Detectives de piedras

Tres años después de llamar la atención sobre restos arqueológicos en Malingas, se comienza a obtener respuestas.


 

Luis Correa Castillo y Nelson Peñaherrera Castillo

 

 

 
 

COORDINADORES DE PROYECTO, FACTORTIERRA

 

 


 

 

 

MALINGAS, Piura- Hay piedras regadas por toda la comunidad de Malingas, y todas ellas tienen una historia que contar. Hay rocas talladas, huellas en bajo relieve e impresionantes petroglifos sobre los que se empezaron a tejer relatos de luces que bailaban en el cielo como señalando su ubicación en medio de la noche.  Normalmente, la población de la zona solía prestar oído a estas historias y transmitirla de generación en generación con un toque de leyenda.  Eventualmente las historias se han ido diluyendo y olvidando, para darle paso a otras que se cuentan vía satélite y que le hablan a la gente de realidades muy lejanas, y en muchos casos poco edificantes para la preservación de su identidad local.

 

A mediados del 2006, por este mismo medio, anunciábamos la existencia de varias localizaciones donde se conservaban intrigantes petroglifos, donde al ojo moderno, se podía contemplar una gran estrella a manera de sol, con una suerte de pies orientados de este a oeste. En aquella oportunidad, se concluía pidiendo la colaboración de especialistas que pudieran revelar el misterio, y darle una visión científica a la explicación legendaria de los antiguos habitantes de Malingas.

 

Siglos olvidados

La comunidad de Malingas se ubica en el sector sur este del distrito de Tambogrande, en la provincia de Piura. Se extiende desde las orillas del río Piura hasta los primeros pisos de la Cordillera de Los Andes y desde la quebrada de San Francisco hasta el actual e indefinido límite con el distrito de Chulucanas en la provincia de Morropón.

 

Estamos hablando de unos 400 km2 donde se asientan 20 comunidades y unas 10,000 personas dedicadas a la agricultura y a la ganadería menor. Estas actividades pudieron haberse desarrollado desde hace muchos siglos a juzgar por una red de petroglifos alineados a lo largo de la quebrada de San Francisco. Además, lejos de ella, en la zona de Alto Malingas, se hallaron en los últimos años, restos de cerámica sobre los que no hay ninguna explicación.

 

Los lugares mejor conservados están en los caseríos del Guaraguaos Alto, El Carbón y Platillos. En los tres lugares hay petroglifos, pero en el último se ha utilizado una roca enorme como una gran mesa ceremonial.

 

Las únicas referencias documentadas de Malingas, la señala como uno de los tambos o escalas del camino inca de la Costa. Varios historiadores, compilados por Miguel Seminario Ojeda en “Historia de Tambogrande”, sostiene que el trazo que venía de Pabur, pasaba por Yapatera, subía a Paccha, y entraba a Malingas, para luego dirigirse a Bonapira, Pelingará, y enrumbar hacia el actual Lancones.

 

Investigaciones más recientes fueron realizadas por Anne Marie Hocqenghem, y se concentraron en la infructuosa ubicación del Tambo Malinche, que correspondería a Malingas actual. La historiadora ha dado varias pistas sobre el lugar probable pero no se ha podido acertar, por lo menos, un vestigio que dé una respuesta al enigma.

Fuera de ello, el Instituto Nacional de Cultura ha realizado visitas periódicas; pero, de acuerdo a un lugareño, solo se han limitado a llegar, tomar datos y retirarse de la zona. Después solo hubo silencio histórico.

 

Volteando piedras

Lo que sí está relativamente bien documentado es el pasado colonial de Malingas, que consistió en el sucesivo pase de manos entre varios descendientes de los conquistadores españoles que reclamaron su derecho a un pedazo de tierra, hasta que en el siglo XX llegó  la colonización San Lorenzo y fraccionó la antigua hacienda Malingas en todo un Valle donde hoy se cultiva mango de exportación. Con esta visión, el Comité de Desarrollo Zonal de Malingas ha emprendido la labor de hacer más visible su comunidad, y para ello convocaron a FACTORTIERRA con la finalidad de elaborar una estrategia que posibilitara exponer sus potencialidades.

 

Desde mayo del 2009, se comenzó un trabajo de investigación, por supuesto, incluía reconstruir la historia pasada de la comunidad. Hasta 1542, las cosas estaban relativamente claras; pero de ahí hacia atrás, no se tenía más que piedras. Los sucesivos meses fueron de contactos y gestiones para que especialistas se acercaran a la zona y dieran una respuesta, que, al menos, permitiera tener una explicación consistente sobre quiénes las hicieron, con qué finalidad y cuándo.

 

 Nadie parecía estar interesado, hasta que el arqueólogo César Astuhuamán escribió para decir que podía tomarse un día para visitar la zona y apoyar en ese esfuerzo. Este especialista ya tenía experiencia estudiando los restos arqueológicos existentes a lo largo de la Cordillera de los Andes entre las provincias de Ayabaca y Huancabamba, y en 2005, mientras realizaba sus estudios de especialización en Inglaterra, publicó una serie de artículos donde se sustentaba todo el potencial arqueológico de la zona donde hoy se ubica todo el complejo de las Huaringas y los bosques circundantes.

 

El 8 de noviembre pasado, Astuhuamán, algunos dirigentes de Malingas y un equipo de FACTORTIERRA se concentraron en los restos de Guaraguados Alto, El Carbón y Platillos, para intentar obtener las primeras respuestas. Todos quedamos sorprendidos al saber que por lo menos dos de esas ubicaciones están perfectamente orientadas a varias piedras ceremoniales que terminan en los picachos de la Cordillera de Los Andes, que se puede ver desde todos estos lugares con mucha facilidad.

 

Estos son los llamados seques (o líneas imaginarias), que conectaban puntos ceremoniales entre sí, o con apus determinados, que para el caso de Malingas pudieron ser los cerros de Frías, El Vicús o el Pilán.  Pero lo que realmente interesó a Astuhuamán fue Platillos, que debe su nombre a centenares de pocillos esculpidos sobre una gran roca, que se eleva unos 10 metros por encima del nivel del suelo.

 

La gente dice que, como los posillos son perfectamente circulares, fueron hechos por pequeñas luces que acostumbraban sobrevolar el lugar. Para Astuhuamán, en realidad se trataría de un simple movimiento hecho al frotar una piedra bajo la que se han colocado varios granos de arena. Al darle vuelta repetidas veces, se obtiene un hueco sobre la piedra por simple abrasión.

 

A esto se agrega que en Platillos, pudo ubicarse un  pequeño templo; pero el especialista no se explicaba por qué tenía que estar exactamente allí. Para despejar sus propias dudas, regresó el pasado 5 de diciembre en compañía del arqueólogo Daniel Dávila, para determinar que este pudo haber sido uno de los puntos conectados por el camino inca de la costa.

 

En efecto, Astuhuamán y Dávila dicen que esta vía usualmente tomaba como puntos de encuentro antiguos adoratorios indígenas. Ese mismo día se pudo detectar el posible trazo que aparentemente comenzaba por el lado de El Carbón, llegaba a la antigua hacienda Malingas (hoy San Marín de Malingas), pasaba a Paccha luego a Platillos, y de ahí debió dirigirse hacia Yapatera a través del actual Río Seco Bajo y Sancor.

 

El mismo Astuhuamán ha advertido que esta visita no es concluyente, y que en realidad ha abierto una línea de investigación para explicar a profundidad qué significan todo los restos que se encuentran a lo largo de Malingas, ya que muchos de ellos, aunque hayan sido conectados por los incas, no pudieron haber sido construidos por ellos, sino por gente que pobló la zona mucho antes, y esa es la incógnita que se busca resolver.

 

Más preguntas.

La visita de los arqueólogos a Malingas equivale a lo mismo que reabrir y desempolvar el libro más antiguo de una biblioteca.

 

Por lo pronto, ya hay un lugar donde pudo ubicarse el Tambo Malinche. Este se hallaría entre el actual CP 8 y la carretera hacia Cruz Verde, pero un estudio de aerofotografía y prospección satelital podría descartar o confirmar tal posibilidad. Tengamos en cuenta que la actual Colonización San Lorenzo se ubica sobre la zona y no sería posible detectar construcciones en tierra ya que están cubiertas por cultivos.

 

Ya se tiene claro que los petroglifos existentes en la zona tuvieron fines ceremoniales, probablemente para pedir cosechas abundantes, en una zona donde antes de San Lorenzo, solo se dependía de las lluvias y los acuíferos serranos. Lo que sigue sin determinarse es quiénes los hicieron y cuándo, ya que no hay evidencia que las culturas de la Costa trabajaran la piedra, o que los incas dejaran inscripciones en espacios o piedras aisladas.

 

Alto Malingas tiene varios lugares donde la gente sigue hallando restos de cerámica y piedra tallada; pero la referencia más intrigante es que un convento fundado durante el siglo XVI, fue promovido por las hijas de Catalina Illaqtanga, la misma descendiente indígena a la que se concedió el privilegio de poseer tierras en el actual distrito de Ayabaca. Hace falta saber si se trata de la misma persona o era un nombre genérico asignado a las hijas de los caciques indígenas, que gobernaron antes de la conquista.

 

Se sabe también que en 1578, un mega Niño arrasó la zona y la reducción indígena de San Sebastián de Malingas; pero los documentos son poco claros sobre su actual ubicación.

 

Hay mucha historia por desenterrar y comprender en este lugar, pero la ventaja de la población, es que ahora ya tienen personas interesadas en saber más y transmitirles esta información: Astuhuamán ya ha ofrecido enviar más investigadores a partir de enero próximo.

 

 

      


 

Esta investigación es coproducida por el Comité de Desarrollo Zonal de Malingas y Factotierra. Versión editada por David Flores y Nelson Peñaherrera. La exploración del camino Inca fue apoyada por el Programa Rural Fe y Alegría Nº 48