Las Segundas Partes nunca son buenas
Casi tres años y medio después, Factortierra
busca a Josefa Adrianzén para conocer la evolución
de su caso de abuso y maltrato por defender el medio
ambiente. En medio de la innegable belleza de
Huancabamba, las cosas parecen no haber cambiado
mucho.
Lenin Nima Alzamora
Factortierra Piura
 |
| Casi una prueba de vida. De izquierda a
derecha: Josefa Adrianzen, nuestra
coordinadora Liliana Alzamora y una
dirigenta juvenil de Huancabamba, en una
actualización fotográfica tres años y medio
después de la entrevista exclusiva que
Factortierra hiciera ha Adrianzen a poco de
ser liberada, luego de que se le culpara de
promover el secuestro de una activista
minero. |
RAMÓN CASTILLA, Huancabamba--A las 6 y 30 de
la tarde del día jueves 4 de septiembre, abordamos
el bus que nos llevaría a nuestro destino; a través
de una empinada carretera (de trocha en algunos
segmentos) hacía la serrana ciudad de Huancabamba.
El objetivo de nuestro viaje era ir en busca de dos
mujeres lideresas que, habiéndose organizado para
hacer frente a intereses extranjeros, han sido
victimas de indignantes incidentes y atentados
contra su libertad y la propia vida (hechos que van
desde la cárcel y violencia hasta el secuestro y la
tortura). Nos esperaban ocho horas de intenso viaje
a través de un paisaje accidentado; la empresa nos
asegura que aproximadamente a las 3 de la mañana
estaríamos arribando a la ciudad.
Las ocho horas de viaje se hacen llevaderas con una
buena conversación, alrededor de las 8 de la noche
ya se puede observar, a través de la ventana, cómo
el paisaje va cambiando y se ve asomar, tímida aún,
la geografía característica de nuestra sierra; hacía
las nueve de la noche el paisaje de la costa nos ha
abandonado para dar paso al rotundo zigzaguear de la
carretera serrana, que se alza entre la montaña. Y
aún en la oscuridad de la sierra se puede observar,
hacia un lado de la carretera, un profundo abismo
que deja ver en sus entrañas pequeñas luces de los
caseríos dejados atrás, a pesar que la carretera
tiene mucho de peligrosa, el paisaje se puede
disfrutar con una mezcla de asombro y riesgo; el
clima también se va sintiendo más frío debido a la
altura.
Hacia las 11 de la noche el bus hizo una parada en
el pueblo de
Canchaque, que se caracteriza por sus paisajes
multicolores, y que esa noche se encontraba de
aniversario. El objetivo de la parada del bus era un
restaurante para poder cenar ahí; aprovechamos
también para dar una vuelta por la plazoleta que
esta al lado del restaurante y respirar un poco de
aire fresco. Desde aquí el viaje sería más
arriesgado pues nos esperaba el tramo más empinado
de la carretera.
Algún tiempo después unas cegadoras y potentes luces
aparecen como un destello en medio de la oscuridad,
y el resplandor que emiten despierta a muchos dentro
del bus; hemos llegado a una estrecha curva de alto
riesgo, que se debe atravesar con sumo cuidado,
debido a lo estrecha que se torna la vía y a las
enormes rocas (piedras de unos 10 a 15 metros) que
oscilan peligrosamente por encima de nuestras
cabezas; claro esta eso de un lado y hacia el otro
lado del camino el temido abismo que se confunde en
la oscuridad de la noche; es precisamente por esto
que se explica en este sector de la carretera la
presencia de potentes reflectores: para iluminar el
camino a los conductores, que a su vez son guiados
por policías de tránsito. Todas estas precauciones
se toman frente a cualquier accidente, que en estas
condiciones es muy factible, lo riesgoso de este
tramo de la vía se manifiesta en el angustioso
intervalo de tiempo que toma a los buses cruzarlo
(alrededor de 20 minutos) más aún si se produce
(como fue nuestro caso) un encuentro en la vía de un
bus que “baja” de Huancabamba frente al nuestro que
“subía”. Una vez pasado el susto podemos tener la
seguridad de que lo peor ha pasado.
Llegamos a Huancabamba alrededor de las 3 y 30 de la
madrugada y a esa hora teníamos que salir en
búsqueda de hospedaje, y como no había movilidad,
tuvimos que hacerlo a pie. Caminamos por las calles
hasta la plaza de armas y después de unos 40 minutos
de búsqueda por fin logramos encontrar un hospedaje
con habitaciones disponibles (debemos decir que la
capacidad hotelera no es de las mejores en la
ciudad)
 |
| Las mismas personas, esta vez
acompañadas, por Lenin Nima, autor de esta
historia, durante la investigación
desarrollada en Huancabamba en Septiembre
pasado. Muchas mujeres de Huancabamba no
cuentan con un servicio de acompañamiento,
asesoría y monitoreo de sus casos. |
Reencuentro con Josefa
Después de descansar (alrededor de una hora y media)
Liliana es la primera en levantarse y luego de tomar
una fría ducha (el hospedaje no tenía terma) nos
dispusimos, a las 6 y 30 de la mañana, para partir
hacia la casa de la señora
Josefa Adrianzén, al salir del hospedaje pudimos
contemplar el grandioso paisaje que nos ofrece la
ciudad rodeada de montañas. Liliana me adelantó que
sólo veríamos a la señora Josefa Adrianzen porque
(para mala suerte nuestra) la otra lideresa (Cleofe
Neira) se encontraba precisamente este día (viernes
5 de septiembre) en la ciudad de Piura realizando
algunos trámites. Al llegar a casa de Josefa, ella
estaba esperándonos sentada fuera, acompañada de una
pareja de jóvenes (compañeros de lucha) y una de sus
hijas. Nos presentamos, luego de algunos minutos de
conversación acerca del trabajo de la defensora y
acerca de los últimos acontecimientos sucedidos en
Huancabamba, procedimos con la entrevista.
La condición humilde de la lideresa se puede
percibir a simple vista, su casa esta, como la
mayoría de las viviendas de la comunidad, construida
con quincha y adobe. Josefa se muestra como una
mujer seria pero amigable, su semblante refleja
seguridad y también algo de cansancio, pero también
buena disposición para recibirnos. Comenzamos como
dije con la entrevista, mi objetivo aquí es
describir mi experiencia durante la entrevista, ya
que pude percibir algunas cosas que me parecen
relevantes.
Durante el desarrollo de la entrevista Josefa
responde con naturalidad y soltura a las preguntas
que se le plantean; ella deja ver en sus respuestas
dos cosas: Primero, muestra una entereza y fortaleza
de carácter muy grande, nos narra con asombrosa
dignidad los horribles acontecimientos que tuvo que
afrontar cuando fue secuestrada por una turba que la
condujo en forma violenta y humillante a la
comisaría para luego ser detenida, sin prueba
alguna, por más de tres meses (teniendo además que
soportar el penoso hecho de pasar las festividades
de año nuevo en una fría y estrecha celda carcelaria
lejos de su familia). Todo ello por ser una mujer
que participa del liderazgo en la lucha contra
intereses de una compañía minera que no ha mostrado
aún las garantías que sustenten un proyecto de
explotación confiable.
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