Los mangos de la MacarenaEl principal símbolo del caso Tambogrande vive su propio conflicto |
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| Wilfredo Ardito Vega | ||
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Abogado, Especialista en Derechos Humanos |
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“¡Felicitaciones por haber construido algo así!” “¡Es impresionante!” “¡Espectacular!” En el libro de visitas del reservorio de San Lorenzo, toda la última página aparece llena de estas expresiones de admiración por parte de un grupo de universitarios ecuatorianos, quienes se encontraban en Piura para un intercambio estudiantil.
Yo también me había quedado boquiabierto al ver la extensión del lago artificial, pero especialmente cuando nos llevaron a conocer la sala de válvulas y luego bajamos hasta las gigantescas tuberías que se encuentran debajo del reservorio y permiten irrigar Tambogrande, Las Lomas y los demás distritos del valle de San Lorenzo.
Me había alojado en el pequeño caserío de Cruceta, ubicado en el antiguo campamento donde vivieron los obreros e ingenieros que hace varias décadas canalizaron aguas subterráneas para construir el reservorio y así transformaron parte del desierto de Piura en uno de los valles más prósperos del Perú.
Cuando uno recorre las fecundas plantaciones de mango, limón y otros cultivos comprende la férrea defensa de los habitantes del valle ante las pretensiones de la empresa canadiense Manhattan, que a comienzos de este agitado siglo quiso establecer una gigantesca mina de tajo abierto arrasando los fundos y la ciudad de Tambogrande.
Resulta difícil de creer algo tan absurdo: Manhattan amenazaba con eliminar los ingresos de miles de agricultores. Durante décadas se había logrado consolidar al valle como una zona de gran productividad, transformando de manera sostenible el medio ambiente y aprovechando las condiciones climáticas.
La lucha del pueblo de Tambogrande para defender su ecosistema y su forma de vida tuvo varios elementos que la hicieron exitosa: el recurso predominante a medios pacíficos, la alianza con organizaciones ecologistas del Perú y el extranjero, el lograr empatía con muchos peruanos que jamás habían conocido el valle pero que estaban indignados ante la prepotencia de Manhattan y también el lograr un símbolo fácil de comprender y asimilar: los limones de Tambogrande.
Lamentablemente, por un involuntario espíritu de cuerpo, otras empresas mineras respaldaron a Manhattan durante varios años y lo hizo también el Ministerio de Energía y Minas en tiempos del Presidente Toledo, generándose un innecesario conflicto social. Actualmente, estamos convencidos que habría sido más conveniente que la Defensoría del Pueblo, el Ministerio Público y las autoridades policiales hubieran intervenido de manera más directa, para hacer valer los derechos de los tambograndinos, frente a las amenazas de muerte que sufrían muchos de ellos y los permanentes agravios desde el diario Correo. El asesinato de Godofredo García demostró que las amenazas no eran solo palabras, pero consolidó la decisión de actuar de manera pacífica.
La consulta vecinal del 2 de junio del 2002 fue un momento crucial: miles de tambograndinos expresaron su decisión de que no se realizara la actividad minera. En este caso, también, hubo una lamentable ausencia: ONPE se abstuvo de participar en la supervisión de la consulta, pese a que lo solicitó la Municipalidad de Tambogrande. Pese a ello, numerosos observadores nacionales y extranjeros dieron fe de que la consulta se había realizado en condiciones de total libertad para los participantes. El gobierno de Toledo pudo haber tenido la oportunidad para mostrar al mundo su respaldo por la democracia, pero quedó mas bien como interesado en apoyar la explotación minera por encima de la voluntad de la población. De esta forma, se mostraba la política que Alan García años después llamaría “el perro del hortelano”.
Sin embargo, al mismo tiempo, la experiencia de Tambogrande marcaría el camino a seguir para otros lugares, como Ayabaca y Huancabamba, frente al proyecto Majaz y también en Arequipa frente al proyecto Tía María.
Afortunadamente, en el 2003, aislada y sin financiamiento, Manhattan tuvo que retirarse del país y en la actualidad los afamados limones de Tambogrande siguen siendo enviados a todo el Perú, mientras los mangos adquieren cada vez más renombre en el mercado internacional.
Durante mi visita a Tambogrande, entre varios fundos, conocí La Macarena , donde, mediante el riego por goteo, se cultivan mangos de tres variedades distintas. En esta época del año, los frutos son muy pequeños, apenas del tamaño de una uva.
-El clima de Piura es ideal para el mango, porque tiene un período de invierno que permite desarrollar la fruta-, me explicó un ingeniero, que me explicaba el crecimiento de las exportaciones.
-Supongo que los pequeños agricultores producen para el mercado nacional – comenté.
-¡No! –exclamaron al unísono mis interlocutores.
-¡Hasta el que tiene la chacra más pequeña ya cultiva para la exportación! –me indicó Santos, un trabajador de la Parroquia de Cruceta.
Todos han aprendido a lograr el tamaño, la forma, el color y la consistencia que esperan los compradores extranjeros.
La recolección del mango es también una labor muy delicada, después de la cual, el control de calidad es también preocupación de las numerosas fábricas de Tambogrande donde se embalan los mangos para su exportación.
Todo lo que se ve en el valle de San Lorenzo devuelve la confianza que en el Perú es posible una adecuada planificación y así promover el desarrollo sostenible, cuyos beneficios se extiendan a toda la población. “He regresado a Cruceta después de unos años”, dice una monja hondureña, “y ahora hay agua, luz y hasta camión de basura”. A nuestro entender, las metas actuales son enfrentar los abusos de los intermediarios y lograr que los trabajadores obtengan ingresos dignos.
Ahora bien, pese a todo lo que Tambogrande luchó, parece increíble que los mangos, las fábricas, el gran reservorio y la fuente de trabajo para millares de personas sigan en peligro de desaparecer por una combinación de improvisación e intereses políticos mezquinos. Desde hace cuatro años, se han establecido mineros artesanales en la parte alta de la cuenca y sus procesos de cianuración podrían afectar las aguas del reservorio y la calidad de la cosecha.
En Lima, donde algunos todavía creen que Tambogrande es un pueblito sin veredas ni semáforos, algunos analistas desinformados sostienen que dentro del valle, los propios habitantes se están dedicando a la minería artesanal en su tiempo libre, cuando ellos saben muy bien que basta que llegue un solo mango contaminado a Europa o Estados Unidos para que nunca más puedan exportar.
Cuando en el 2007, el Presidente Regional César Trelles dispuso la formalización de los mineros artesanales en una reciente ordenanza, 20,000 tambograndinos realizaron una marcha de protesta en las calles de Piura, llevando a Trelles a señalar que la ordenanza quedaría sin efecto (pero no derogada).
Al parecer, existiría el interés de varias empresas mineras para, después de la formalización, adquirir las tierras que ocupan los mineros artesanales y paulatinamente llegar hasta el propio valle de San Lorenzo, logrando la explotación que Manhattan no pudo llevar a cabo. Los agricultores y los alcaldes del valle están exigiendo la derogación de la ordenanza, la total prohibición de la minería artesanal y la intangibilidad del valle. Esperan que el discurso de defensa de la inversión privada y la seguridad jurídica, que tanto enarbola este gobierno, funcione también para los tambograndinos.
Ajenos a lo que se viene debatiendo, cada año los mangos de La Macarena y de todo el valle de San Lorenzo vienen creciendo y tomando forma hasta que llega la cosecha. Esperemos que este ciclo pueda continuar por muchos años, sin que lo interrumpan la ambición o la irresponsabilidad.
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| Copyright 2007,2010 por Wilfredo Ardito Vega. Al momento del caso, el vivia en Lima |