Juan Carlos Torres Valladolid
Interno de Psicología

¿Pareja o Dispareja?:¿Es saludable amar a quien no quiere amarte?

Ayer por la noche caminando repentinamente por el centro de la ciudad encontré a “Sheyla” una antigua amiga, ella comparte una historia muy peculiar y algo enredada diría yo. Tiene 22 años, trabajadora sexual, es madre de una niña hermosa, su pareja “Alan”, tiene 27 años es bisexual, y trabaja en un spa de la ciudad.


Desde ya creo podemos imaginar cómo es, más o menos la relación, meses atrás, “Sheila” y “Alan”, estuvieron a punto de separarse puesto que ella se enteró que él mantenía al mismo tiempo relaciones amorosas con un chico llamado “Boris”, y eso fue fatal para ella como persona y como mujer puesto que llego a sentir que no era lo suficientemente mujer para mantener a su lado a un hombre. Lo gracioso de esto es que indagando, ellos se habían conocido en una discoteca de ambiente y ambos eran conscientes de la vida que llevaban.
De esta manera cada vez que “Sheila” conversa conmigo manifiesta que quiere separarse de él debido a que su conducta le desagrada, llega tarde a casa, a veces no llega a dormir, incluso sus amigas de trabajo le cuentan que sale con chicos, pese todo aquello que se sabe y que se puede imaginar siguen juntos, ella comenta que hay un algo que no le permite separarse de él, y en busca de esa respuesta responsabiliza a su hija.


“Alan”, y yo nos hicimos amigos para de esta manera tener información cercana y verídica de la situación familiar teniendo en cuenta que hay una niña de por medio y su bienestar emocional es parte de mi responsabilidad profesional.


Un día de estos me llama “Alan” para comentarme que “Boris” le ha pedido regresar y que siente que ya es hora, pues “no puede vivir sin él”, “sin él la vida no es vida”, o más aun “si él no está se muere”, es así que su vida ahora transcurre entre “Sheyla, Boris y Martín”, siendo este ultimo personaje una “pareja” del ya mencionado “Alan”, lo gracioso de esto también es que quiere alejarse de “Sheyla” pero existe un algo que no se lo permite y nuevamente entra la pequeña como responsable de su vida de pareja.
Analizando esta relación desde el punto de vista profesional y viendo que a lo mejor mantenemos relaciones tormentosas, contaminantes y nada productivas donde llega algún momento en el que nos repetimos “ya no puedo más”, “no soporto”, y sin embargo seguimos ahí. La pregunta es:

 


¿Realmente estamos amando?.
Desde la psicología trabajamos el tema de la dependencia pero ¿qué es lo que sucede cuando venimos con este trastorno de personalidad, que no nos permite ver más allá?, ¿qué nos hace soportar humillaciones y aquellas relaciones tempestuosas, decir “más me pegas más te quiero” y no sólo verlo desde el punto de vista del maltrato físico sino más bien enfocado desde el maltrato emocional?, todo aquello que podemos soportar en nombre del amor, o a lo mejor sucede que hasta magos nos sentimos y decimos “el amor lo hará cambiar”.


Todo esto tiene una explicación y claro está la sociedad que se encarga de meternos en la cabeza: numero uno que “cuando se ama se sufre” y muestra de ello tenemos un serie de telenovelas donde aprendemos, copiamos e introducimos a nuestras vidas aquellos estilos de vida. Yendo más allá la Sagrada Biblia nos dice en alguno de sus escritos que “la mujer tiene que someterse a la voluntad del hombre y tiene que respetarlo a pesar de todo”. (Siendo esta mi manera de interpretarlo), o San Pablo cuando comenta que “el amor todo lo puede, todo lo soporta”, ¿qué tan reales son aquellas afirmaciones y dogmas que vienen introduciendo en nosotros generación tras generación y que fielmente replicamos?


Hablar de relaciones de pareja es hablar de infinidad de temas, pero mi punto de vista es lograr bases sólidas como pareja como núcleo es más ver a la pareja como una empresa que como su mismo nombre lo dice hay que emprender hacia un objetivo. y de qué manera se logra esto, simplemente trabajando en equipo, es construir juntos de manera equilibrada las reglas, la cultura de pareja y las remuneraciones que claro está son remuneraciones afectivas.


La vida de pareja es como la de las plantas: hay que regarlas porque si no pueden secarse pero no hay que regarlas mucho pues también corren el riesgo de salir afectadas. Las cosas y en todos los aspectos tienen que darse de manera equivalente, es bueno recordar que “todo extremo es malo”.


Cuando iniciamos una relación nos sentimos preparados para comenzar pero esta preparación debe continuar durante todo el proceso de enamoramiento, y con esa misma madurez tenemos que afrontar el día que tiene que terminar. “Todo en la vida tiene su inicio y su fin” y con esto no promuevo la inestabilidad emocional es decir estar con uno y con otro, simplemente es hora de insertar en nuestras cabecitas que “yo no estoy con mi pareja para ser feliz, yo estoy con mi pareja porque soy feliz y si nos juntamos es para compartir ambos nuestra felicidad y si por cosas de la vida tiene que partir yo me quedo con mi felicidad y la otra persona se lleva la suya, ya vendrá alguien más con quien poder compartir”.


Una ex pareja me contó algo que creo nunca olvidare: Ella se encontraba sola, triste y se sentía desilusionada, sin ganas de nada, en ocasiones tenía la necesidad de estar con alguien ya los amigos no eran suficientes, eran necesario el calor de un novio, los besos, las caricias y las palabras bonitas que suelen decirse los enamorados. Al otro extremo se encontraba él, solo, perturbado, triste, abandonado, y con las ganas de recibir mucho afecto de “alguien”. Por esas casualidades de la vida se encontraron ambos con necesidades afectivas, decidieron ser pareja, la necesidad fue satisfecha y luego ni el uno ni el otro se soportaba, surgieron nuevas necesidades y fueron en busca de su satisfacción. Con esto podemos darnos cuenta que muchas veces las relaciones no duran porque sencillamente buscamos personas con quien compartir y saciar una necesidad más no un sentimiento, las emociones duran un momento son inestables y tienen picos elevados pero espontáneos, en cambio el sentimiento perdura y nunca muere.


Lo importante de todo es mantener siempre el respeto por el otro, que el cambio se origine en mi pero que la otra persona sea capaz de poder vivir ese cambio, anímense a mantener siempre encendida esa lucecita del amor y también sean conscientes que cuando es necesario decir adiós hay que hacerlo, por más que cueste, ya el tiempo o nuestra experiencia nos dará la mejor lección, para que no nos pase lo que hasta el día hoy vive “Sheyla”.

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