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20/05/06 12:09:50 -0500

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Comunidad, territorio, TLC y minería

 

Mario Tabra Guerrero

Corresponsal en Ayavaca

 

En esta historia: Reordenando el mundo para las transnacionales | La estocada final: el TLC

 

Una orquídea típica de Ayavaca. ¿Podrá soportar todo lo que viene a continuación?

 

Las comunidades campesinas son la sucesión de lo que en otrora fueron los Ayllus, organizaciones ancestrales anteriores a la presencia de la formación del estado colonial, y por ende de la República, las que actúan de acuerdo al derecho consuetudinario, aceptado por la legislación del Perú como válida, donde no hay presencia de los organismos gubernamentales o estatales.

 

Nuestras comunidades campesinas, indígenas u originarias no son sólo una agrupación de personas sino parte de un territorio que abarca una cultura, costumbres, recursos naturales como el agua, el suelo, el subsuelo, el aire, el bosque y su interrelación que desde hace milenios viene ocupando un área específica en nuestro país.

 

Recordemos

Con el Gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), en el Perú se inicio la desregulación de la inversión extranjera:

  • el 29 de agosto de 1991 se emitió la “Ley de Fomento a la Inversión Extranjera” y la “Ley Marco para el Crecimiento de la Inversión Privada”,

  • el 14 de noviembre de 1991 se dicta el D. L. Nº 708 “Ley de Promoción de la Inversión Minera” merced a la cual se firmaron convenios bilaterales de Promoción y Protección de Inversiones Extranjeras con 29 países.

(M.Tabra)

En el caso de los guayacundos, confederación integrada por los ayahuacas (hoy Ayavaca), caxas (Pacaipampa y norte de Huancabamba) y calvas (sur de Loja, Ecuador), ocuparon este territorio entre Bosques Secos, Bosques de Neblina y Páramos, ecosistemas integrados en un todo, es decir, influyendo cada piso en su respectiva complementariedad, al grado que las expresiones naturales y culturales que se encuentran en las lagunas y los apus (dioses tutelares, una especie de tótem) como altares, huacas (tumbas) y pacarinas (sitios de origen) nos expresan ese agradecimiento e identificación con la naturaleza, respetándola, conviviendo con ella, y, por qué no decirlo, hasta venerándola por ser dadora de la vida a través del agua, el aire y la tierra.

 

La reproducción de sus vidas siempre estuvo ligada al agro, la ganadería y las artesanías en un acto trascendental indisoluble hombre-naturaleza y en una cosmovisión propia de las grandes culturas andinas, todas ligadas a los movimientos cósmicos tutelares del universo.

 

Con la llegada de los europeos y la ayuda de traidores locales, todo este conocimiento ancestral se desconoce y se prohíbe bajo argumentos inconsistentes de “herejía” y “actividades demoníacas”, imponiéndonos concepciones de “avasallamiento” y “obediencia eterna” (léase requerimiento), para así saquear nuestros recursos, principalmente el oro y la plata base de la economía mercantilista de la edad moderna (siglos XVI al XVIII).

 

Es así que durante el virreinato la presencia de los españoles no significó más que tribulaciones para nuestros pueblos indígenas, que a la vez fueron respondidas por sendas rebeliones contra el poder colonial. Con la República no hubo ningún cambio sustancial para nuestras comunidades; mas aún, se ensañaron con los territorios de nuestros pueblos indígenas.

 

Son muchos los casos de expropiación que hicieron de estos territorios por supuestas “deudas” a la naciente república, argumentando que habían colaborado para la independencia. Así nacieron las grandes haciendas azucareras y algodoneras de la costa y las grandes exportadoras de lana de oveja, alpaca y vicuña de la sierra con los famosos “rescatadores”, que no fueron mas que grandes asaltantes convertidos en grandes comerciantes.  

 

El siglo XX fue otra odisea para nuestros: en nombre del “desarrollo” y de la “exportación de nuestros recursos naturales”, los despojaron de sus territorios para saquear el caucho, petróleo y minerales (cobre, plomo, carbón, etc.) que necesitaban los países industrializados de Europa y América del Norte, mientras nos volvíamos cada vez mas dependientes de estas potencias mundiales.

 

A finales de los años 60, debido a la convulsión social en la que se encontraba principalmente la sierra peruana por la sobreexplotación de nuestros indígenas, y a merced de los dictámenes aprobados en Punta del Este, en el marco de la política de Alianza para el Progreso dirigida desde Estados Unidos, se entrega las tierras a los agricultores, pero no se asiste técnica ni económicamente para desarrollarlas, porque el movimiento económico estaba en el comercio, la agroindustria de exportación y en la pesca.

 

Además, nuestros pueblos se denominan a partir de esta reforma como “comunidades campesinas”, que no les hizo ningún favor, sino más bien contrarrestó los derechos que tenemos como pueblos originarios.

 

En esta historia: Reordenando el mundo para las transnacionales | La estocada final: el TLC

 

Reordenando el mundo para las transnacionales

 

El 11 de mayo pasado, Ayavaca protestó por la presencia de Monterrico Metals/Minera Majaz.

La década del ‘90 fue el inicio de la total devastación del poco territorio que dejaron para los pueblos indígenas, debido a las “Reformas Estructurales de Primera Generación” que se dictaba desde el Consenso de Washington (1989), mediante el cual, se exigía a los países dependientes de Estados Unidos, a modificar las legislaciones nacionales para favorecer a las empresas transnacionales (ETN).

 

Todas estas leyes facilitaron la intromisión de las inversiones extranjeras en nuestro país, acaparando nuestra economía que empezó a ser de su beneficio.

 

El extremo fue cuando, en 1993, se simplificó el trámite para la suscripción y aprobación de los convenios bilaterales de la “Promoción y Protección de Inversiones Extranjeras” (APPI), mediante la que el Gobierno podía dictar decretos de concesiones, con cargo a dar cuenta posteriormente al Congreso. Es, desde aquí en adelante, que se desatan en todos los territorios comunales, las concesiones mineras como Yanacocha (Cajamarca) Newcrest, Gitannes, Coripacha, Río Blanco, Newmont (Ayavaca) Doe Run (La Oroya) entre otras muchas mas.

 

Mientras se promocionaba y protegía las inversiones extranjeras, de forma inversamente proporcional se desprotegía y entregaba los territorios comunales de nuestros pueblos indígenas, ahondando así más la pobreza de nuestros pueblos, como el caso de Cajamarca, que ocupaba el cuarto lugar de pobreza antes de la llegada de Yanacocha.

 

Hoy, aunque es primer exportador de oro de Sudamérica, ocupa el segundo lugar en pobreza, gracias a las facilidades que cuenta por parte de los gobernantes peruanos coludidos con los grandes capitales extranjeros, y todo en nombre del “desarrollo”, el “crecimiento económico”, la “democracia” y la “globalización”.

 

En esta historia: Reordenando el mundo para las transnacionales | La estocada final: el TLC

 

La estocada final: el TLC

 

Insistimos: ¿estarán preparadas para la embestida?

Todo pareciera que está finiquitado para el saqueo; pero aun hay más. No contentos con las leyes favorables a las transnacionales, quieren rematar estas facilidades con el Tratado de Libre Comercio (TLC) –no es un simple intercambio comercial de mercaderías—, en su capítulo X, sobre inversiones extranjeras, el que no se discute o publica a nivel nacional, y estipulan tres grandes temas que acabarían con la soberanía y dignidad de los territorios de los pueblos indígenas, a saber:

 

  • Expropiación Indirecta: Si la empresa extranjera supone que se afectarán sus ganancias futuras, puede denunciar al Estado en cualquiera de sus niveles, local, regional o nacional, y cobrar las ganancias proyectadas en su explotación programada; es decir, si la empresa contamina, como los casos que se vienen dando en las comunidades donde están explotando, el Estado no pude decirles nada, bajo riesgo de que sea denunciado por interferir en sus ganancias futuras.     

 

  • Solución de controversias Inversionista-Estado: Si el problema persiste, la empresa llevará el caso a tribunales internacionales, porque está prohibido de ser juzgadas en el país anfitrión, además sólo las empresas pueden denunciar ante estas instancias, y no así el Estado.

 

  • Prohibición de los Llamados “Requisitos de Desempeño”: Si antes a la empresa extranjera se le condicionaba que invierta en algo para las comunidades o el país donde realizará sus actividades, con está prohibición ya no es indispensable hacerlo, y correrá a voluntad de la empresa si quiere o no realizar alguna obra que crea conveniente.                                              

 

Con tratados como estos seremos una vez mas avasallados por los nuevos conquistadores, así perderemos la soberanía y dignidad de nuestros territorios ancestrales, pues si el estado no nos defiende, los auténticos dueños, asumiremos la defensa que corresponde cueste lo que cueste.     

 

En esta historia: Reordenando el mundo para las transnacionales | La estocada final: el TLC

 

Documento adicional: Informe del Vicariato de Jaén

 

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