Metáforas y realidades
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¿De qué oro se habla en Ayavaca?
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Panorámica
del acllahuasi o casa "de las escogidas", en el complejo
principal de las ruinas incaicas de Aypate que, se supone, están
edificadas sobre la antigua ciudad ayahuaca. Fue el centro
ceremonial más importante de la zona.
La imagen está disponible como papel tapiz |
Para no
quedarnos en lo “puramente racional”, observemos que, al pasar por la
sierra de Piura en 1802, Humboldt encuentra noticias acerca de una
región desconocida, muy rica en oro, aparentemente llamada
Cundirumarca y habitada por el pueblo de los Chicas, cuyo príncipe
se habría entrevistado con Atahualpa.
Humboldt
subraya el hecho de que el nombre de esta provincia desconocida se
habría dado por error a Cundinamarca, en la actual Colombia.[i]
Esta
referencia explícita de Humboldt, que conoció la
laguna Guatavita, comúnmente asociada con la leyenda de El
Dorado, parece plantear una importante enmendadura a la posible
ubicación de aquel lugar legendario, aunque se trate de un espacio
simbólico.
Siguiendo aquel dato, no es tan descabellada la conjetura de que entre
los indígenas que proporcionaron el conocido relato "colombiano",
también había pobladores de origen Guayacundo, que acaso se
estaban refiriendo a la comarca mítica de Chicuate, en cuyas lagunas
sagradas, su gobernante podía “bañarse en oro”.
La
posibilidad existe, sobre todo si pensamos en los grandes procesos
migratorios producidos, especialmente en los siglos XV y XVI, a partir
de los cuales, muchos mitmas ("mitimaes") Guayacundos partieron
masivamente desde la sierra de Piura hacia el sur (por ejemplo a
Huancavelica) y hacia el norte (Quito y Pasto).
Curiosamente, Colombia es hoy el país donde más abunda el apellido "Guayacundo",
que es también el nombre de un pueblo en el Cauca y de un cerro en
Cundinamarca.
Pero, ya
que hemos entrado a este terreno, tal vez convenga conocer un poco más
sobre aquello que podía tener un valor equivalente al oro para los
antiguos Guayacundos: su leyenda fundacional se refiere a una princesa
emblemática llamada "Corazón del Mundo", que está dispuesta a
“casarse” (es decir, a permitir el acceso a sus misterios y a su
poder), pero solamente con aquel pretendiente capaz de "alcanzar
corriendo" a un venado salvaje y sujetarlo sin hacerle daño.
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(Arriba) La portada al
complejo principal en Aypate, ubicado en la cima del cerro del
mismo nombre. La construcción es incaica, hecha en granito rosado,
sobre lo que, se supone, fue la antigua ciudad ayahuaca. (Abajo)
Mapa de ubicación de las ruinas y su proximidad con la concesión
de Monterrico Metals. |
En la
leyenda, un joven y humilde cazador y tejedor, Aypate, es el único que
logra superar la prueba.
Al
asumir el poder se convierte en un gobernante ejemplar y un modelo de
conducta, debido a su justicia y sabiduría.
El
nombre de Aypate (“el que alcanza lo más alto”), se ha conservado en
el nombre de una montaña sagrada y en el principal santuario
prehispánico de la región (Semana 24/02/2002)[ii]
Los
Incas mantuvieron su importancia ritual y establecieron aquí una
capital provincial que fue abandonada después de la conquista
española.
No es
difícil darse cuenta que esta leyenda encierra un claro simbolismo
acerca de la maestría necesaria para manejar el delicado tejido de
relaciones entre naturaleza y sociedad, sin destruir sus hilos: ya
sabemos que, en general, la naturaleza plantea múltiples desafíos y
pruebas que las sociedades deben responder de manera organizada.
Una
investigación de John Earls acerca de la astronomía, agricultura y
organización social en el sur andino,[iii]
muestra que una manera de conseguir este manejo equilibrado es
"alcanzando" a la naturaleza y resolviendo los problemas que ella
presenta, por ejemplo diseñando formas de producción y organización
adaptadas a las diversas circunstancias naturales y climáticas.
Otra
manera es "sujetándola” o canalizándola, para “reducirla” a las
variables tecnológicas y organizativas que la sociedad maneja.
Lograr
esto sin "hacerle daño" a la tierra o a la naturaleza, es un reto que
las sociedades contemporáneas no han conseguido resolver y es parte de
todas las utopías de felicidad, abundancia y “sustentabilidad”.
El
mensaje “ecologista” de esta sencilla leyenda es completamente
vigente, y es tal vez un indicio de la clase de “oro” con que sus
gobernantes podían bañarse. Quizás ese es el “buen corazón” que se
requiere para acceder a los tesoros legendarios de Chicuate.
Así,
mientras la aventura minera de Río Blanco aparentemente es vista por
el actual gobierno central y por el gobierno regional como la “Ciudad
de Oro” de la que esperan recibir fáciles ingresos para financiar sus
proyectos, sin pensar en los riesgos ecológicos para toda la región,
la población e incluso las autoridades locales están mostrando una
actitud con respecto a la vida y a la naturaleza, que se parece mucho
a la propuesta ética de los antiguos Guayacundos.
¿Cuál
visión deberá prevalecer?, ¿Quién toma las decisiones y quién asume
las consecuencias?.
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"Batanes" hallados por
uno de los productores de la serie en la zona de denuncios de
Monterrico Metals. Según la ley peruana, una concesión minera no
debe interferir con yacimientos arqueológicos existentes. La foto
aporta pruebas de la imposibilidad del proyecto. |
El Proyecto Río Blanco, que se encuentra actualmente en la etapa
de elaboración de los estudios de factibilidad e impacto
ambiental, al mismo tiempo que avanza en la exploración y la búsqueda
de inversionistas, tiene planificado construir sus instalaciones a
partir del 2005, para un tiempo mínimo de vida productiva de 25 años.
¿Qué
sucederá el año 2030 con las comunidades que habitan la sierra de
Piura y con su patrimonio natural y cultural?.
Si nos
guiamos por los casos históricos de Cerro de Pasco, Potosí, Hualgayoc
o Talara, podemos afirmar que allí donde se ejecutaron proyectos de
“desarrollo” basados en la simple extracción de recursos, la inversión
en la región fue mínima y luego de una aparente bonanza temporal, las
poblaciones locales fueron más pobres que antes y quedaron
abandonadas, lamiendo sus propias heridas, entre las cuales se
encuentran las lacras sociales y el daño ecológico irreversible.
Los
abundantes denuncios y concesiones para actividades de exploración y
explotación minera en la sierra de Piura y en toda la región, podrían
ser los heraldos de una confrontación inminente entre distintas
visiones del mundo y modelos contrapuestos de desarrollo.
Quizás
todavía sea posible alguna forma de diálogo, tal vez los grandes
inversionistas del exterior y sus socios peruanos renuncien alguna vez
a actuar como los dueños del mundo, quebrantando la ley y ablandando
el ánimo, casi siempre débil de los gobernantes; quizás los proyectos
mineros y otras actividades extractivas puedan demostrar todavía que
son sostenibles y que ofrecen beneficios a la población local.
Pero en
este caso, hay niveles elementales de respeto que ya han sido
quebrantados: no se ha consultado a la población; se ha violado las
normas jurídicas y se ha dictado leyes con nombre propio, leyes
contrahechas que el Estado ya ha defendido con las armas, provocando
la muerte de un comunero en manos de la policía, y recientemente la
detención, persecución y hostigamiento de partidarios y opositores de
la actividad minera.
En una
de las representaciones gráficas de su crónica ilustrada, Guamán Poma
de Ayala muestra a un conquistador comiendo de un plato, mientras que
en la referencia escrita indica: “este oro comemos”.
En su
elocuente sencillez, este es un ejemplo, acaso excesivo, del choque
entre dos visiones contrapuestas del mundo, que en muchas ocasiones no
han logrado establecer un diálogo fecundo.
Los
distintos sistemas de valores y las distintas visiones acerca del
concepto de riqueza han llenado trágicamente de violencia las páginas
de la historia.
Conocido
es el caso de don Pedro de Valvidia, conquistador de Chile, a quien
los araucanos le vaciaron oro derretido en la boca para saciar su
insaciable apetito de riqueza.
Es de
esperar que no ocurra nada parecido en la sierra de Piura, que no haya
ocasión para que
ni el mercurio ni el cianuro,
ni la sangre, lleguen al río, que el río
Blanco y todos los ríos y lagunas se mantengan limpios.
Aunque
en las circunstancias actuales, esa puede ser una esperanza demasiado
ingenua, pues parece que algunos jamás podrán entender las penosas
lecciones de la historia, antigua y reciente, y que siempre habrá
incautos dispuestos a interpretar la leyenda de la Ciudad de Oro al
pie de la letra.
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Aypate | Las
visiones del futuro
FIN
Serie producida por
César
Astuhuamán y
Raúl
Zevallos. Productor delegado por
factortierra network: Mario Tabra. Producción editorial:
Sala de Redacción.
©2005 César Astuahumán, Raúl
Cevallos.
©2005 NPC |