Comunidad, territorio, TLC y minería
Mario Tabra Guerrero
Corresponsal en Ayavaca
En esta historia:
Reordenando el
mundo para las transnacionales |
La estocada
final: el TLC
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| Una orquídea típica de Ayavaca. ¿Podrá
soportar todo lo que viene a continuación? |
Las
comunidades campesinas son la sucesión de lo que en otrora fueron
los
Ayllus, organizaciones ancestrales anteriores a la presencia
de la formación del estado colonial, y por ende de la República,
las que actúan de acuerdo al derecho consuetudinario, aceptado por
la legislación del Perú como válida, donde no hay presencia de los
organismos gubernamentales o estatales.
Nuestras
comunidades campesinas, indígenas u originarias no son sólo
una agrupación de personas sino parte de un territorio que abarca
una cultura, costumbres, recursos naturales como el agua, el
suelo, el subsuelo, el aire, el bosque y su interrelación que
desde hace milenios viene ocupando un área específica en nuestro
país.
Recordemos
Con el Gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), en el Perú se
inicio la desregulación de la inversión extranjera:
-
el 29 de agosto de 1991 se emitió la “Ley
de Fomento a la Inversión Extranjera” y la “Ley Marco para
el Crecimiento de la Inversión Privada”,
-
el 14 de noviembre de 1991 se dicta el D.
L. Nº 708 “Ley de Promoción de la Inversión Minera” merced a
la cual se firmaron convenios bilaterales de Promoción y
Protección de Inversiones Extranjeras con 29 países.
(M.Tabra) |
En
el caso de los
guayacundos, confederación integrada por los
ayahuacas (hoy Ayavaca), caxas (Pacaipampa y norte
de Huancabamba) y calvas (sur de Loja, Ecuador), ocuparon
este territorio entre Bosques Secos, Bosques de Neblina y Páramos,
ecosistemas integrados en un todo, es decir, influyendo cada piso
en su respectiva complementariedad, al grado que las expresiones
naturales y culturales que se encuentran en las lagunas y los
apus (dioses tutelares, una especie de tótem) como altares,
huacas (tumbas) y pacarinas (sitios de origen) nos
expresan ese agradecimiento e identificación con la naturaleza,
respetándola, conviviendo con ella, y, por qué no decirlo, hasta
venerándola por ser dadora de la vida a través del agua, el aire y
la tierra.
La
reproducción de sus vidas siempre estuvo ligada al agro, la
ganadería y las artesanías en un acto trascendental indisoluble
hombre-naturaleza y en una cosmovisión propia de las grandes
culturas andinas, todas ligadas a los movimientos cósmicos
tutelares del universo.
Con
la llegada de los europeos y la ayuda de traidores locales, todo
este conocimiento ancestral se desconoce y se prohíbe bajo
argumentos inconsistentes de “herejía” y “actividades demoníacas”,
imponiéndonos concepciones de “avasallamiento” y “obediencia
eterna” (léase requerimiento), para así saquear nuestros recursos,
principalmente el oro y la plata base de la economía mercantilista
de la edad moderna (siglos XVI al XVIII).
Es
así que durante el virreinato la presencia de los españoles no
significó más que tribulaciones para nuestros pueblos indígenas,
que a la vez fueron respondidas por sendas rebeliones contra el
poder colonial. Con la República no hubo ningún cambio sustancial
para nuestras comunidades; mas aún, se ensañaron con los
territorios de nuestros pueblos indígenas.
Son
muchos los casos de expropiación que hicieron de estos territorios
por supuestas “deudas” a la naciente república, argumentando que
habían colaborado para la independencia. Así nacieron las grandes
haciendas azucareras y algodoneras de la costa y las grandes
exportadoras de lana de oveja, alpaca y vicuña de la sierra con
los famosos “rescatadores”, que no fueron mas que grandes
asaltantes convertidos en grandes comerciantes.
El
siglo XX fue otra odisea para nuestros: en nombre del “desarrollo”
y de la “exportación de nuestros recursos naturales”, los
despojaron de sus territorios para saquear el caucho, petróleo y
minerales (cobre, plomo, carbón, etc.) que necesitaban los países
industrializados de Europa y América del Norte, mientras nos
volvíamos cada vez mas dependientes de estas potencias mundiales.
A
finales de los años 60, debido a la convulsión social en la que se
encontraba principalmente la sierra peruana por la
sobreexplotación de nuestros indígenas, y a merced de los
dictámenes aprobados en Punta del Este, en el marco de la política
de
Alianza para el Progreso dirigida desde Estados Unidos, se
entrega las tierras a los agricultores, pero no se asiste técnica
ni económicamente para desarrollarlas, porque el movimiento
económico estaba en el comercio, la agroindustria de exportación y
en la pesca.
Además, nuestros pueblos se denominan a partir de esta reforma
como “comunidades campesinas”, que no les hizo ningún favor, sino
más bien contrarrestó los derechos que tenemos como pueblos
originarios.
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La estocada
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| El 11 de mayo pasado, Ayavaca protestó por la
presencia de Monterrico Metals/Minera Majaz. |
La
década del ‘90 fue el inicio de la total devastación del poco
territorio que dejaron para los pueblos indígenas, debido a las
“Reformas Estructurales de Primera Generación” que se dictaba
desde el
Consenso de Washington (1989), mediante el cual, se exigía a
los países dependientes de Estados Unidos, a modificar las
legislaciones nacionales para favorecer a las empresas
transnacionales (ETN).
Todas estas leyes facilitaron la intromisión de las inversiones
extranjeras en nuestro país, acaparando nuestra economía que
empezó a ser de su beneficio.
El
extremo fue cuando, en 1993, se simplificó el trámite para la
suscripción y aprobación de los convenios bilaterales de la
“Promoción y Protección de Inversiones Extranjeras” (APPI),
mediante la que el Gobierno podía dictar decretos de concesiones,
con cargo a dar cuenta posteriormente al Congreso. Es, desde aquí
en adelante, que se desatan en todos los territorios comunales,
las concesiones mineras como
Yanacocha (Cajamarca)
Newcrest, Gitannes, Coripacha, Río Blanco,
Newmont (Ayavaca)
Doe Run (La Oroya) entre otras muchas mas.
Mientras se promocionaba y protegía las inversiones extranjeras,
de forma inversamente proporcional se desprotegía y entregaba los
territorios comunales de nuestros pueblos indígenas, ahondando así
más la pobreza de nuestros pueblos, como el caso de
Cajamarca, que ocupaba el cuarto lugar de pobreza antes de la
llegada de Yanacocha.
Hoy,
aunque es primer exportador de oro de Sudamérica, ocupa el segundo
lugar en pobreza, gracias a las facilidades que cuenta por parte
de los gobernantes peruanos coludidos con los grandes capitales
extranjeros, y todo en nombre del “desarrollo”, el “crecimiento
económico”, la “democracia” y la “globalización”.
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La estocada
final: el TLC
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| Insistimos: ¿estarán preparadas para la
embestida? |
Todo
pareciera que está finiquitado para el saqueo; pero aun hay más.
No contentos con las leyes favorables a las transnacionales,
quieren rematar estas facilidades con el
Tratado de Libre Comercio (TLC) –no es un simple intercambio
comercial de mercaderías—, en su capítulo X, sobre inversiones
extranjeras, el que no se discute o publica a nivel nacional, y
estipulan tres grandes temas que acabarían con la soberanía y
dignidad de los territorios de los pueblos indígenas, a saber:
-
Expropiación
Indirecta: Si la empresa
extranjera supone que se afectarán sus ganancias futuras, puede
denunciar al Estado en cualquiera de sus niveles, local,
regional o nacional, y cobrar las ganancias proyectadas en su
explotación programada; es decir, si la empresa contamina, como
los casos que se vienen dando en las comunidades donde están
explotando, el Estado no pude decirles nada, bajo riesgo de que
sea denunciado por interferir en sus ganancias futuras.
-
Solución de
controversias Inversionista-Estado:
Si el problema persiste, la empresa llevará el caso a tribunales
internacionales, porque está prohibido de ser juzgadas en el
país anfitrión, además sólo las empresas pueden denunciar ante
estas instancias, y no así el Estado.
-
Prohibición de los Llamados
“Requisitos de Desempeño”:
Si antes a la empresa extranjera se le condicionaba que invierta
en algo para las comunidades o el país donde realizará sus
actividades, con está prohibición ya no es indispensable
hacerlo, y correrá a voluntad de la empresa si quiere o no
realizar alguna obra que crea conveniente.
Con
tratados como estos seremos una vez mas avasallados por los nuevos
conquistadores, así perderemos la soberanía y dignidad de nuestros
territorios ancestrales, pues si el estado no nos defiende, los
auténticos dueños, asumiremos la defensa que corresponde cueste lo
que cueste.
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Documento
adicional: Informe del Vicariato de Jaén
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