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Un
acercamiento a la democracia ambiental
Nelson
Peñaherrera Castillo
EL
PROBLEMA DE LA ESPECIE HUMANA
Durante
milenios, la especie humana ha considerado que dentro de
la creación, que también es un relato humano, ha
alcanzado el escalón más alto. Esto le ha llevado a
tomar decisiones que en muchos casos, han puesto en
peligro la conservación de nuestra propia especie.
No en vano,
eventos históricos, como la famosa peste de la Edad
Media, no fue otra cosa más que fruto del descuido del
ser humano por no tomar las mínimas consideraciones
sanitarias, para evitar el contagio de una epidemia que
realmente diezmo a la población europea.
Más
recientemente, el cambio climático es la amenaza global
que conforme avanzan las décadas, amenaza con borrarnos
de la faz del planeta si no tomamos las previsiones
necesarias.
El caso es
que la especie humana siempre se ha considerado superior
a otras especies bajo el argumento de que es la única
con capacidad de raciocinio. Basada en las pruebas
científicas que los propios humanos hemos desarrollado,
hemos concluido que somos la “especie dominante”. No hay
evidencia, o al menos nosotros no la hemos aportado, de
que otras especies que pueblan el planeta lo sean, a
pesar de que trabajos de varios científicos han
demostrado que otras especies de mamíferos como las
ballenas y los delfines han desarrollado ciertas
capacidades de comunicación y organización, mejores que
las nuestras, sin necesidad de los inventos que hemos
tenido que desarrollar para solucionar ese problema (me
refiero a la Internet, por ejemplo).
La especie
humana, pues, es una entre todas las especies que
pueblan este planeta. En ese sentido, no es la especie
humana la que ha de dominado al medio, aunque se haya
atribuido el derecho de hacerlo. En realidad, la especie
humana es parte del medio.
Lo que sí
podemos concluir es que nuestra especie ha sido una de
las principales modificadoras del espacio natural, pero
no la única capaz de cambiarlo. Así, los castores de
Norteamérica, sin necesidad de hablar, han desarrollado
un sistema de aprovechamiento del agua en los bosques,
mediante la construcción de presas, u los horneros, que
resultaron ser eficientes albañiles y han hecho de los
árboles el lugar donde construyen casas de hasta tres
habitaciones, si cabe el termino.
Este no es
descubrimiento de esta generación de humanos. Pueblos
indígenas lo sabían, por eso, consideraron que su aporte
a la modificación del espacio natural sólo debía
limitarse a lo necesario para satisfacer eficientemente
sus necesidades.
Sin embargo
cuando el ser humano alcanzó un grado elevado de
organización y expansión generó verdaderos problemas al
espacio natural. Esta historia se conoce desde el
imperio romano que fue uno de los principales
modificadores del medio ambiente que la historia humana
haya registrado.
LA
DEMOCRACIA AMBIENTAL.
Si democracia
se puede definir como la participación de todos los
individuos de una comunidad para tomar decisiones que
permitan cumplir objetivos que nos desarrollen, y el
ambiente es el espacio donde generamos desarrollo,
entonces habría que ojear un concepto que ha tomado
importancia en los últimos 25 años: el desarrollo
sostenible.
Se llama así
al proceso de avance de la humanidad en el que se toma
en consideración los impactos en el medio, de tal modo
que nuestro modelo de organización y transformación no
solo permita la solución de las necesidades básicas de
nuestra generación, sino que garantice también la de las
generaciones siguientes.
La idea es
que cada generación perfeccione la solución de sus
problemas más importantes basados en la solución de
necesidades puntuales garantizando lo mismo para las
generaciones por venir.
Por otro
lado, hay valores que la democracia aporta, si es que la
observamos en su concepto clásico, es decir, el gobierno
del pueblo por el pueblo y para el pueblo.
En un entorno
democrático, se considera la participación de todos los
actores, es decir, todos quienes son miembros de una
comunidad, entendida como la asociación informal de
individuos que comparte un espacio y objetivos comunes.
El punto es
que no todos estos individuos son iguales en todo el
sentido de la palabra. Es ahí donde la democracia entra
a jugar para decirnos que a pesar de las diferencias,
todos los individuos podemos ser participes del proceso
de toma de decisiones, con tal de también beneficiarnos
de la ejecución de las mismas. Eso se conoce como
equidad: todos los individuos tienen iguales derechos
porque conforman la misma comunidad. Incluso dentro de
la equidad se considera, una atención especial a quienes
poseen capacidades diferentes, con tal de que estén al
mismo nivel que los demás para poder ser participes del
proceso democrático.
Es ahí donde
ingresa la democracia ambiental, a la que podemos
definir como el sistema de gobierno en el que todos los
individuos son considerados como actores en la toma de
decisiones que nos permita generar un entorno adecuado
donde podamos desarrollarnos armónicamente, y permitir
que las generaciones futuras gocen de mejores
condiciones para perfeccionar el proceso.
Como actores
no solo consideramos a la comunidad humana, sino, en
realidad, a todo el ecosistema o la comunidad de seres
vivos existentes en un espacio determinado, que no es
otra cosa que el medio ambiente. Mejor dicho, nos
integramos a las necesidades de otros seres vivos, como
nosotros, que de alguna manera han desarrollado sus
propios mecanismos de respuesta frente a los problemas
ambientales, y se incorporan como aportes para la
solución de necesidades más globales.
Hasta cierto
punto, el ambiente, en tanto desarrolla mecanismos de
reacción, es considerado como actor. Esta es la
diferencia de la democracia tradicional, donde solo
prima la perspectiva humana.
Esto cambia
por completo nuestro modo de concebir el mundo. Pero
visto desde una perspectiva más universal, en realidad
es así. De hecho, la Tierra es parte de otro sistema más
grande que termina en lo que llamamos universo.
Para quienes
aun son escépticos con el hecho de que la Naturaleza
posee capacidad de respuesta a los problemas
ambientales, les contamos un caso anecdótico.
Debido a la
construcción de una presa en el curso del río Chira,
frente la ciudad de Sullana, el agua que fluía
normalmente se fue estancando, y eventualmente se
convirtió en un hermoso espejo de agua donde se
practicaron deportes náuticos.
Lo que los
proyectistas nunca consideraron es que la ciudad, desde
hacía medio siglo, botaba sus aguas servida al cauce,
aguas arriba, y con el estancamiento, se estaba
generando una suerte de enorme laguna de oxidación.
La respuesta
de la Naturaleza fue poblar la superficie del agua con
una planta que los lugareños conocen como lirio
acuático. Las raíces del lirio absorbían las bacterias
saprofitas del agua sucia y la limpiaban. Además
oxigenaban la zona, evitando que el metano, que es gas
letal para la especie humana, se desarrollará y
comenzara a cobrarse vidas.
Claro está,
muchos humanos no lo vieron desde ese punto de vista y
determinaron que se debía eliminar el lirio porque
afeaba el paisaje.
Si es que se
hubiese tenido una visión de democracia ambiental, se
hubiera considerado esta variable y posiblemente se
habría pensado en una solución más creativa que no
genere impactos graves en el medio ambiente.
LAS
ACTITUDES EN DEMOCRACIA AMBIENTAL
Una comunidad
que se organice bajo la óptica de la democracia
ambiental deberá considerar como eje fundamental el
desarrollo de la tolerancia y la humildad. De ese modo,
aprenderá a reconocer las reacciones de los y las demás
demás como opiniones validas que deben ser consideradas
en el proceso de la toma de decisiones.
Si es que la
especie humana es, como dice, una especie con capacidad
de raciocinio, debería considerar la desaparición de dos
obstáculos para la comprensión del medio en general: los
estereotipos y los prejuicios, que no son sino imágenes
usualmente distorsionadas de realidades que no conocemos
cabalmente.
Sólo
entonces, se podrá hacer diagnostico real de las
necesidades del ambiente considerando cada uno de sus
componentes, y las relaciones que ya existen entre
ellos. Si se conociera mejor estas interrelaciones,
entonces se tendría una visión más amplia del ecosistema
en el que estamos inmersos: la especie humana es,
finalmente, parte de ese modelo.
Con toda esta
información, entonces procederemos a la elaboración
de planes. Si en el diagnostico hemos considerado
todos los elementos, no es lógico pensar que en esta
etapa, la inclusión para participar es también integral:
nadie debe quedar fuera.
Una vez que
se determinen las prioridades y los modos de proceder,
se plantearan objetivos, para pasar a la ejecución.
Posteriormente se evaluara si es que la decisión
y los objetivos planteados fueron realmente los
correctos, considerando, como siempre, a todos los
elementos e individuos que conformen el ecosistema.
Como se verá,
el concepto de democracia ambiental es en realidad
diferente de la democracia participativa y aun de la
representativa, pero las incluye como parte del proceso
de toma de decisiones. De hecho, en cada nivel de toma
de decisiones debe asumirse la representatividad de la
delegación de liderazgo para realizar una ejecución
eficaz; pero, desde que hay un sentido de equidad para
todos los componentes, todos los niveles tienen igual
grado de importancia.
No es
necesario crear nuevas instancias de gobierno que
garanticen el éxito de este sistema; simplemente, hace
falta cambiar de actitud y ser abierto a todas las
perspectivas, ya que finalmente, la especie humana es
sólo una parte de toda la comunidad del bioespacio que
llamamos Tierra.
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