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Mejorando carne y leche

Los ganaderos de los Andes de Piura integran un programa que busca obtener mejores condiciones de vida.

 

Nelson Peñaherrera C.

 
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19/10/05 11:15:21 -0500  Versión texto / impresora

Una de las vaquillonas inseminadas dentro de un proyecto de mejoramiento de ganado, descansa en un pastizal en el pueblo de Simirís, Morropón.

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Simirís, Piura – Hace un par de años que Hildebrando Pedemonte, un viejo ganadero del pueblo de Simirís, en la provincia de Morropón, Piura, se embarcó en un proyecto de mejoramiento de vacunos.

 

Nadie le aseguró que sería un éxito, pero es consciente de que debe arriesgar para obtener, en otro par de años más, los primeros frutos de su inversión.

 

“Pienso seleccionar vacas para leche y carne”, piensa. “Esa es la esperanza de uno”.

 

Pedemonte y su hijo han comenzado esta experiencia junto con una media docena de otros ganaderos del pueblo.

 

Lugares donde opera el proyecto de mejoramiento de ganado.

El proyecto consiste en mejorar vacunos mediante la introducción de especies resistentes a la sequía, que actualmente afecta a los Andes de Piura, y a la rusticidad de los pastos de la zona, que combinan especies locales y foráneas con la finalidad de promover su permanencia a pesar de las condiciones de tiempo más adversas.

 

En este caso, se seleccionaron ejemplares de la raza Brown Swiss, traídos del departamento de Amazonas (centro norte de Perú), que son más sencillos de manejar y reproducir.

 

En colaboración con la Municipalidad de Santo Domingo, han logrado que las vacas madre sean inseminadas artificialmente para obtener la primera generación de terneros que en el futuro proporcionen leche y carne.

 

Dicen los especialistas de la municipalidad que al obtener crías mejoradas genéticamente, la calidad de ambos productos mejora con cada nueva generación.

 

“En promedio, en las invernas, deben producir unos 12 litros de leche”, según cálculos de Orlando Peña, un técnico en inseminación que trabaja para la Municipalidad de Santo Domingo, y que asesora y supervisa a los ganaderos de Simirís.

 

Por lo pronto, don Hildebrando ya tiene una vaquillona (vaca joven) de casi un año, que se cría con pastos naturales en las laderas del pueblo. Si la visión de ganaderos y municipales, no decae, en un par de años más comprobarán si su esfuerzo realmente valió la pena.

 

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Otorgando control

 

Los vacunos mejorados se adaptan a la rusticidad de los pastos para incrementar la producción de carne y leche, como estos jóvenes ejemplares cerca del pueblo de Santo Domingo, Morropón.

Los Andes de Piura –como casi toda la región montañosa del Perú—tienen muy poco apoyo del gobierno nacional, por lo que los niveles de pobreza son relativamente altos.

 

Sin embargo, también es una zona donde no existe una política coherente de aprovechamiento de todos los recursos naturales, los que debidamente explotados y administrados pueden mejorar las condiciones de vida de los campesinos, que es el grupo población más numeroso.

 

Por otro lado, tampoco se promueven actividades económicas locales con la finalidad de mejorarlas y convertirlas en generadoras de empleo.

 

Pero, la visión combinada de técnicos y ciertas autoridades pueden crear condiciones mucho más justas y prometedoras, como sucedió en Santo Domingo con el Programa de Desarrollo Ganadero (PRODEGA).

 

El PRODEGA fue implementado en junio de 2003 por el Gobierno Regional de Piura con apoyo del Fondo Contravalor Perú-Francia, y originalmente promovido por el Programa Rural de Desarrollo Sostenible (PDRS) mediante reuniones de sensibilización.

 

Un año después, se echó a andar con la adquisición de los bancos de semen para la inseminación, gracias al apoyo de las municipalidades de Lalaquiz (Huancabamba), San Juan de Bigote, Morropón, Santa Catalina de Mossa, Santo Domingo y Chalaco. La meta es beneficiar a un millar de familias.

 

Wílmer Quiroga, un ingeniero zootecnista adscrito al PDRS, sostiene que a diferencia de otros proyectos, aquí la municipalidad y los ganaderos se encargan de que la iniciativa funcione.

 

En base a una capacitación construida por el propio beneficiario, se van identificando quiénes podrían implementar el programa en sus tierras, cómo y dónde comprar sus insumos, y qué otras actividades alrededor del manejo de carne y leche se podrían desarrollar.

 

Por ejemplo, en Simirís, se le proporcionó a la comunidad, una pequeña planta de transformación de lácteos, que podría comenzar a funcionar en enero de 2006, para obtener leche fresca y luego queso.

 

Si todo sale bien, ellos estarían en capacidad de vender a los programas municipales de ‘vaso de leche’, para mejorar la alimentación de niños en edad escolar. Las ganancias se reinvertirían en el módulo, de tal modo que los ganaderos se conviertan en dueños de su propio negocio.

 

“La planta es una alternativa para abrir otro mercado a la leche”, dice Quiroga.

 

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Organización

 

Los productores se agrupan para ir tomando el control de la mejora del ganado y de actividades transformativas que abran nuevos mercados, para su beneficio. Las municipalidades locales les asesoran y monitorean.

El PRODEGA, a la larga, también busca que los ganaderos se organicen alrededor de cada municipalidad para poder mejorar sus estrategias de trabajo.

 

Solamente en Santo Domingo, uno de los lugares donde el programa se ha desarrollado con éxito, han logrado reunir a medio ciento de productores para decidir a quiénes se debe beneficiar, y como se debe adquirir el ganado, así como qué tipo de pasto se debe implementar en la zona.

 

Esta asociación distrital responde a su vez a pequeñas asociaciones que se crean en cada localidad donde se mejoran los vacunos.

 

Finalmente, según el manejo que cada beneficiario dé a su ganado, veremos ganancias.

 

Por ejemplo, Fidel Rojas García, un ganadero que tiene su inverna junto al pueblo de Santo Domingo, espera superar los 20 litros diarios de leche que le proporciona una de sus vacas.

 

La perspectiva también animó al PRDS a tentar con otro tipo de ganado, como los ovinos de pelo, que básicamente generan carne, y cuyas experiencias se están desarrollando en los pueblos de Piedra del Toro y Carracuca, ambos en el bosque seco de montaña de Morropón.

 

“Lo que esperamos es progresar, tener muchos ovinos, tener más ingresos: los vamos a vender y los vamos a comer”, promete Rebeca Holguín Correa, una beneficiaria en Piedra del Toro.

 

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Un buen diagnóstico

 

Los botiquines veterinarios implementados en algunos pueblos permiten que los ganaderos obtengan medicina a un precio más razonable. Botiquín en Pambarumbe.

El carbunclo, la enteretoxemia y el ántrax son enfermedades comunes del ganado en el valle de La Gallega.

 

Cuando los animales las adquirían, al ganadero no le quedaba más opción que viajar a Morropón, Santo Domingo o hasta Chulucanas, la capital provincial, para obtener medicina y gastarse uno o dos días.

 

Ahora ya no es necesario, pues algunas comunidades cuentan con un botiquín especializado donde se ofrecen las mismas medicinas pero a precios menores respecto de los servicios comerciales.

 

Hace poco, Hitler Barreto Córdova ha asumido el botiquín en el pueblo de Pambarumbe, y gracias a la experiencia de su padre vendiendo medicina animal, desarrolló criterio para diagnosticar males menores del ganado, y proporcionar el remedio adecuado.

 

Hace tres meses, Barreto promovió una campaña de vacunación en su localidad a la que asistieron ganaderos de la zona y de los pueblos circundantes.

 

Las vacunas están certificadas por las autoridades sanitarias peruanas, y como todas las medicinas, se busca que sean de calidad.

 

“Julio, enero, febrero… cuando cambia el clima, hay mayor demanda”, comenta el joven.

 

Como los módulos de transformación lechera, los botiquines han sido adquiridos por los promotores del PRODEGA con la finalidad de que luego los beneficiarios, mediante un fondo rotatorio, los vayan ‘comprando’ para sí mismos, y terminen administrándolos.

 

En Pambarumbe, se espera que el proceso de ‘adquisición’ comience este mes.

 

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