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| David en Punta Sal, Tum. A pesar de la modernidad
(¿ven la antena?), la naturaleza se resiste a ceder espacio.
(El resto de fotografías de esta
historia fueron tomadas en la misma locación) |
Sullana (12/10/2006 12:32:55 -0500)
- El miércoles nueve de agosto,
Tania y Javier me recogieron como a las tres de la tarde para irnos
a conocer las playas de Talara.
Pero finalmente terminamos llegando a
Punta Sal, Tumbes, donde nos quedaríamos por tres días.
No recuerdo la hora exacta cuando
llegamos, pero era ya de noche y sólo dimos una pequeña vuelta de
reconocimiento, para luego cenar e irnos a descansar.
Volví a despertar a las siete de la
mañana, y luego del desayuno, el sol y la playa eran todos nuestros.
El sol, en realidad, recién apareció a
mediodía, pero salio con fuerza. La playa es muy limpia y cristalina,
parece una laguna de agua tibia
Se puede caminar 50 metros mar adentro y
el agua apenas llega a la cintura.
No se
admiten humanos
Los primeros en ingresar fueron Tania y
Javier, quienes recibieron una bienvenida no muy agradable por parte de
una raya, quien al parecer no deseaba visitantes ese día.
Cuando la raya pica, inyecta un veneno que
causa dolor y enrojecimiento de la piel por dos días. Siempre lo hace
cuando se siente amenazada.
Cuando ingresé, la raya también me pico,
pero no la pude ver; sin embargo no logró hacerme mucho daño. Solo me
provoco dolor y adormecimiento parcial en el tobillo, el cual paso con
el transcurrir de la tarde.
Esta playa es muy limpia, muy tranquila,
se puede nadar libremente. Las olas no son tan fuertes. En realidad,
parece que estuvieras sobre una hamaca meciéndote de un lado a otro. Es
muy relajante y delicioso.

A
merced del cielo
A las cuatro se nos acabó el agua.
Tuvimos que viajar hasta el puesto de control de Cancas, Tumbes, para
comprar más, además de otras cosas.
Regresamos muy rápido para poder ver el
ocaso y tomarnos algunas fotos; pero grande fue nuestra sorpresa cuando
llegamos, pues el cielo estaba cubierto y no se pudo observar nada. Será
para la próxima.
Regresamos al campamento y preparamos la
leña para la fogata de la noche.
El cielo se despejó, tanto que se podían
ver todas las estrellas, que brillaban con gran esplendor. Éramos
pequeños ante el universo.
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| Aunque no lo crean, la profundidad del agua era
esta. ¿Terapia para relajación? ¿Por qué no? |
Filosofía medioambiental
Durante la mañana del día siguiente, se me
ocurrió ir un poco mas allá de donde estábamos y pude ver unas
formaciones rocosas que habían sido dejadas al aire libre por el mar,
pues éste se había retirado muchos metros debido a la marea baja.
Las formaciones que se podían observar
eran tan hermosas que una vez mas pude darme cuenta de cuan bella es la
naturaleza y cuan crueles somos todos nosotros, de una u otra manera
dañamos tan bellos lugares.
Ese día regresé a Sullana. Dejé atrás
aquellas playas de arenas blancas y limpias, aquel viento freso que
recorría nuestros rostros, aquel sol y aquella noche despejada.
Me preguntaba si ese lugar que ahora es
tan bello, se conservará siempre así.
Durante casi todo el camino de regreso
tuve la compañía del sol, que parecía despedirse de mi.
Llegué a las siete, y me esperaban
Giulliana, Isabel y Darío.
Me sentía reconfortado por lo visto.
Recomiendo esos lugares, en realidad, agradezco que me permitieran
conocerlos, pero sigo pensando en qué pasaría si se destruyeran.
Tomemos conciencia de la vida pues este es
nuestro mundo, aquí vivimos y aquí vivirán nuestros hijos y los hijos de
nuestros hijos.
David Villanueva es ingeniero de sistemas
radicado en Lima. |