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Inhala tu muerte

La población de uno de los puertos más importantes del sur peruano tiene todas las comodidades de una ciudad moderna, pero respira dióxido de azufre.

Nelson Peñaherrera C.

 
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02/04/05 10:05:41 -0500  Versión texto / impresora

El muelle en Ilo, Moquegua. La construcción fue realizada por la minera Southern Perú, cuya fundición se ubica detrás del horizonte, en esta foto. También se observa cierta bruma en el aire -- es dióxido de azufre.

En esta historia: Juez y partes | Brumas letales

 

Ilo, Moquegua – La “Pampa Inalámbrica” no era el arenal plano que se ve ahora. Antes, algunos árboles poblaban el lugar, hasta que un buen día, hace casi tres décadas comenzaron a morir.

 

Entonces, la pampa quedó desolada, hasta que finalmente la gente comenzó a ocuparla, aunque no fuera precisamente la responsable de la deforestación.

 

Sin embargo, varias personas creen que la muerte de las plantas está relacionada con un símbolo de desarrollo local: la fundición de cobre que la empresa minera Southern Peru Cooper Corporation (SPCC) construyó a unos kilómetros al norte del puerto de Ilo, en Moquegua.

 

El lugar tiene casas bonitas y modernas, y una disposición que nada tiene que envidiar a barrios residenciales o de clase media de una gran ciudad.

 

Pero, allí todo depende de SPCC --“la Southern”, como la llaman familiarmente los vecinos--, desde las obras de infraestructura urbana hasta el actual estado de salud de muchas personas.

 

Una especialista en desarrollo local comentaba confidencialmente que el poder de la minera es tal, que no descarta que pueda manipular a la municipalidad.

 

Muchos proyectos privados han recibido dinero de la corporación, incluyendo la bodega de vinos Parras & Reyes, ubicada en la ciudad de Moquegua, unos 35 km al este, la más importante de la región.

 

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Juez y partes

 

Las operaciones mineras en Moquegua han deteriorado la calidad de vida en un corredor que viene de Cuajone, en los Andes, a Ilo, en la costa.

El alcalde de Ilo se había comprometido junto a un puñado de organizaciones civiles y ONG a monitorear la calidad de aire local. Estudios en conjunto habían determinado que los lugareños respiraban dióxido de azufre (SO2).

 

El SO2 resulta de la combustión industrial y de hidrocarburos. Los daños que crea en el organismo son tales, que deteriora paulatinamente el sistema respiratorio y digestivo.

 

El grupo de monitoreo había logrado realizar algunas observaciones en la atmósfera de Ilo, hasta que un buen día el alcalde no les volvió a convocar, y, lo que es peor, no publicó los resultados del muestreo.

 

Aunque en Perú, las leyes de información pública obligan a las autoridades a liberar estos datos, los ileños no saben a ciencia cierta qué está pasando en sus organismos.

 

Labor, una de las ONG que integran el grupo de monitoreo, intentó persuadir a la autoridad de la necesidad de retomar las tareas, pero no ha recibido respuesta.

 

Aunque la institución ha logrado expandirse a nivel nacional, se inició en Ilo hace casi un cuarto de siglo, precisamente para probar el daño que las operaciones de SPCC estaban realizando al ecosistema local.

 

La investigación, conducida por Doris Balvín, una de las fundadoras, concluyó que en sólo diez años, la minera había degradado la calidad de vida de los pobladores locales, tanto que se esperaba que al menos la mitad desarrollara enfermedades respiratorias y hasta cáncer por inhalar los humos de la fundición.

 

“Todos saben que los mineros no llegan a los 40 años”, sentencia una madre de familia en Moquegua. A cambio, estos trabajadores reciben uno de los sueldos más altos en el mercado local, “pero que no lo disfrutan porque mueren ahí mismo”.

 

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Brumas letales

 

Un tren transporta mineral desde Cuajone a la fundición en Ilo, en medio del desierto de Moquegua. El ferrocarril es de uso exclusivo de Southern Perú.  Desde que comenzaron las operaciones mineras, no crecen plantas en la zona.

Hay noches en que la visibilidad decae mucho en Ilo, como si se tratara de niebla. Es, en realidad, el SO2 que proviene de la fundición.

 

La intoxicación es inminente: los primeros síntomas son irritación de los ojos y de la garganta; al día siguiente, la deglución es una odisea completa, debido a las nauseas.

 

El azufre contaminado en contacto con la sangre produce una sensación de intenso sopor y altera el metabolismo.

 

El único tratamiento conocido es escapar a la ciudad de Moquegua donde el aire es más limpio, pero no puro, pues eventualmente recibe oleadas de micro partículas de mineral del vecino yacimiento de Cuajone, ubicado en una zona más alta.

 

El trato feudal de SPCC es tal, que no es posible tomar una foto de las instalaciones, ya que el personal de seguridad tiene órdenes estrictas de impedirlo a como dé lugar.

 

La población ileña no sabe cuán deteriorado tiene su organismo, y a cambio sólo ha recibido arquitectura, concreto y asfalto, como paliativo.

 

La calidad de aire de Ilo no lo hace un destino ideal para vivir.

 

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INFORMACION ADICIONAL

 

Agua contaminada

La oficina de Salud en Ilo ha recomendado no bañarse en las aguas de la playa frente a la ciudad debido a la alta contaminación. Los pocos veraneantes locales han tenido que viajar hasta 15 ó 20 kilómetros al sur para poder disfrutar del mar. Se desconoce si se han realizado estudios al respecto. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, para que el agua se considere contaminada, debe tener una concentración de impurezas equivalente a mil partes por millón.

 

Leyes débiles

Uno de los comentarios usuales en corrillos mineros es que las posibilidades de invertir en Perú es alta debido a la debilidad de nuestra legislación ambiental. Los daños producidos a varias comunidades rurales, principalmente, han provocado una cadena de protestas, a las que el Gobierno ha reprimido más o menos duramente. La única experiencia exitosa de preservación del bioespacio es la de Tambogrande, Pîura (1997-2005), al norte de la república; pero el proceso fue conducido por la propia población.

 

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