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2005-04-09 12:24:04 -0500
El cielo no es sólo parte de nuestro ecosistema; es un inquieto artista que no deja de sorprendernos.
Sala de Redacción
Lima – Durante mucho tiempo, cuando el mundo quería encontrar respuestas miraba al cielo, y lo único que hallaba eran prodigios que los aterraban en vez de esperanzarles.
De ese modo, durante mucho tiempo cometas, estrellas fugaces, halos, auroras y eclipses han tenido una connotación muy nefasta: reyes a punto de morir, grandes derrotas, hambrunas y sequías.
La ciencia aportó el componente más racional al tema: todo era simples comportamientos físicos sencillos (bueno, a su nivel) de explicar.
Aunque muchos interpretaron el eclipse del 8 de abril último –doce horas antes Juan Pablo II había sido sepultado en Ciudad del Vaticano—como una señal de lo que podría venir en la Iglesia Católica, uno de los grupos de poder más grandes del planeta, otros no resistieron la necesidad de parar todo, correr a las ventanas y observar el fenómeno.
Un eclipse se produce cuando un astro se interpone ante otro, impidiendo su visibilidad, dependiendo de la ubicación de quien observa el fenómeno.
En este caso, el eclipse de sol se produce cuando la luna pasa delante de nuestra estrella madre, y al proyectar su sombra sobre la tierra, da la impresión de ocultarle total o parcialmente.
Existe también la posibilidad de que la órbita de la luna esté tan lejos, que su cono de sombra no se afirme totalmente sobre la tierra. Entonces, quien observa verá que el disco lunar no cubre totalmente al sol, sino que deja ver como un anillo; por eso, ese tipo de eclipse se llama anular.
Hay por lo menos un eclipse solar por año y otros tres lunares (en este caso, la tierra se interpone entre la luna y el sol, y, lógicamente, sólo se observa de noche), varios de ellos tan breves o de poca importancia que sólo se anuncian entre la comunidad científica.
Pero cuando ya se trata de un corredor de sombra más grande –este eclipse comenzó en Anchorage, Alaska, y terminó sobre la selva del Brasil—, la cosa se anuncia y se busca que todos contemplen esta maravilla de la naturaleza.
En Lima, el eclipse pasó desapercibido como en casi todo el país. A veces los mejores espectáculos sólo se dan en la naturaleza.
Con informes de Nelson Peñaherrera en Lima.
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