La bella
y la bestia
Quien
pensó que las asignaciones de Factortierra son
aburridas se equivocan… he aquí la odisea de nuestra
ultima odisea…
Juan Félix Céspedes Cortes
Factotierra
 |
| Un bello atardecer en la ciudad de
Huancabamba. Esta foto ni a Nelson se le
hubiera ocurrido. |
Eran las
6 de la tarde del día 23 de Octubre, estaba saltando
de alegría y la emoción me embargaba ya quería
conocer Huancabamba, aunque tenia el miedo que me
ocurra lo que tanto temo, devolver en el viaje. Para
eso ya parecía astronauta de tantas cosas que
llevaba en mi equipaje, aunque Liliana me supera
pues llevaba tres veces mas el equipaje de todo el
grupo incluido su balde para sus quesitos que
traería de Huancabamba, hasta yo mismo dudaba de vez
en cuando de si lleva ropa o simplemente traía de
equipaje toda mi casa con mascota incluida.
En fin,
junto con Liliana, Candy, Alex, Nelson, Alan y este
humilde servidor nos embarcamos en el bus que nos
llevaría al cielo. Mientras esperábamos que el resto
de personas suban al bus y partiera a Huancabamba
nos acomodamos en los cómodos asientos del bus yo
por supuesto con cosquillitas en el estomago de la
emoción, aunque en verdad no se si era emoción o
preocupación de enterarme en ese instante de que el
dichoso bus no tenia baño, de haber sabido traía mi
pañal ni modo, aguante vejiga.
Y empezó
la marcha con rumbo a Huancabamba, el bus salio del
Terminal y encendieron el televisor para que vean la
típica película que para variar era en ingles y con
letras diminutas. Siendo un gran exponente y
conocedor del ingles lo único que entendí de la
película era cuando decían OK.
Todo iba
tranquilo sin prisa y con calma cuando de pronto el
bus empezó a perder velocidad, ¿Qué paso? Me
pregunte, me asome a la ventana y vi que la pista
terminaba y empezaba un camino rustico sin asfalto.
Eso era indicio que estábamos cerca para empezar la
subida a Huancabamba. Habíamos entrado a una especie
de bosque, me encanto la belleza de lo poco que
podía ver del paisaje pues eran 8 y algo más de la
noche.
Como niño
bueno que le gusta hacer su tarea le pregunte a
Nelson y Liliana por el paisaje que observaba, ellos
muy amables me respondieron acerca de ese bello
paisaje, lo malo que de todos los nombres que me
dijeron y la explicación tan científica que me
brindaron solo entendí que era una especie de bosque
aunque con mi rostro expresando sabiduría y
serenidad respondía a todos sus comentarios con un
“ah que interesante.”
Hicimos
una pequeña primera parada, la verdad no se como se
llamaba el sitio, lo primero que hice fue bajar del
bus mas rápido que el correcaminos para darle alivio
a mi vejiga. Ah…..descansó mi alma, pensé.
Otra vez
en marcha, empecé a ver como iniciábamos la subida
poco a poco se asomaba el imponente abismo,
obviamente me orinaba de miedo, pero no solo era
miedo, sino que también sentía esa emoción, esa
adrenalina de observar el gran abismo.
 |
| Aunque parezca no soy ese angelito, el
parecido es único pero no se confundan, por
favor sin embargo lo pueden encontrar en la
Plaza de Canchaque. A mi, en mi casa. |
Los
Ángeles de Charqui.
Después
de ese maravillo espectáculo que era algo
preliminar, llegamos a la ciudad de Canchaque. Aquí
el bus se detiene para que los pasajeros coman algo
o usen el servicio higiénico, era de esperarse que
yo necesitara la segunda opción.
Después
todo el grupo se dirigió a la plazuela de Canchaque.
A tomar aire y obviamente a conocer algo que era
nuevo para casi todos salvo para Alan y Nelson que
ya lo conocían. Nelson nos volvió a sorprender con
sus amplios conocimientos sobre la historia de esa
plazuela que nos pareció muy interesante y esta vez
si entendí. En medio de la plazuela había un
angelito en un pilar y este dentro de una pileta de
agua.
El aire
que se respira es de tranquilidad como cuando es fin
de mes y pagaron ya (¿?), un lugar tranquilo donde
nada te puede perturbar, se respiraba una paz
intensa, claro yo las disfrutaba acompañado de mis
granadillas que había comprado y que estaba
compartiendo con el grupo, que era lo único que
había comido pues por el temor de vomitar no había
comido nada aun, a pesar de la presión de todos que
constantemente me decían “come”.
Para
variar salen a flote el talento escondido de Candy
con respecto al modelaje, no se si seria talento
escondido o deseo frustrado, lo triste es que
también me contagio con eso. Así que también saque
la cámara y a tomarse fotos. “Haber todos miren el
pajarito.”
Nuevamente en marcha eran cerca de las 11 de la
noche y empezamos nuestro tramo final hacia
Huancabamba. De rato en rato miraba por la ventana y
solo veía un gran abismo oscuro y sentía como mis
oídos se taponeaban por la presión atmosférica yo
pensaba que era por la poca costumbre de bañarse.
Entre ese
juego de ver por la venta y cerrarla me quede
profundamente dormido hasta que ya habíamos entrado
a la ciudad de Huancabamba. Al fin, digo por fin
había llegado a Huancabamba, el lobo solitario
estaba en Huancabamba. Con mucha emoción pero mas
que emoción cansancio y frió pues eran las 3 de la
mañana. Con todo el equipo y equipaje en mano
empezamos a caminar hacia el hotel, que estaba a
menos de una cuadra del Terminal, “Liliana lleva tus
cosas”.
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