Volcanes inactivos

La pasión personal de un periodista y la odisea que significo seguir una historia que cambio al mundo.


 

Nelson Peñaherrera Castillo

 

 

 

 
 

FACTORTIERRA


 

 

Los documentales que siempre me han gustado son los referidos a volcanes, aunque mi madre siempre dice que si tuviera la oportunidad de estar frente a uno, sería la primera en correr.

El caso es que en lo que va de mi vida lo mas cerca que estuve de un volcán notable fue unos 50 kms. Mientras regresaba de Moquegua a Lima, y no vine nada porque era de noche y tenía que regresar de manera urgente a la Capital. Si hubiera ignorado el llamado que había recibido, probablemente diría que conocí el Misti.

El caso es que los últimos 10 años de mi vida han estado muy ligados al efecto volcánico. Las entrañas de Tambogrande son en realidad el producto de roca fundida y candente que emergió a la superficie y que produjo dos efectos: la fertilidad del suelo de San Lorenzo y el yacimiento polimetálico que hay en toda esa zona.

Mi primer contacto con el tema fue en 1999 cuando trabajaba como editor Nacional e Internacional del diario Visión del Norte en la ciudad de Piura.

Era el único periodista de la redacción que tenía tres computadoras trabajando todo el día. En una recibía los cables de EFE, en otra estaban las fotos de Reuters, y en la que tenía asignada había acceso a una lenta Internet.

Un día, Reuters distribuyó una foto de la erupción del Volcán Colina, al oeste de México. Era una hermosa imagen del cono con gran penacho de ceniza amarillenta debido a la luz del amanecer. Convencí a Pilar Chumacero, mi Jefa de Redacción, para poner la foto en el diario, pero el Director, don Eduardo Canevaro creyó que la foto se justificaba dándole un toque regional.

Paradojas de la vida. Esa misma mañana estaba entrevistando a un profesor de Geología de la Facultad de Ingeniería de Minas de la Universidad Nacional de Piura, quien me contaba que la mitad de la Costa de Piura estuvo en el pasado sometida a intenso volcanismo, y la mejor evidencia de ello era el Cerro Vicús, situado al Sur de la ciudad de Chulucanas.

Al día siguiente se publicó en primera, la foto del Colina con un titular que decía “El Vicús es un volcán”. Me incomodé un poco y se lo comenté a Pilar; ella a su vez se lo dijo a don Eduardo, pero él a su vez me dijo que eso era lo que yo había escrito en mi artículo, y además era un buen gancho para vender el periódico.

Técnicamente era cierto, aunque en 300 millones de años, toda la zona de Vicús no ha tenido actividad volcánica, aunque las evidencias en el relieve todavía persisten.

Una semana después, nos llegó una invitación a una conferencia de prensa en el Hotel Río Verde, uno de os mas lujosos de Piura, para la presentación de un proyecto minero en Tambogrande. Era mayo de 1999.

Esa mañana en la redacción discutimos sobre el tema. Yo expresé que era muy peligroso tener un proyecto minero en Tambogrande porque los efectos se sentirían de manera inmediata en el Río Piura. Nancy Estrada, que era la editora de Economía del periódico, decía que era una buena oportunidad para que Piura crezca y se desarrolle.

Debido a la controversia, Pilar Chumacero nos pidió presentar la nota desde ambas ópticas. Inmediatamente organicé mis propias asignaciones, comenzando por preguntarle a la editora de Deportes, Exilda Nieves, qué recordaba de su asignación a la mina Turmalina en Canchaque, Huancabamba.

En 1995 yo practicaba en Correo, y ella y un fotógrafo fueron enviados a cubrir unos estudios en la zona, al regresar publicaron varios reportajes donde demostraban que Turmalina estaba contaminando y causando estragos en la zona, lo que motivó su clausura por el Gobierno Regional.

Exilda me conectó con Miguel Ciccia, quien entonces estaba en el Congreso de la República, además era dueño de su propia empresa de transportes. Afortunadamente lo encontré en su oficina en Castilla, y accedió a darme una entrevista donde básicamente decía que, basado en la experiencia de Turmalina, Tambogrande iba a ser un desastre ecológico. Claro que después no dijo nada en el Congreso.

Luego me fui al Hotel Río Verde donde me encontré con Nancy y con la entonces editora de Economía de El Tiempo y hoy congresista de la república Marisol Espinoza. Luego de la conferencia de prensa, abordé a uno de los ejecutivos y le pregunté en inglés si garantizaba que el proyecto no generaría contaminación en Tambogrande; solo me dijo que se asegurarían que los estándares de trabajo sean los mas altos.

Mas tarde Nancy me prestó los materiales que les habían entregado, y en los que figuraban varios mapas y gráficos en inglés donde constantemente se leía la palabra Lancones, y en uno de los mapas lo ubicaban justo al Sur de la ciudad de Tambogrande. Se lo comenté a mis colegas y les dije que eso no me gustaba ya que por lo menos quienes estábamos ahí, sabíamos que el Lancones real queda al Norte de Sullana.

Manhattan bautizó así a su yacimiento no por el nombre del lugar sino por el batolito que comenzaba en el cerro Vicús y terminaba en los cerros de Amotape, que los geólogos llaman Lancones-Ereo.

Los batolitos son grandes masas de roca ígnea que estuvieron expuestos alguna vez debido a intensa actividad volcánica, pero que eventualmente se fueron uniendo en el suelo, y dejando en la superficie, los lugares de mayor extrusión, como el Vicús o el propio cerro Ereo. Este batolito cruza Piura en diagonal de Sur este a Nor  Oeste, y ahí están los mayores yacimientos polimetálicos de la Costa de la Región, pero además se asientan las área más productivas del Piura, el Chira, y principalmente el San Lorenzo.

La nota se publicó con las dos ópticas al día siguiente, pero quince días después el diario cerró por problemas de financiamiento.

Los primeros días de setiembre de ese año, Pilar me volvió a llamar pero que me encargara de un trabajo que conocía perfectamente: producir un programa de radio. Al día siguiente estaba en camino hacia Tambogrande y luego hacia Malingas, donde se debía desarrollar el proyecto.

Al llegar a Tambogrande, una de las cosas que me llamó la atención fue el cerro Santa Cruz, que aparentemente estaba ahí como si alguien le hubiera dejado olvidado. El Cristo de la Cumbre todavía no existía.

A la semana siguiente ya estaba trabajando para Fé y Alegría 48, produciéndoles u n programa de radio que me exigía recorrer muchos caseríos al Este del distrito de Tambogrande, pero que también me permitía conocer cierta inquietud en la gente, que comentaba que se iba a abrir una mina, y que esta les daría trabajo.

Con algunos les comenté lo que había investigado cuando trabajaba en Visión del Norte, pero ni siquiera yo tenía argumentos sólidos como para seguir sustentando mi posición.

La Hna. Juana Rivera vive en Tambogrande, y en esa época estaba a cargo de un programa de talla y peso para estudiantes de primaria, a pedido de Fé y Alegría 48. Durante sus descansos aprovechaba para conversar con nosotros, y comentarnos el mismo tema, pero con una óptica distinta.

Esta la fue la primera persona que me contó que la minera había llegado a la ciudad y estaba ofreciendo dinero a la gente a cambio de firmar en unos padrones, que supuestamente servían para entregarles ayuda. A ella le parecía raro, porque nadie daba dinero por empadronarse.

A mediados de octubre, Juana llegó con la novedad que la gente del Cerro Santa Cruz, se había enfrentado a trabajadores de la minera, y les había quemado equipos. Aprovechando mi regreso a Sullana, me quise convencer yo mismo de la historia.

Llegué a Tambogrande, subí el cerro, dejé mis cosas en el Convento donde vive Juana, y con mucho sigilo llegué hasta la cumbre del cerro. La Hna. Magdalena me había advertido que los moradores estaban rondando la zona y mostrándose agresivos con los extraños; aún así pude ver una cisterna de camión totalmente incinerada, y a su costado algunas partes de su carrocería ennegrecidas por el fuego. Comprendí ahí que se había declarado una guerra.

Los meses siguientes fue buscar continuamente información, junto a las Hnas. Juana y Magdalena, quien había comenzado a organizar lo que serían el único archivo histórico pormenorizado de todo el caso. Sospechábamos que se estaba engañando a la gente, y que toda la información no se estaba proporcionando de manera adecuada, por lo que participábamos en cuanto foro relativo al tema se estuviera organizando.

Por lo menos, en lo que a mí respecta eso fue el primer núcleo de trabajo que integré, al que luego se unió Mery Timaná, Fernando Carrasco, Paola Avila y toda la gente de la JARC Tambogrande.

En enero de 2000, produje para Fé y Alegría un programa donde debía resumir en quince minutos, los 300 millones de años que tenía toda esa tierra. Se había probado incorporar una línea temática sobre medio ambiente, pero debía estar fundamentada científicamente.

Reuní mucha información, entre ella, la del cerro Santa Cruz, que resultó ser un domo volcánico que al emerger y solidificarse, desvió el primitivo Río Piura, que hace millones de años era afluente del Río Chira.

Meses después, volvieron a hacer en mis manos documentos de Manhattan, esta vez con los estudios de prospección de suelo de la ciudad de Tambogrande, similares a los que Nancy Estrada me había prestado un año antes. La sorpresa fue que todo el yacimiento estaba diseminado a partir del cerro Santa cruz, y hasta la orilla del Río Piura; en consecuencia, si quería explotarlo, debían remover la ciudad de Tambogrande.

Esta fue la primera gran verdad que la minera resistió a reconocer. Cuando la confrontamos con sus propios reportes en Internet, Manhattan también tuvo que aceptar que no solo habían encontrado cobre y zinc, sino principalmente oro y plata.

La minera supo de inmediato que había un grupo dentro de la comunidad manejando información al mismo nivel que ellos, incluso con una base científica mas amplia, porque la Hna. Magdalena se había dedicado a buscar varias opiniones con sus contactos en el extranjero. Toda esa información se reunía y se compartía con la población; de hecho, esta mujer fue una de las precursoras de la oposición de la gente al caso.

En junio de ese año, Pilar y yo convencimos a nuestra Superiora, la Hna. Yvonne Nosal para comenzar a tratar el tema con mayor amplitud, y me autorizaron a producir un programa con la condición que capte la mayor cantidad posible de posturas.

Las tres horas de entrevistas, que incluso transcribí me permitieron darme cuenta que la Iglesia Católica local estaba escéptica frente a la mina, que la población estaba dividida entre el miedo y la fascinación y que el gobierno municipal de ese entonces la veía como una fuente de rentas. Una reducida comunidad científica insistía en las condiciones no eran las adecuadas para desarrollar el proyecto porque impactaría al suelo, aire y al agua.

Así conocí a Fidel Torres, una de las primeras personas que elaboró la primera sistematización científica que desestimaba la explotación minera.

Tuve que descartar mucho material para los quince minutos del programa de radio, pero lo no editado era demasiado valioso como para la dejarlo en las sombras, y buscaba publicarle de alguna manera. Ese mismo año aprendí a manipular códigos HTML, y luego aprendí por mi cuenta un editor de páginas web de Microsoft. Esas fueron las bases del lanzamiento de Factortierra el 1 de octubre, y el resto es historia.

Cinco años después estaba en Lima cuando una nota llegó a mi computadora, y la miré con mucha incredulidad, por lo que se las pasé a varios colegas, y finalmente me convencí de lo que parecía imposible. Manhattan había anunciado que se iba del Perú y juraba no regresar nunca más.

El pueblo de Tambogrande había ganado, tras varios sucesos de una historia a la que también asistí. Fui testigo de la rabia y el descontrol de la gente el 28 de febrero de 2001 sobre el campamento de la minera, del dolor por el asesinato de Godofredo García Baca cuando le rindieron homenaje al cumplirse un mes del hecho, o de la consulta vecinal del 2 de junio de 2002, cuando Tambogrande se convirtió en centro de atención mundial, y cuando escuché la confesión de un periodista de Reuters quien reconocía haber sido engañado por el aparato de comunicación de Manhattan. La historia que escribió ese pueblo era otra distinta a la que se sigue contando en Lima.

Diez años después, Tambogrande sigue enfrentando amenazas mineras. Al Norte, tienen varios socavones muy escondidos donde se practica minería artesanal con el auspicio del vecino distrito de Las Lomas, y al Sur Buenaventura está al acecho para tomar posesión de los antiguos petitorios que pertenecían a Manhattan.

En el centro, los antiguos líderes que defendieron a su comunidad se han involucrado en una lucha fratricida por el poder político y no están previniendo cómo enfrentar esta amenaza todavía existente; por su parte, el gobierno municipal actual enfrenta serios cuestionamientos por corrupción sistemática, que son la delicia de los promotores de la inversión minera que siguen escribiendo sus comentarios en el diario Correo.

La ciencia dice que los volcanes se pueden clasificar en activos, inactivos y extintos. Tambogrande está inactivo, pero acumulando mucha energía y frustración, que puede estallar algún día, pero para destruirlos a ellos mismos, y no para canalizarla contra sus amenazas reales.

En vez de tener un programa de fomento agrícola que elimine los intermediarios, convierta a los productores en empresarios, promueva la asociatividad, y fortalezca a conexión a mercados justos que demandan productos orgánicos, los líderes locales están trabajando cada uno por su lado y consiguiendo nada. Afortunadamente aún se está a tiempo para que si el volcán estalla, la violencia y la fuerza de la erupción se aproveche positivamente para construir y no para destruir.

 

 

Copyright   Asociación Civil FACTORTIERRA. Durante el saco , Nelson vivió en Malingas, Lima y Sullana