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Las Segundas Partes nunca son buenas

 

Casi tres años y medio después, Factortierra busca a Josefa Adrianzén para conocer la evolución de su caso de abuso y maltrato por defender el medio ambiente. En medio de la innegable belleza de Huancabamba, las cosas parecen no haber cambiado mucho.

 

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El autor de esta nota (izquierda) copiando la declaración de Josefa Adriánzen, quien dice no tener miedo pero tampoco una estrategia de defensa legal.

 

Se busca soporte legal.

Pero además de este especial carácter de Josefa, también pude notar que ella ha venido actuando de manera quizá poco prudente respecto a su propia seguridad y la de su familia, ya que se expone mucho a este tipo de incidentes en el desarrollo de  sus labores como defensora. Ella revela en la entrevista que no tiene miedo alguno y que no hace caso de la amenazas contra su persona porque se siente segura y con la conciencia limpia. Esta manera de pensar (muy legítima y honesta) es, no obstante, algo ingenua y poco prudente, pero es entendible puesto que la posición de Josefa es producto, me parece, de un desconocimiento de la real magnitud de los problemas y amenazas que puede padecer. Esto sumado a un desconocimiento, también, de mecanismos de defensa y autoprotección (así como de mecanismos legales de protección) nos revela a Liliana y a mí un gran problema en  relación al trabajo que realizan estas mujeres: La ignorancia en cuanto al tema legal.

 

Josefa no sólo no denunció a tiempo el incidente del que fue victima (ya que no sabía cómo ni donde exactamente hacerlo) sino que además no ha denunciado otros incidentes que también ha tenido que soportar. Incluso ella no guardó casi ningún documento que se le entregó producto de las denuncias (la que ella interpuso y otra que le fue interpuesta a ella por parte de un sujeto implicado en el lamentable incidente); así mismo no sabe o desconoce el número de su expediente legal (algo fundamental para poder conocer el estado de un juicio en nuestro país y sin el cual se hace muy largo y casi imposible poder hacerle el seguimiento) Josefa tampoco tiene una clara memoria acerca de la cronología de los hechos ni ha llevado registro de ellos en fechas exactas. Además de ello Josefa nos manifiesta que, como ella, la mayoría de mujeres de la zona desconoce mecanismos legales de defensa y se ve desconcertada cuando le pedimos que nos brindara copia de los documentos de las denuncias y exámenes legales que le practicaron luego del incidente, manifiesta no tenerlos “a la mano” pero promete buscarlos y enviárnoslos (Cosa que si hizo unas dos semanas después, pero que lamentablemente no aportan casi nada nuevo o útil al caso, parece que Josefa simplemente no tiene los documentos más importantes o los ha perdido).

 

La amenaza contra las mujeres

Sin embargo, toda esta falta de previsión por parte de Josefa (que puede parecer irresponsable) no sólo es justificable sino que además es razonable y entendible porque Josefa (como muchas mujeres de las comunidades andinas, la mayoría de ellas también analfabetas), adolece de una ignorancia común en nuestro país y es victima de ese sentimiento de desamparo y exclusión que margina a nuestros hermanos de la sierra quienes simplemente no se consideran parte del sistema, porque para ellos no es efectivo, aquí el Estado, las leyes y los derechos humanos son casi unos desconocidos.

 

Por esto se hace casi urgente la necesidad de informar a estas mujeres sobre sus derechos legítimos y los mecanismos legales que las amparan, el rol que las autoridades deben cumplir con ellas y las garantías que les puede ofrecer la ley, así como las instituciones e instancias a las que pueden acudir cuando uno de sus derechos (cualesquiera que sean) es violentado o pisoteado. Brindar este tipo de información y ayuda a estas mujeres es urgente no sólo porque les ayudará a llevar a cabo sus labores de defensa con mayor seguridad sino porque además contribuiría a resarcir un daño profundo en la conciencia de esta gente: la sensación de impunidad cuando se violan sus derechos, porque lamentablemente se han acostumbrado a observar que la ley simplemente no funciona. Al punto de que prefieren dejar pasar las cosas.

 

 

Desconcierto

Terminada la entrevista y el encuentro con la defensora, alrededor de las 10 y 30 de la mañana, nos dirigimos al centro del pueblo con la intención de tomar el desayuno. Luego de ello nos dirigimos al hospedaje para organizar la información recolectada y reponer fuerzas porque en la tarde iríamos en busca de uno de los colaboradores de la organización para la que Josefa trabaja. En la tarde hicimos un recorrido por la ciudad y sus alrededores para monitorear la percepción de la gente respecto del proyecto minero y comprobamos que la mayoría esta en franco desacuerdo. Intentamos una vez más hacer contacto con la otra lideresa (la señora Cleofe Neira) pero no pudimos ubicarla pues seguía en Piura.

 

Decidimos entonces comprar los pasajes de vuelta a Piura y encontramos que sólo había para el día siguiente, así que nos dirigimos al hotel para organizar el equipaje y almorzar luego. Nos esperaba al día siguiente otro largo viaje, esta vez el camino era más llevadero a nivel geográfico pero no así a nivel emocional, la fascinación que provoca la quietud del paisaje y el silencio imponente de la montaña, que sentí en el primer viaje, ahora era acompañada por una sensación de preocupación y por el pensamiento de que hay mucho que hacer aún en esta lucha, pero también estaba la esperanza de que haya gente que aún quiera y pueda ayudar a esta causa que se me hacía solitaria en medio de las montañas de nuestra sierra impregnadas de nostalgia y melancolía.

 

Esta Historia se produjo en asociación con la Unión Latinoamericana de Mujeres

 

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Producida por: Juan Félix Céspedes Cortes.

Las fotos de esta historia se encuentran disponibles para que las envíes como postales electrónicas; entérate aquí.

 

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