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Organización
| Un buen diagnóstico
Simirís, Piura – Hace un par
de años que Hildebrando Pedemonte, un viejo ganadero del pueblo de Simirís, en
la
provincia de Morropón, Piura, se embarcó en un proyecto de mejoramiento de
vacunos.
Nadie le aseguró que sería un éxito,
pero es consciente de que debe arriesgar para obtener, en otro par de años más,
los primeros frutos de su inversión.
“Pienso seleccionar vacas para leche
y carne”, piensa. “Esa es la esperanza de uno”.
Pedemonte y su hijo han comenzado
esta experiencia junto con una media docena de otros ganaderos del pueblo.
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| Lugares donde opera el proyecto de
mejoramiento de ganado. |
El proyecto consiste en mejorar
vacunos mediante la introducción de especies resistentes a la sequía, que
actualmente afecta a los Andes de Piura, y a la rusticidad de los pastos de la
zona, que combinan especies locales y foráneas con la finalidad de promover su
permanencia a pesar de las condiciones de tiempo más adversas.
En este caso, se seleccionaron
ejemplares de la raza Brown Swiss, traídos del departamento de Amazonas
(centro norte de Perú), que son más sencillos de manejar y reproducir.
En colaboración con la Municipalidad
de Santo Domingo, han logrado que las vacas madre sean inseminadas
artificialmente para obtener la primera generación de terneros que en el futuro
proporcionen leche y carne.
Dicen los especialistas de la
municipalidad que al obtener crías mejoradas genéticamente, la calidad de ambos
productos mejora con cada nueva generación.
“En promedio, en las invernas, deben
producir unos 12 litros de leche”, según cálculos de Orlando Peña, un técnico en
inseminación que trabaja para la Municipalidad de Santo Domingo, y que asesora y
supervisa a los ganaderos de Simirís.
Por lo pronto, don Hildebrando ya
tiene una vaquillona (vaca joven) de casi un año, que se cría con pastos
naturales en las laderas del pueblo. Si la visión de ganaderos y municipales, no
decae, en un par de años más comprobarán si su esfuerzo realmente valió la pena.
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| Los vacunos mejorados se adaptan a la
rusticidad de los pastos para incrementar la producción de
carne y leche, como estos jóvenes ejemplares cerca del pueblo
de Santo Domingo, Morropón. |
Los Andes de Piura –como casi toda la
región montañosa del Perú—tienen muy poco apoyo del gobierno nacional, por lo
que los niveles de pobreza son relativamente altos.
Sin embargo, también es una zona
donde no existe una política coherente de aprovechamiento de todos los recursos
naturales, los que debidamente explotados y administrados pueden mejorar las
condiciones de vida de los campesinos, que es el grupo población más numeroso.
Por otro lado, tampoco se promueven
actividades económicas locales con la finalidad de mejorarlas y convertirlas en
generadoras de empleo.
Pero, la visión combinada de técnicos
y ciertas autoridades pueden crear condiciones mucho más justas y prometedoras,
como sucedió en Santo Domingo con el Programa de Desarrollo Ganadero (PRODEGA).
El PRODEGA fue implementado en junio
de 2003 por el
Gobierno Regional de Piura con apoyo del
Fondo Contravalor
Perú-Francia, y originalmente promovido por el
Programa Rural de Desarrollo
Sostenible (PDRS) mediante reuniones de sensibilización.
Un año después, se echó a andar con
la adquisición de los bancos de semen para la inseminación, gracias al apoyo de
las municipalidades de Lalaquiz (Huancabamba), San Juan de Bigote, Morropón,
Santa Catalina de Mossa, Santo Domingo y Chalaco. La meta es beneficiar a un
millar de familias.
Wílmer Quiroga, un ingeniero
zootecnista adscrito al PDRS, sostiene que a diferencia de otros proyectos, aquí
la municipalidad y los ganaderos se encargan de que la iniciativa funcione.
En base a una capacitación construida
por el propio beneficiario, se van identificando quiénes podrían implementar el
programa en sus tierras, cómo y dónde comprar sus insumos, y qué otras
actividades alrededor del manejo de carne y leche se podrían desarrollar.
Por ejemplo, en Simirís, se le
proporcionó a la comunidad, una pequeña planta de transformación de lácteos, que
podría comenzar a funcionar en enero de 2006, para obtener leche fresca y luego
queso.
Si todo sale bien, ellos estarían en
capacidad de vender a los programas municipales de ‘vaso de leche’, para mejorar
la alimentación de niños en edad escolar. Las ganancias se reinvertirían en el
módulo, de tal modo que los ganaderos se conviertan en dueños de su propio
negocio.
“La planta es una alternativa para
abrir otro mercado a la leche”, dice Quiroga.
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| Los productores se agrupan para ir tomando el
control de la mejora del ganado y de actividades
transformativas que abran nuevos mercados, para su beneficio.
Las municipalidades locales les asesoran y monitorean. |
El PRODEGA, a la larga, también busca
que los ganaderos se organicen alrededor de cada municipalidad para poder
mejorar sus estrategias de trabajo.
Solamente en Santo Domingo, uno de
los lugares donde el programa se ha desarrollado con éxito, han logrado reunir a
medio ciento de productores para decidir a quiénes se debe beneficiar, y como se
debe adquirir el ganado, así como qué tipo de pasto se debe implementar en la
zona.
Esta asociación distrital responde a
su vez a pequeñas asociaciones que se crean en cada localidad donde se mejoran
los vacunos.
Finalmente, según el manejo que cada
beneficiario dé a su ganado, veremos ganancias.
Por ejemplo, Fidel Rojas García, un
ganadero que tiene su inverna junto al pueblo de Santo Domingo, espera superar
los 20 litros diarios de leche que le proporciona una de sus vacas.
La perspectiva también animó al PRDS
a tentar con otro tipo de ganado, como los ovinos de pelo, que básicamente
generan carne, y cuyas experiencias se están desarrollando en los pueblos de
Piedra del Toro y Carracuca, ambos en el bosque seco de montaña de Morropón.
“Lo que esperamos es progresar, tener
muchos ovinos, tener más ingresos: los vamos a vender y los vamos a comer”,
promete Rebeca Holguín Correa, una beneficiaria en Piedra del Toro.
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| Los botiquines veterinarios implementados en
algunos pueblos permiten que los ganaderos obtengan medicina a
un precio más razonable. Botiquín en Pambarumbe. |
El carbunclo, la
enteretoxemia y el ántrax son enfermedades comunes del ganado en el valle de
La Gallega.
Cuando los animales las adquirían, al
ganadero no le quedaba más opción que viajar a Morropón, Santo Domingo o hasta
Chulucanas, la capital provincial, para obtener medicina y gastarse uno o dos
días.
Ahora ya no es necesario, pues
algunas comunidades cuentan con un botiquín especializado donde se ofrecen las
mismas medicinas pero a precios menores respecto de los servicios comerciales.
Hace poco, Hitler Barreto Córdova ha
asumido el botiquín en el pueblo de Pambarumbe, y gracias a la experiencia de su
padre vendiendo medicina animal, desarrolló criterio para diagnosticar males
menores del ganado, y proporcionar el remedio adecuado.
Hace tres meses, Barreto promovió una
campaña de vacunación en su localidad a la que asistieron ganaderos de la zona y
de los pueblos circundantes.
Las vacunas están certificadas por
las autoridades sanitarias peruanas, y como todas las medicinas, se busca que
sean de calidad.
“Julio, enero, febrero… cuando cambia
el clima, hay mayor demanda”, comenta el joven.
Como los módulos de transformación
lechera, los botiquines han sido adquiridos por los promotores del PRODEGA con
la finalidad de que luego los beneficiarios, mediante un fondo rotatorio, los
vayan ‘comprando’ para sí mismos, y terminen administrándolos.
En Pambarumbe, se espera que el
proceso de ‘adquisición’ comience este mes.
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©2005 NPC
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