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Sullana – ¿Qué ganamos celebrando el
día del medio ambiente? ¿Ser más conscientes de la necesidad de preservar, pero
con menos herramientas para hacerlo activamente? ¿O quizás evocar aquellos
tiempos donde “se vivía mejor” sin hacer nada por cambiar la calidad de vida de
la propia casa?
La lucha por preservar el medio
ambiente no sólo depende de un Estado que actúe de modo más incisivo por hacer
cumplir códigos y normas de protección; pasa, principalmente, por un compromiso
personal de tomar las medidas mínimas en casa, y con esa experiencia, exigir que
éstas se apliquen en los entornos más cercanos.
El control de la basura doméstica, o
la eliminación de niveles caseros de contaminación visual y auditiva son buenas
medidas para comenzar: reciclar, tener una rutina deportiva, mejorar hábitos
alimenticios, dedicar más tiempo al cultivo de alguna afición podrían ser las
opciones que estamos buscando.
A nivel ciudadano, nuevas demandas
como la necesidad de regular el sistema de administración de agua potable han
revelado que, por ejemplo, Lima, la capital peruana, consume uno de los líquidos
más contaminados de todo el país.
Investigaciones periodísticas
recientes revelan que el arsénico, metal cancerígeno, ha sido encontrado en
concentraciones ligeramente por encima de las permitidas por la Organización
Mundial de la Salud –alrededor de 0,01 miligramos del elemento por cada litro de
agua.
Sedapal, la organización que
administra el agua potable en una ciudad donde viven siete millones de personas,
dice que los informes buscan devaluar a una empresa que podría ser vendida a
otro operador (posiblemente el grupo Suez, que tuvo una mala experiencia en
Atlanta, Estados Unidos), y niegan que las concentraciones de arsénico sean tan
altas que hagan daño a sus usuarios.
La contaminación del agua ha saltado
a la palestra, el descontrol que existe de los residuos de diversas industrias
en la cuenca del río Rímac, principalmente mineras, que ha reactivado viejos
miedos sobre contaminación de alto nivel, lo que, unido a la desinformación o el
incumplimiento de compromisos de algunas corporaciones, ha provocado el
estallido de conflictos violentos, como el de Tintaya, en Cusco, donde la
confusión se mueve entre afanes de figuración política local hasta la
declaración de pérdidas que imposibilita el beneficio de ciertos pobladores.
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| ¿Cuál es el aporte de cada persona con la
finalidad de preservar nuestro hogar grande? Es tiempo de
reflexionar y proponer soluciones. |
A nivel nacional, otro tipo de
problemáticas relacionadas al agua y otras actividades extractivas han
exacerbado los ánimos, especialmente por la intransigencia del Gobierno para ver
las cosas desde otro punto de vista.
Por ello se está permitiendo que el
Tratado de Libre Comercio que Perú pretende firmar con Estados Unidos, termine
siendo, en esencia, carta blanca para dejar a la gente sin posibilidades de
desarrollar una economía justa, con protección de patentes y desiguales
oportunidades de acceso a empleo tradicional y, principalmente, no tradicional.
La politización de la defensa del
medio ambiente no ha acelerado las cosas, sino que las ha enturbiado, y, en vez
de mejorar el proceso de entendimiento, nos ha alejado por completo de la
filosofía ecologista: el ser humano no es más que otro componente de un
ecosistema, no el componente principal; por lo tanto, debe manejarse como tal.
La conciencia medioambiental puede
expresarse principalmente por el retorno a lo básico, no a la grandilocuencia.
De hecho, la naturaleza nos da la suficiente para vivir bien, no sólo
alimentándonos internamente sino tomando lo mejor de ella para sentirnos mejor
en todo sentido. Por eso, algunas voces diciendo que no al “progreso” comienzan
a levantarse, y vale la pena apoyar.
En ese aspecto, el Gobierno peruano
debe entender que si quiere promover el turismo, lo mejor no es crear ambientes
de concreto, sino mantenerlos tal cual. Hay muy buenas iniciativas de
preservación, principalmente en Cusco, Lambayeque, La Libertad y Piura… pero no
reciben el apoyo adecuado.
Progreso no es cemento; progreso es
vivir mejor sin necesidad de llegar a soluciones traumáticas, rescatando lo más
simple. Ahora sí, ¡feliz día del medio ambiente!
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