Elegía
de fines de otoño
Nelson Peñaherrera Castillo
Coordinador Factortierra Sullana
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| Monumento en memoria de Godofredo García
Baca, en el ovalo del campesino, a la
entrada de la ciudad de Tambogrande. |
SOMATE
BAJO, Sullana-- Este cuatro de setiembre he
regresado al mismo sitio histórico donde una parte
de la historia del mundo parece haber cambiado, con
el error de un hombre que encubrió a otros hombres
por apagar la vida de un gran hombre.
Este
cuatro setiembre he encontrado gente que reconoce
que sus historias deben ser contadas por foráneos, y
especialmente foráneas, porque entre ellos y ellas
aún no existe la fuerza suficiente para imponerse de
quienes abusan del poder y decirle en su cara que
están actuando mal.
Este
cuatro de setiembre he vuelto a creer que el talento
de la juventud piurana está por encima de la
ambición de unas cuantas personas que transan la
educación superior llena de malos modales por un
afán de igualdad mal entendida frente a una
autoridad que lo único que ha conseguido es
ahuyentar a lo que públicamente no se atreve a
llamar “clientela”.
Este
cuatro de setiembre, he sido testigo de cómo los
viejos fantasmas de las pretensiones mineras siguen
sacudiendo los corazones de las personas que
llegaron a testificar la presencia de esos mismos
espectros hace casi una década, usando la corrupción
como la mejor herramienta para torcer voluntades y
obtener favores a costa de la buena fe de toda una
comunidad.
Este
cuatro de setiembre he sentido en la arenga de un
profesor, no la fuerza, si no la impotencia de no
saber como convencer a una juventud aparentemente
indiferente que apuesta así misma antes que a la
tierra que la vio nacer, donde el agua que antes le
proporcionaba vida, podría convertirse en una suerte
de guillotina masiva, o una Hiroshima a fuego lento.
Este
cuatro de setiembre he vuelto a pensar que el agua
que lava la desnudes de los chicos que se bañan en
el canal y cocina los alimentos que las chicas aún
experimentan estigmatizadas en el interior de sus
casas podría convertirse en un enemigo potencial de
la inocencia frente a depravados que violan
inmisericordemente la inocencia de ellos y ellas a
punta de mercurio y cianuro.
Este
cuatro de setiembre, he vuelto a encontrar a la
llama que Godofredo dejó encendida, todavía
resguardada por soñadores y soñadoras que siguen
creyendo que lo imposible… tarde o temprano, se hace
posible. |