionales, vacuna de fiebre amarilla, etc.

Comienza así, la segunda oleada de emigrantes, quienes no tenían tan buen perfil económico como los primeros, pero que sin embargo hicieron sus esfuerzos vendiendo sus bienes muebles e inmuebles para salir del país, pero ésta vez no a destinos privilegiados sino a países de Suramérica, tales como Colombia, Ecuador, Chile, Argentina y Perú.

De allí en adelante, la oleada ha sido sostenida y contínua, y se ha incrementado exponencialmente dependiendo de las bondades migratorias del país receptor, aunado al hecho cierto e innegable, que en virtud al agravamiento de la crisis en el país, ya prácticamente emigra todo aquel que tenga más necesidad y voluntad que racionalidad.

A éstos últimos emigrantes es a quien quiero dirigir el presente mensaje, y lo hago porque sé por experiencia propia, lo que significa el sacrificio de dejar todo para empezar de cero en otras tierras. Para ello, me voy a permitir dar un trío de consejos que quizás puedan servir para hacer más llevadero y menos traumático el proceso de ser emigrante-inmigrante. Los mismos, aunque no les gusten a algunos, le ayudarán a superar esa difícil cuesta que representa ser inmigrante, y son los siguientes:

1.- No emigre con ganas de regresar:
Quizás es el consejo más fuerte de digerir, pero es el que todos deben tener en cuenta para poder sobrellevar el proceso de ser inmigrante.

Aquéllos que creen que migrar es una moda, una aventura, un “vamos a ver como me va”, un plan vacacional, aquéllos que dicen “yo me voy, hago plata y me devuelvo”, generalmente son aquellos que en menos de uno o dos meses tienen una carga gigantesca de frustración, al darse cuenta que nada es como se lo contaron y que efectivamente no estaban preparados para ser inmigrantes.


Si usted emigra es porque va a hacer una nueva vida en el país receptor y hacer vida significa permanecer en ese país por lo menos 5 años, establecerse laboralmente, regularizar su estatus migratorio, estudiar o culminar sus estudios, pagar impuestos, en fin, hacer más o menos la rutina de vida que tenía en su país .

Sáquese de la cabeza que cada 3 meses va ir a Venezuela o que si le va mal se devuelve y punto. Créalo, es más difícil devolverse que salir, y aún más, cuando usted vea las noticias diarias de que Venezuela está peor que como usted la dejó, entrará en el debate de devolverse o quedarse y generalmente decidirá por lo segundo.

2.- No asuma un falso nacionalismo:
Lo mejor del mundo es ser venezolano, eso lo decimos nosotros, lo mismo dicen los peruanos de su gentilicio, los ecuatorianos, los colombianos, los chilenos, y así cada nacional de cada país asume que su gentilicio es el mejor del mundo.

Sin embargo, ser venezolano es lo mejor del mundo en Venezuela. En otro país, lo mejor del mundo es ser del gentilicio de ese país; por eso usted como venezolano, no puede andar vociferando en el país que lo reciba que Venezuela es mejor que ese país. Si así fuera, usted no estuviera en ese país. No trate de imponer su idiosincrasia en el país receptor; puede compartir sus costumbres como no, pero siempre bajo una visión de intercambio; es decir usted aprenda de la idiosincrasia del país receptor y al mismo tiempo comparta su idiosincrasia.

Aprendan de ese país, disfruten su comida, (dejen de andar pensando en diablitos, nestea, chess wezz y cocosete), bailen su música, hablen su jerga, conozcan su historia, conozcan sus monumentos naturales e históricos, apréndase el himno nacional, escuchen programas de radio todos los días, recuerden que es la nueva casa donde usted está haciendo vida. Lo anterior, les aseguro les hará la inmigración más llevadera.


3.- Tenga metas, propósitos y objetivos claros:
Este último consejo va ligado al primero y es que si usted realmente quiere hacer de su estado de inmigrante algo no traumático, debe tener bien claro hacia dónde va; por ello es necesario que tenga un enfoque; es decir, si usted es carpintero, herrero, albañil, médico, abogado, maestro, ingeniero, cocinero, etc, tenga bien determinado que aunque de principio no logre trabajar en su profesión u oficio, no puede perder la senda de buscar conseguir ese objetivo, porque una vez que lo logre, le digo con propiedad que usted sentirá un sentimiento doble, por una parte alivio y por otra satisfacción.

No hay nada más difícil que trabajar en algo para lo que uno no se preparó, pero no hay mal que dure cien años. Tengan en cuenta que en cualquier momento puede presentarse la oportunidad de su vida, y aun no presentándose hay que procurarla.

Demuestre con humildad pero con firmeza, sus conocimientos y aptitudes; quizás de principio no obtenga los resultados económicos esperados, pero con constancia, les aseguro que en corto tiempo lo económico no será un problema.

Póngase a pensar, si en Venezuela, en su país, en sus costumbres, en su patio, usted duró 5, 10, 15 años para tener su casa, su carro, su acción en el club, su TV de 53”, por qué quiere lograr lo mismo como inmigrante empezando de cero en 3, 6 o 9 meses. Usted nace de nuevo en ese país, usted es un recién nacido que debe aprender a gatear, a caminar para luego correr.

Finalmente, les aseguro que quien se haya dado la tarea de leer esto completo, tendrá otra visión de la vida tan difícil que es la de inmigrante, y todo ello, por la sencilla razón de que, quien escribe estas líneas hoy cumple 1 año y 10 meses fuera de Venezuela.

Aprendamos de ésta circunstancia, convirtámonos en un referente mundial de superación; seamos grandes, seamos los mejores inmigrantes de la historia, llevemos el nombre de Venezuela en alto. Simplemente por que emigrar es una lucha contra ti mismo.

Lima, 06/08/2018.

Conversa con el autor | Regresar a Venezuela Libre



© 2007-2018 Asociación Civil Factor Tierra. All Rights Reserved. Distributed Worldwide by Aral Hosting.
e-mail:factortierra@gmail.com
 Document made with KompoZer