LOS IMPACTOS QUE NO
SE DICEN
Este 29 de octubre, Río
Blanco Cooper presentó un EIA semi completo. Es tiempo para reflexionar y
reaccionar
Nelson Peñaherrera
Castillo
Coordinador FACTORTIERRA,
Sullana
El último informe que
Monterrico Metals
dirigió a sus accionistas, hace casi un mes y medio, ya había dado el clarinazo
de alerta respecto al término del estudio del impacto ambiental.
En el caso peruano, los
estudios de impacto ambiental, llamados también EIA por sus siglas (curiosamente
en inglés se dice igual, por Enviromental Impact Assesment), no determina la
aprobación o desaprobación de cualquier tipo de proyecto; simplemente hablan del
daño potencial al medio ambiente y cuales son las estrategias de la entidad
operadora del proyecto para reducirlas.
En ese sentido, la
población solamente puede alcanzar sus observaciones al EIA, las que la empresa
deberá resolver, antes de que el gobierno le de luz verde. La única forma de
traerse abajo un EIA es demostrando sobre los mismos datos, que es totalmente
inexacto, impreciso, o falso en el peor de los casos.
Los EIA no son
exclusivos de las inversiones mineras; de hecho, son un requisito de cualquier
proyecto de inversión pública o privada que tenga un impacto directo en los
ecosistemas y las comunidades humanas.
En efecto, el asfaltado
de la cerretera que unirá Tambogrande con Chulucanas está representando todo un
quebradero de cabeza para los contratistas debido a este pequeño requisito, y
tras la mala experiencia de Manhattan, nadie quiere correr el riesgo de fallar
tan burdamente como lo hicieron los canadienses.
Como se recordará, el
EIA de Manhattan sobrevivía de milagro luego que un grupo de especialistas
liderados por el hidrogeólogo y geoquímico Robert Moran desbarató uno a uno los
argumentos que había presentado la empresa.
Moran dijo una frase que
quedo para la historia y que parece ser el común denominador de casi todos estos
documentos a nivel mundial, y parafraseamos: No es más que publicidad.
En aquel entonces,
FACTORTIERRA, también se unió al grupo de organizaciones que pusieron el EIA de
Manhattan bajo la lupa. Fue cuando la agrónoma Soline De Looz puso en aprietos a
todo el gabinete de técnicos y científicos de la minera apenas corrigiendo unas
cuantas fórmulas químicas que como curiosamente, eran la clave que podía
asegurar el éxito de todo el trabajo.
Para completar el
pastel, la cereza la puso el Instituto Nacional de Recursos Nacionales, que con
cerca de un ciento de observaciones dejó a los mineros patitiesos y sin aliento.
Como es bien sabido, el resto es historia.
Factor Agua
En el último programa de
"Agua, Tierra y Vida", que transmite radio Cutivalú, el flamante presentador
Enrique Mauricio calificaba a Monterrico Metals de egoísta al considerar que su
apreciación acerca de que la población de Piura no se debería preocupar por el
proyecto porque solo afectaba la cuenca del Chinchipe ya en la región Cajamarca.
Pero ahora que Río
Blanco Cooper, la filial peruana de Monterrico Metals, ha presentado su EIA,
bien podría comenzar por arrepentirse de haber lanzado este punto de vista.
Río Blanco ha puesto en
su EIA, semiterminado, que la zona de impacto directo corresponde al distrito de
El Carmen de la Frontera, en la provincia de Huancabamba.
El problema es que este
es uno de los distritos críticos en la generación de agua que va a todas las
cuencas de Piura y Cajamarca; ya que como lo han señalado diversos
especialistas, los ecosistemas no están determinados por límites políticos sino
por áreas de influencia, y por esa razón, los alcaldes de las provincias de
Ayabaca, Piura, y San Ignacio, Cajamarca han pedido ser incorporados también
como zonas de impacto.
No es que ambos alcaldes
estén a favor del proyecto minero, simplemente utilizan la lógica de Río Blanco.
El alcalde de Ayabaca dice que el campamento estará ubicado dentro del
territorio de la comunidad de Yanta, que es parte de su jurisdicción; como ya
hemos dicho en FACTORTIERRA anteriormente, por centímetros más o centímetros
menos, Río Blanco nunca pudo corregir ni aclarar esta controversia. Entonces por
el principio del respeto a los derechos de las comunidades campesinas he aquí un
primer punto a observar.
Por su parte el alcalde
de San Ignacio ha utilizado el argumento de que la minera solo impactará en las
quebradas Majaz y El Gallo, para decir que su producción de café orgánico y
maracuyá están en peligro. Simplemente, cojan un mapa y verán que ambas
quebradas dan origen al río Chinchipe que irriga la jurisdicción de San Ignacio,
y lo entenderán.
Hay que recordar que la
producción orgánica de café se exporta a mercados como Europa y Estados Unidos,
de forma directa bajo la política de comercio justo. Los productores de café
orgánico saben que si una inversión minera aparece en las cabeceras, su
certificación puede ser suspendida o cancelada, y eso se traducirá en pérdidas
de gran cuantía que la minera, en ningún momento ha explicado como asumirá.
Del otro lado de la
cordillera, los productores de café orgánico de Piura han dado la luz de alerta
en el mismo sentido, y a ellos se han unido los productores de banano orgánico,
basados en Salitral y Querecotillo, muy cerca de Sullana, debido a que el río
Chira, con el que riegan sus productos tiene una de sus nacientes muy cerca del
área de impacto del proyecto Río Blanco.
Río Revuelto
¿El EIA dirá algo acerca
de la conmoción social que ha provocado el proyecto?
Como es bien sabido, el
proyecto Río Blanco ha provocado la polarización de la población d Huancabamba,
lo que ha degenerado en choques violentos entre ambos mandos, con la policía y
las autoridades del Poder Judicial apoyando al binomio Gobierno-Empresa Minera.
Hay muchos procesos
judiciales donde ambientalistas y pro-mineros se culpan mutuamente de
agresiones, golpes y hasta muertes. Personas consultadas por FACTORTIERRA en
Huancabamba, señalan que antes de la llegada de Monterrico Metals, todo era paz,
aunque reconocen que tampoco había un proyecto de desarrollo sostenible y mucho
menos el tema se consideraba relevante.
También hay que agregar
que el gobierno ha desconocido la consulta vecinal que los distritos de Ayabaca,
Pacaipampa y el Carmen de La Frontera realizaron el 16 de septiembre de 2007,
donde 96% de los votantes dijeron estar en contra del modelo de desarrollo
minero.
Del lado de Ayabaca, así
como en el norte de Cajamarca, la sola mención de la empresa minera exacerba los
ánimos y ha generado varios exabruptos entre las comunidades (las marchas que
terminaron favoreciendo a la empresa minera en 2004 y 2005) y acusaciones
infundadas de una supuesta conspiración terrorista liderada por el sacerdote
Francisco Muguiro, lo que fue descartado porque simplemente no tenía ni pies ni
cabeza.
Desconocer esta
situación en la que nadie confía en nadie, y en donde la violencia en todas sus
formas, el racismo, y la falta de un proyecto sostenible es la constante no
precisamente califica al proyecto Río Blanco, como uno de primer mundo; mas bien
se ha quedado al nivel de pleito de callejón.
Pues bien, señores y
señoras, a partir del cierre de este informe, restan 24 días para levantar
observaciones, y como todo el mundo se ve en el espejo de Tambogrande, valdría
la pena recordar que el factor que determinó la derrota de Manhattan fue atacar
razón con razón, y convencer al gobierno que iba a cometer una barbaridad
dándole luz verde a los canadienses. La estrategia ahora es casi la misma, pero
también habría que demostrar que los accionistas de Monterrico Metals no son
ninguna garantía de beneficio para las comunidades alrededor del área de
impacto, sino que representan grupos económicos y de poder que adonde han ido
han terminado convulsionando a la población circundante.
Y como la empresa minera
sabe que esta es su principal debilidad, simplemente no sabe cómo protegerse.
Entonces, pongamos el cascabel al gato.
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