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Sólo para valientes

 

FACTORTIERRA integra una expedición a la poco accesible Laguna Negra, naciente del Río Quiroz, y descubre más misterios de los que la gente se atreve a contar.

 

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Otra vista de la Laguna Negra, que debe su nombre al color de las piedras que forman su lecho. A decir verdad, las aguas de la laguna son transparentes pero frías, muy frías, pero aún así la gente busca sus aguas para obtener salud, dinero, amor... o poder.

 

La hora del baño

Cuando terminamos de examinar la última piedra, retornamos a nuestro camino, y casi de la nada (definitivamente era el cansancio) apareció la Laguna Negra. Estaba a poco menos de un kilómetro más allá, pero para llegar teníamos que bajar a un pequeño valle y volver a subir a un promontorio donde ésta se ubica, encerrada entre cuatro picachos.

 

Entonces me doy cuenta que no habíamos tenido mal tiempo, y que el sol saltaba de nube en nube, tratando de darnos calor. La última vez que vine a una de la Huarinjas, hace tres años, simplemente entré y la laguna se llenó de nubes. El guía de ese entonces me dijo que siempre antes de ingresar a estos lugares sagrados, es necesario realizar una ofrenda a la tierra.

 

Se lo comente al grupo, y el guía decide realizar una pequeña ceremonia de pago con un poco de cañazo y Agua de Florida que habíamos llevado; toma unos sorbos y la esparce a los cuatro puntos cardinales como si fuese un aspersor: este es el famoso Shingado.

 

El hiper sensible Juan nos confiesa que no estamos solos; entonces Enzo eleva una plegaria ecuménica al eterno binomio de estas tierras: el Creador y la Mamá Pacha. A las dos de la tarde, llegamos a la orilla de la laguna. Corría un poco de viento, pero Enzo  y Juan ya se estaban desvistiendo y preparándose para participar en una ceremonia de bendición en las aguas heladas, presidida por nuestro guía, quien fungiría como chaman.

 

Carmen fue la siguiente muy a su pesar; casi a rastras, fui el próximo, y confieso que hay que tener mucha adrenalina para sumergirse de cuerpo entero en el agua helada. Tus sentidos te dicen que podrías morir de hipotermia pero tu corazón te pide ser parte del ritual y poner tu cuerpo en contacto con este fluido vital.

 

Cuando regresé a la orilla, semi desnudo, todavía no asumí que había sobrevivido a cinco grados de agua helada, y ahora me entregaba al viento frío de la sierra para ser uno solo con el resto de la naturaleza.

 

Carlos, que había tenido un leve ataque de mal del altura, fue el ultimo en meterse tras continuos ruegos, y luego se sentó junto con el resto del grupo a tomar el viento frío en la orilla.

 

Fue allí cuando nuestro guía explico un detalle que nos convenció que no se trataba de una simple laguna, sino de un ser con alma. A medida que ingresábamos y salíamos del agua, la neblina sobre ella, se despejaba o se amontonaba, y esto era un indicador de salud o enfermedad de cada bañista, lo cual permitía un diagnostico rápido de los males físicos y espirituales de cada cual.

 

Cuando regresemos a está zona, utilizaremos tracción animal para poder llegar a nuestro destino sin tanto inconveniente; de ese modo podremos entender mejor cuál es la importancia de este ecosistema en la generación de agua para Pjura.

 

Sobreviviente

El plan mío y de Carlos era subir a la laguna tomar algunos datos y regresar esa misma tarde a Huancabamba, o esperar al resto del grupo en Salalá; Enzo y el resto habían llegado con la intensión de pasar la noche. Entonces le invitaron a quedarse con ellos.

 

Esta fue una de aquellas raras ocasiones en las que mi compañero termino accediendo, y no tuvimos otra que ser parte del campamento. El detalle era que nuestras bolsas de dormir se habían quedado en Huancabamba y no estábamos preparados para pasar la noche en estas condiciones.

 

Cerca de la laguna, un lugareño y su esposa tienen una choza donde venden comida y un cobertizo donde los comensales pueden sentarse y descansar. A última hora, coordinamos con un arriero para que nos llevara unos tres caballos para poder salir al día siguiente.

 

Tras comer, decidimos arreglarnos para pasar la noche con el poco abrigo que teníamos disponible. Algunas pequeñas lloviznas se habían presentado y el frío comenzaba a intensificarse.

 

Justo al oeste de la Laguna Negra hay una especie de valle en forma de U, por donde se precipita una pequeña corriente de agua que mas abajo forma el Río Quiroz. Este valle desemboca en un precipicio desde el que se puede ver la Cordillera donde se encuentran la ciudad de Ayabaca o las Ruinas de Aypate, y entiendo la predilección de los pueblos andinos por venerar las alturas.

 

A las siete de la noche, todo estaba oscuro, y justo sobre la superficie de la laguna comenzó un extraño espectáculo que nos sorprendió. Luces de fuertes colores comenzaron a elevarse y ya estaban sobrevolando todo el sector del valle e incluso rodeando el cobertizo bajo el que intentábamos protegernos de una violenta lluvia que acababa de desatarse.

 

El baile de las luminarias duró unas tres horas y nos dejo perplejos, sabiendo que no podíamos salir a ninguna parte ni comunicarnos con nadie ya que nuestros equipos simplemente no tenían señal. Por miedo pedí que no se fotografiara nada de esto, pero era evidente que algo estaba pasando justo frente a nosotros.

 

Intentamos dormir sin éxito en medio de la lluvia y el frío hasta que amaneció, pero ni seña del arriero ni los animales que habíamos pedido.

 

Cuando nos preparábamos para salir de allí a pie (a pesar de todo), apareció el señor junto a otras dos personas, nos acomodaron y comenzamos el camino de retorno.

 

Nos tomo solo un par de horas volver a Salalá; el resto, que había venido a pie, llegó una hora después.

 

Cuando volvimos a la camioneta rural que habíamos separado desde Huancabamba, la gente del lugar pasaba junto a Carmen, Carlos y yo, mirándonos como extraterrestres, pero nadie se atrevía a preguntarnos nada.

 

Ya se había corrido la voz en el pueblo que un grupo de personas desconocidas había ido a pasar la noche en la Laguna Madre para tomar contacto con las extrañas luces. Sin embargo, nadie se atrevió a preguntar; solo un hombre con un fuerte aliento a celebración se acerco y nos dijo que nosotros éramos especiales y que habíamos sido elegidos para proteger la laguna. Tratamos de despedirlo amablemente pues lo único que teníamos en ese momento era cansancio. Se aproximaba el medio día del Viernes Santo católico.

 

No es la primera vez que la gente de esta zona se topa con los bólidos, los que suelen ubicarse en sitios aparentemente estratégicos, incluyendo el lugar donde la mítica ciudad dorada de Chicuate parece estar hundida.

 

Esa noche ya devuelta en Hunacabamba, me puse a pensar que, efectivamente, nuestra tarea era difundir y proteger lo que esta laguna representa. En la cama del costado, Carlos era preso de continuas pesadillas, las que no lo dejaron dormir por el resto de esa semana….

 

Falta mucho por explorar en las alturas de Piura. Lo poco que conocemos nos ha ayudado a entender que todos los ecosistemas de esta región se interconectan y dependen uno del otro. Pero eso es apenas el inicio.

 

La Asociación de jóvenes ecologistas de Huancabamba colaboró con la producción local de esta historia. Producción adicional por Lucía García en Sullana.

 

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Está página está auspiciada por el Colectivo Piura, Vida y Agro -  Godofredo García Baca.

Las fotos de esta historia se encuentran disponibles para que las envíes como postales electrónicas; entérate aquí.

 

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