 |
| Muchos tejidos tradicionales aún se siguen
realizando con esta técnica artesanal. |
DOCUMENTO
Sullana
18/11/2006 09:00:27 -0500)
– La alfarería y los telares son, al menos en Piura, algunas de
las manifestaciones culturales que se han mantenido en el tiempo
y han podido llegar hasta nuestros días; pero, el riesgo es que,
a medida que, incluso los artesanos, miran a la
industrialización como una salida más rápida y económica,
también se pierde la esencia de cada manifestación.
 |
| Este tipo de tejido aún se realiza en los Andes de
Piura (rectángulo blanco en el mapa). |
La alfarería ha
recibido mayor promoción que los telares. En efecto, una
reciente iniciativa presentada por la congresista
Marisol Espinoza
promueve que la
Cerámica de Chulucanas
obtenga su denominación de origen. Los textiles aún esperan,
siendo las manifestaciones más visibles y primorosas que el
poblador andino de Piura puede crear.
 |
| Los pocos artesanos que conocen la técnica, como la
de la foto, se vieron forzados a migrar a otros lugares. |
|
Este reportaje fue escrito como parte
del proyecto escolar del área de Industria del Vestido
del colegio Miguel Cortes, que quedó en segundo lugar en
la etapa provincial de la Feria de Ciencia y Tecnología,
de este año, en Sullana. El proyecto y la producción de
la investigación fue auspiciada en parte por nuestra
red. |
No hay ninguna
protección legal sobre la propiedad de jergas, ponchos,
alforjas, talegas… pero el esfuerzo es ampliamente apreciado por
quienes buscan estas prendas, e incluso, las usan.
Herencia de
tejedores
Aún es posible ver a
pobladores de las zonas altas de Piura lucir ponchos. La prenda
no ha sufrido ninguna variación desde la época de los Incas,
cuando se supone que fue creada o desarrollada.
Los ponchos son muy
abrigadores y útiles en casi cualquier faena de campo; incluso
fungen como protección contra la lluvia.
Confeccionar uno de
ellos puede tomar hasta una semana, nos comenta una artesana de
la zona de Cujaca (Ayabaca), pero que por buscar un mejor estado
de vida, migró a Sullana, para encontrar algo peor.
Ella proviene de
familias que por siglos se han dedicado a este arte. El rastreo
de algunos investigadores señala que la tribu ayahuaca, que tuvo
su núcleo principal entre los valles de las quebradas Mangas y
Olleros, al este de la ciudad de Ayabaca, era apreciada por sus
trabajos en alfarería y textilería.
El descubrimiento del
Señor de Olleros,
que ahora se sabe, es contemporáneo del Señor de Sipán, no sólo
sorprendió a los investigadores por la manera de enterrar a los
muertos, sino por tejidos de algodón nativo que a pesar del
tiempo no perdieron su resistencia ni su color. El fragmento
hallado aún se puede ver en el Museo de Ayavaca, en pleno centro
de la ciudad.
En realidad, Cujaca y
la vecina Tacalpo eran los centros de producción artesanal por
excelencia. Tacalpo viene de Tacarpo, el nombre quechua
con que se denomina al telar y a la técnica. Incluso hay otra
comunidad en los alrededores que aún conserva este nombre.
En el vecino valle de
Aragoto, también solían producirse hermosas jergas, una especie
de grandes tapetes con los que se cubren muebles sencillos como
bancas o poyos. Cada semana, o cada quincena, campesinos y
arrieros de esa zona y los del valle de Olleros, subían hasta
Ayabaca para ofrecer su producción, que incluía correajes para
los animales de carga, alforjas, talegas y hasta peleros, una
prenda especial que se coloca en el lomo del caballo para que
jinete y animal se sientan más cómodos.
 |
| Los tiempos expresan la duración promedio de cada
proceso. Éste se explica a continuación. |
El proceso
Todos los trabajos
textiles se obtienen mediante los telares de cintura, comúnmente
llamados telares a cungalpo por el pedazo de madera con
horquillas en sus extremos que permiten entramar el tejido.
 |
| Hilado. Uno de los alumnos que participó en el
proyecto recrea esta tarea. |
El proceso es lento y
laborioso. Comienza con el hilado que se obtiene tras esquilar
una oveja, o cosechar alguna fibra vegetal como el algodón. Una
vez que se obtiene un copo de esta materia, comienza el proceso
del hilado, es decir, convertirlo en una hebra firme con la que
se forma un ovillo. Es aquí donde, si se desea, se puede teñirlo
con ciertas resinas vegetales e incluso arcillas de colores.
Entre hilar y
ovillar, el proceso pasa por manos de casi toda la familia,
especialmente los esposos, pero es la madre, la directora del
proyecto, por decirlo así.
Esta parte puede
llevar días, y es común ver a las mujeres de las zonas altas,
caminar con sus copos en las manos, hilando. Dicen ellas que es
una excelente distracción.
 |
| Urdiembre. La artesana dispone las estacas en el
suelo. |
Con los hilos
obtenidos se comienza la urdiembre. Se disponen cuatro estacas
en el suelo, formando un trapecio irregular, y se comienza a
pasar el hilo de tal manera que se cree una especie de pre-tramado
llamado sombra. Esta es crucial para luego ir acabando el
producto. Es aquí cuando se decide el ancho de la prenda, y si
esta tendrá listas (bandas de colores en contraste) o sólo un
color plano.
 |
| Illaguado. El paso previo al tramado. |
Una vez que se ha
urdido, se sacan los hijos con sumo cuidado y se dejan listos
para tramarlos; previamente, el hilado es illaguado, es
decir, es separado entre sí, de tal forma que al pasar el hilo
de la trama se haga de forma ordenada y no quede ninguna hebra
suelta. Usualmente el hilo con que se illagua es de
distinto color al del producto para no perderlo de vista.
 |
| Tramado. El tejido comienza a tomar forma final. |
En el tramado, un
hilo pasa entre las dos porciones del hilado principal,
asegurándolo; y así se continúa hasta terminar todo el largo del
producto. Si se trata de una jerga pueden ser unos días, pero si
es un poncho puede tomar hasta una semana. Al terminarlo se le
pueden incorporar ribetes o bordados, pero ese es un proceso
aparte.
 |
| Uno de los riesgos es la pérdida de la tradición.
Estos alumnos del colegio Miguel Cortés de Sullana
buscaron ver la manera de promover su continuación. |
¿Adiós, generación
de tejedores?
Hasta hace una década
era común ver a mujeres con sus telares a la cintura, sentadas
sobre el suelo, trabajando coloridas prendas. Era una estampa
típica de cualquier viaje desde Piura a Huancabamba, o desde
Sullana a Ayabaca.
Los usos urbanos de
la costa han quitado el interés a la gente en seguir cultivando
la costumbre, al punto que se ha vuelto raro ver la confección
de estos productos.
Recientemente, la
Municipalidad de Frías (Ayabaca), en alianza con la ONG Cepeser,
ha organizado a las mujeres de las comunidades para incorporar a
la textilería artesanal como una actividad productiva,
enlazándola con la ganadería, y todo el proceso es absolutamente
natural, no hay químicos ni trucos.
En Ayabaca,
productores trabajando en forma aislada, al este de la ciudad,
siguen realizando las prendas, pero de forma muy restringida. El
narcotráfico ha provocado que muchos de ellos “migren” a otro de
actividad más rentable, o migren de la zona hacia la costa.
En Huancabamba, se
siguen apreciando las hamacas y los ponchos de Sóndor, pero,
como en Ayabaca, son unos cuantos productores los que luchan por
seguir cultivando la tradición. El tema es que esta generación
podría ser la última en hacerlo.
A pesar de ello, uno
no puede dejar de apreciar los telares: destreza, paciencia,
estética, durabilidad, resistencia… ¡Es increíble lo que puede
lograr la creatividad de nuestra gente andina!
Con
informes de Margarita Rosa Vega en Frías y Piura, Mario Tabra en
Ayabaca y Verónica La Madrid en Huancabamba.
|