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En esta historia:
Juez y partes |
Brumas letales
Ilo, Moquegua – La “Pampa
Inalámbrica” no era el arenal plano que se ve ahora. Antes, algunos árboles
poblaban el lugar, hasta que un buen día, hace casi tres décadas comenzaron a
morir.
Entonces, la pampa quedó desolada,
hasta que finalmente la gente comenzó a ocuparla, aunque no fuera precisamente
la responsable de la deforestación.
Sin embargo, varias personas creen
que la muerte de las plantas está relacionada con un símbolo de desarrollo
local: la fundición de cobre que la empresa minera Southern Peru Cooper
Corporation (SPCC) construyó a unos kilómetros al norte del puerto de Ilo,
en Moquegua.
El lugar tiene casas bonitas y
modernas, y una disposición que nada tiene que envidiar a barrios residenciales
o de clase media de una gran ciudad.
Pero, allí todo depende de SPCC --“la
Southern”, como la llaman familiarmente los vecinos--, desde las obras de
infraestructura urbana hasta el actual estado de salud de muchas personas.
Una especialista en desarrollo local
comentaba confidencialmente que el poder de la minera es tal, que no descarta
que pueda manipular a la municipalidad.
Muchos proyectos privados han
recibido dinero de la corporación, incluyendo la bodega de vinos Parras &
Reyes, ubicada en la ciudad de Moquegua, unos 35 km al este, la más
importante de la región.
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| Las operaciones mineras en Moquegua han
deteriorado la calidad de vida en un corredor que viene de
Cuajone, en los Andes, a Ilo, en la costa. |
El alcalde de Ilo se había
comprometido junto a un puñado de organizaciones civiles y ONG a monitorear la
calidad de aire local. Estudios en conjunto habían determinado que los lugareños
respiraban dióxido de azufre (SO2).
El SO2 resulta de la
combustión industrial y de hidrocarburos. Los daños que crea en el organismo son
tales, que deteriora paulatinamente el sistema respiratorio y digestivo.
El grupo de monitoreo había logrado
realizar algunas observaciones en la atmósfera de Ilo, hasta que un buen día el
alcalde no les volvió a convocar, y, lo que es peor, no publicó los resultados
del muestreo.
Aunque en Perú, las leyes de
información pública obligan a las autoridades a liberar estos datos, los ileños
no saben a ciencia cierta qué está pasando en sus organismos.
Labor, una de las ONG que
integran el grupo de monitoreo, intentó persuadir a la autoridad de la necesidad
de retomar las tareas, pero no ha recibido respuesta.
Aunque la institución ha logrado
expandirse a nivel nacional, se inició en Ilo hace casi un cuarto de siglo,
precisamente para probar el daño que las operaciones de SPCC estaban realizando
al ecosistema local.
La investigación, conducida por Doris
Balvín, una de las fundadoras, concluyó que en sólo diez años, la minera había
degradado la calidad de vida de los pobladores locales, tanto que se esperaba
que al menos la mitad desarrollara enfermedades respiratorias y hasta cáncer por
inhalar los humos de la fundición.
“Todos saben que los mineros no
llegan a los 40 años”, sentencia una madre de familia en Moquegua. A cambio,
estos trabajadores reciben uno de los sueldos más altos en el mercado local,
“pero que no lo disfrutan porque mueren ahí mismo”.
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| Un tren transporta mineral desde Cuajone a la
fundición en Ilo, en medio del desierto de Moquegua. El
ferrocarril es de uso exclusivo de Southern Perú. Desde
que comenzaron las operaciones mineras, no crecen plantas en
la zona. |
Hay noches en que la visibilidad
decae mucho en Ilo, como si se tratara de niebla. Es, en realidad, el SO2
que proviene de la fundición.
La intoxicación es inminente: los
primeros síntomas son irritación de los ojos y de la garganta; al día siguiente,
la deglución es una odisea completa, debido a las nauseas.
El azufre contaminado en contacto con
la sangre produce una sensación de intenso sopor y altera el metabolismo.
El único tratamiento conocido es
escapar a la ciudad de Moquegua donde el aire es más limpio, pero no puro, pues
eventualmente recibe oleadas de micro partículas de mineral del vecino
yacimiento de Cuajone, ubicado en una zona más alta.
El trato feudal de SPCC es tal, que
no es posible tomar una foto de las instalaciones, ya que el personal de
seguridad tiene órdenes estrictas de impedirlo a como dé lugar.
La población ileña no sabe cuán
deteriorado tiene su organismo, y a cambio sólo ha recibido arquitectura,
concreto y asfalto, como paliativo.
La calidad de aire de Ilo no lo hace
un destino ideal para vivir.
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©2005 NPC
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