Liliana Alzamora Flores
El 45 por ciento de ausentismo, en promedio, durante la última consulta vecinal en Pacaipampa, Ayabaca y Carmen de la Frontera, tiene causa natural y causa humana.
Quizá faltó ver más los pronósticos del tiempo, pero luego de una semana de sol intenso y cielo despejado, el fin de semana que marcó la quincena de setiembre fue, como nunca, lluvioso.
Desde la noche del viernes, chaparrones esporádicos cayeron sobre las partes altas de los andes piuranos.
Los cerros están compuesto básicamente de arcilla, por lo que un leve remojón lo convierte en fango. La gente, a pesar de su experiencia y su buena voluntad, prefirió no arriesgarse y quedarse en casa.
Los que fueron más decididos se pusieron en marcha desde la tarde del viernes, con la primera lluvia –sabiduría andina de mirar a los cielos y ser más efectivos que AccuWeather—para poder llegar a ciudades como Ayabaca, con toda la antelación posible, y participar en el proceso.
En Ayabaca, hubo otro detalle, quienes participaron en la consulta fueron mayoritariamente campesinos, no gente de la ciudad.
Me encontré con gente que conozco y estudia conmigo en un diplomado, que vive en la ciudad de Ayabaca, y que el mismo día de la consulta dijeron no tener tiempo para hacerse presentes. Quienes conocen Ayabaca saben que la ciudad se puede caminar de extremo a extremo, en el peor de los casos, en 45 minutos.
Teniendo en cuenta la proporción de población urbana y rural, y la tendencia se mantiene para Pacaipampa y Sapalache, podríamos encontrar que la gente que principalmente participó fue la que no vive en los centros poblados.
La otra causa que estamos encontrando radica en la campaña psicosocial emprendida con la finalidad de evitar que la gente acuda a la encuesta.
El ex alcalde de Tambogrande, Francisco Ojeda, comentaba que habían volantes en la carretera donde se decía que la consulta había sido suspendida. Con la ausencia de fuentes de información fuertes, como Radio Campesina, que no eran imparciales, fue imposible delimitar el hecho del rumor.
TV Perú, que tiene buena cobertura en todas la zonas, también contribuyó a crear confusión con mensajes del gobierno que conminaban a las personas a no participar.
Eso sin contar los spots de radio que, esencialmente, decían lo mismo.
El tiempo, la indiferencia y el gobierno se conjuraron para contribuir con esa casi-mitad ausente.
Al tiempo es difícil de controlar, aunque previniendo la contaminación podríamos detener su empeoramiento; al gobierno, habría que hacerle reingeniería. Pero la indiferencia es algo que sí podemos manejar, y es con información y sensibilización.
Definitivamente, las comunidades campesinas serán afectadas, pero las poblaciones urbanas deben recordar que la solidaridad es un signo de la comunidad y es un valor que debe reeducarse de forma amena y afable. Ese es otro espacio a trabajar a partir de ahora.
De todos modos, muchos vendedores estuvieron satisfechos con la concurrencia, y el proceso tuvo muchas imágenes emotivas que serán difíciles de borrar.
Ahora comienza la tarea de hacer respetar los resultados y poner las cosas en claro.
© 2007 Asociación Civil FACTORTIERRA. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción.