factortierra network: factortierra | factortierra2 | bioespacio
![]()
2005-06-15 21:45:43 -0500
Cuando el líquido elemento se convierte en el bien más preciado sobre el que las corporaciones transnacional desean echar mano.
Cathy García
Colaboradora
En esta historia: Situación actual | Avance tecnológico | Nuevas modalidades de privatización
Lima -- La historia de la civilización humana esta relacionada con la historia de los métodos usados para manipular los recursos acuáticos.
Hace más de cinco mil años surgieron los primeros asentamientos humanos en el valle Indus donde construyeron tuberías para la distribución del agua y canales para el desagüe.
Atenas en Grecia, Pompeya en Italia y Cusco en Perú (en el periodo pre-inca e inca) ya tenían elaborados sistemas de agua y desagüe.
Esas comunidades agrícolas surgieron donde había agua para cultivar sus plantas, donde había lluvias y ríos.
Como esas ciudades se expandieron por el poder político que adquirieron, tuvieron que traer el agua de lugares más remotos y con métodos de ingeniería sofisticados para conservarlos en reservorios y acueductos.
Roma, Atenas y Cusco abastecían a su población y sus dominios con suficiente cantidad de agua como lo hace hoy cualquier ciudad del mundo industrializado.
Durante la revolución industrial de los siglos 19 y 20, la demanda del agua creció enormemente.
Para confrontar este problema, se construyeron gigantescos proyectos de ingeniería diseñados para controlar inundaciones, proteger las aguas potables, y proveer agua a las hidroeléctricas e irrigaciones que resulto en beneficios tangibles a la humanidad entera.
Y gracias al mejoramiento de los servicios de desagüe en el mundo industrializado, se llegó a controlar enfermedades tales como el cólera y la tifoidea que eran endémicos hasta entonces en el mundo.
Pero hay un lado oscuro en toda esta historia. A pesar del progreso mencionado, cerca a la mitad de la población mundial todavía sufre de servicios de agua inferiores a las antiguas Grecia, Roma y Cusco.
De acuerdo a la ONU, mas de mil millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable, y 2.500 millones de personas no tienen un servicio sanitario adecuado.
Sólo en Lima, hay cerca de 2 millones de personas sin acceso al agua potable y desagüe.
Perú, al igual que varios países de Latinoamérica, tuvo una epidemia de cólera a mediados de los ‘90s.
Hoy en día, en Lima y el interior (Arequipa, Cajamarca, Huancayo y otras), millones de personas beben agua contaminada.
En Lima, el agua esta amenazada por los metales tóxicos de las trasnacionales mineras, por ejemplo el arsénico (los niveles llegan a o exceden un poco los niveles permisibles de la Organización Mundial de la Salud).
La ausencia o escasez del agua potable (y desagüe) en los asentamientos humanos y barriadas pobres, y la cuestionable calidad del agua en las ciudades están en las primeras líneas de los medios de comunicación del Perú.
Dentro de este contexto, está la batalla contra la privatización en sus diversas formas y modalidades, porque esta se presenta ante el pueblo como serpiente venenosa de varias cabezas (concesiones, asociaciones mixtas, cogestiones, outsourcing, etc.)
Todo esto con el fin de arrebatarnos nuestro agua y convertirlo en un producto mercantil sujeto a la oferta y la demanda en un mercado de usura que les dará cuantiosas ganancias.
En el ámbito nacional e internacional, durante 2004, y los seis primeros meses de 2005, los intentos privatizadores fueron derrotados en muchos países del mundo y en el Perú fueron parados en seco.
Muchas de las trasnacionales europeas y estadounidenses que estaban arrasando con las empresas nacionales del agua en los ‘90s, han empezado a retroceder y en muchos casos ya dieron un giro de 180 grados al convertirse de compradores de empresas de agua en las Américas, a vendedores de los mismos.
Sin embargo, los jerarcas del capitalismo neoliberal todavía consideran la privatización como uno de sus nichos con más crecimiento en el mercado de la industria del agua.
Las fuerzas de la privatización todavía son fuertes por la situación difícil de las municipalidades o agencias estatales que administran el agua potable (expansión del servicio, aumento de costos, requerimientos técnicos, nuevas regulaciones, interferencia política, y un publico mas informado, etc.) como es el caso de Sedapal en Lima, Sedapar en Arequipa, Seda en Cusco, EPS en Ancash y otras ciudades del país.
La lógica de los reaccionarios del desagüe es simple: la mejor solución a este dilema es entregar el agua a la empresa privada o concesionario. Esto implica exactamente lo opuesto a la solución del problema del agua.
La privatización promueve la elitizacion y reducción real del servicio del agua, un dramático aumento de las tarifas, la violación de los controles de calidad, la ausencia del Estado y del publico en el monitoreo, y sobre todo da una carta blanca a la contaminación ambiental de las fuentes de agua (Doe Run, Newmont, Billiton, Volcán y los otros seguirán tirando sus relaves tóxicos al Mantaro, Rimac, Yanacocha, Vilcanota, etc.).
Las trasnacionales del agua, las mineras, petroleras y eléctricas están unidas en alma y cuerpo: General Electric, Procter & Gamble, U.S.Industries, Vivendi, Suez, entre otras, son también trasnacionales del agua.
De acuerdo a estadísticas del Departamento de Comercio de Estados Unidos, la industria del agua y desagüe tiene una ganancia de 100 mil millones de dólares anuales en ese país y cerca de 500 mil millones de dólares a escala mundial, con 115 mil compañías y organizaciones registradas, y un crecimiento del tres al cuatro por ciento
Allí esta el motor que les mueve a promover la privatización del agua.
Desde los ‘80s, la cantidad de agua consumida en Estados Unidos ha disminuido aproximadamente en un 35 por ciento (aunque todavía son los que más derrochan el agua en el mundo).
Japón, en 1965, usaba cerca de 13 millones de galones de agua para producir un millón de dólares de producción comercial; pero, para los ‘90s, esa cifra bajo a 3,5 millones de galones de agua. ¿Porque? Tecnología y políticas de conservación del agua.
En el Perú, el avance tecnológico y las investigaciones en las universidades pueden ayudar a resolver los problemas del agua potable.
Los costos de tecnología avanzada de captación, tratamiento, distribución y conservación del agua han disminuido considerablemente.
Por ejemplo, las membranas de filtración, oxigenación avanzada, la reparación de tuberías in-situ, el realineamiento de tuberías antiguas, los monitoreos smart y, fundamentalmente, los controles computarizados de los medidores pueden mejorar la administración del agua.
No puede ser posible que en pleno siglo 21, en Lima cerca al 30 por ciento de consumidores (y en Arequipa, la cuarta parte) no sean facturados, mientras millones de peruanos no tienen servicio de agua potable.
Una porción de estas perdidas se debe al robo del agua. Los que más roban agua en el Perú, con la complicidad de las autoridades corruptas, son las trasnacionales y grandes burgueses locales que bombean y la desvían clandestinamente a sus fábricas manufactureras (textiles, farmacéuticas y cerveceras donde usan molinos, reactores y tanques).
Otra porción grande del agua desaparece en tuberías viejas, equipos deteriorados y un mantenimiento pobre en los sistemas de distribución.
La cantidad de agua que se pierde sería suficiente para proveer de agua potable a gran parte de los sin agua en Lima.
Aunque debemos indicar que hasta los sistemas más modernos de agua en el mundo tienen perdidas del 10 al 20 por ciento por filtraciones y derrames, pero no por facturación.
Otra manera de conservar el agua, es lanzar un programa obligatorio de conservación del agua para el público, educar a nuestra juventud en las escuelas y colegios.
En la ciudad de México, por ejemplo, un proyecto de cambiar 350 mil inodoros deteriorados, resultó en un ahorro de agua suficiente para proveer a 250 mil residentes que no lo tenían.
Otra práctica es promover el reciclaje del agua y su re-uso. Por ejemplo, en los ríos más importantes de Estados Unidos, el agua es usada y re-usada hasta veinte veces antes que llegue al mar. En el Perú gran parte de las aguas de los ríos se van directo al mar (claro, con un poco de plomo de Doe Run y arsénico de Newmont).
A pesar de que la privatización del agua fue impuesta casi sin controversia en Europa, en América ha generado un rechazo general de los pueblos.
Proyectos grandes que avanzaba PRASA en la ciudad de San Juan (Puerto Rico) y United Water en Atlanta (Estados Unidos) tuvieron que ser suspendidos o abandonados. Entonces es hora de cambiar de táctica, dicen las trasnacionales.
La nueva táctica es primero tomarse el agua de las ciudades pequeñas, hacerlo en concesiones por periodos más pequeños, para luego agarrar las presas grandes (Lima, Arequipa, etc.).
En el espectro de nuestro país, empezaron con el agua de Tumbes, pese a la oposición de los trabajadores y gran parte del pueblo.
Y así, un fantasma vuelve a recorrer el país, es la “privatización”, tal como lo afirma un dirigente de un grupo de los sin agua de Lima (convertido ya en “estrella” de la prensa de las multinacionales).
Por otro lado, esa misma palabrita está presionando a los burócratas que administran el agua para que el servicio en el país mejore en eficiencia, calidad y llegue a todos.
En conclusión, el futuro del agua en el mundo, particularmente en nuestro país, está en peligro de ser tomado por asalto por las trasnacionales. Es hora de prepararnos para defender y proteger cada gota de agua.
Pueden comunicarse con Cathy a cathygarciap@aol.com
Alojamiento por Yahoo! GeoCities.
© 2005 Nelson Peñaherrera Castillo. All Rights Reserved