El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 


Si se quiere cambiar la historia, se debe comenzar por las raíces.

 

FACTORTIERRA:

No nos gusta el modelo educativo peruano. No es un secreto. Desde nuestra óptica, está diseñado para que quienes egresan del último año de secundaria –si acaso lo culminan-, se inserten de inmediato en una sociedad que ahoga el propio pensamiento, estimula el consumo y destaca lo superfluo como valor (o anti-valor, mas bien), generando una ciudadanía indiferente y vulnerable a la manipulación de lo peor del poder.

La consecuencia real de este modelo es la destrucción progresiva de la persona, tanto en cuerpo como en alma. La felicidad de muchos y muchas está avalada por reconocidas marcas comerciales, mientras que la violencia en todas sus formas se ha insertado como parte del estilo de vida, incluso de quienes dicen estar contra este sistema, y que ya cargan algunos muertos en su cuenta individual, aunque todavía no sean conscientes de ello.

Ante esa realidad, nos quedan dos opciones: quejarnos sempiternamente o tomar al toro por las astas. Por eso, cuando nos dieron la oportunidad de participar en la elaboración del Proyecto Educativo Tambogrande (PET), no lo pensamos dos veces.

Nos “reclutaron” a través del profesor Ernaldo Maza, debido a nuestro trabajo en la Comunidad de Malingas, y luego, el equipo que socializó el documento nos pidió que participáramos en la plenaria que se desarrolló en la ciudad de Tambogrande.

La propuesta FACTORTIERRA iba en dos vías: construcción de identidades locales y promoción de los estilos de vida saludable.

Lo primero es simple de sustentar: nadie defiende lo que no conoce; entonces, la investigación, el intercambbio de información y su aprovechamiento para generar progreso debía ser el camino  indicado. La escuela estaba llamada a ser centro generador de conocimiento local, ya no un simple receptor de él, dándole una dinámica interactiva y útil para las comunidades que debían replantearse y reconstruírse.
Pero, de nada servía saber, si las personas no se sentían física y mentalmente dispuestas para hacerlo; por eso, los conocimientos deben complementarse con arte y deporte (Iniciativa Optimus) si es que queremos garantizar la sostenibilidad de cualquier propuesta.

Tenemos la satisfacción de que nuestros aportes, incluyendo la promoción del geoturismo, se hayan incorporado en la versión final del PET.

Sin embargo, no hemos sido la única organización colaboradora. Radio Cutivalú introdujo toda su propuesta de equidad de género y combate a la violencia contra la mujer, sólo por mencionar el ejemplo que mejor conocemos. Y así, otras similares fueron añadiendo más ideas y experiencias exitosas y útiles que han enriquecido (y engordado) a este documento, perfeccionándolo y haciéndolo más inclusivo.

Como broche de oro, la reconocida educadora Elsa Fung prologa el PET, una elección de justicia al haber sido una de las principales promotoras de un modelo educativo ruralista, que, durante la primera década de la Colonización San Lorenzo –que ya cumple medio siglo- fue todo un éxito.

El esfuerzo del Consejo Participativo Local de Educación (COPALE) de Tambogrande  ha sido realmente titánico, y merece la pena que cedamos un espacio destacado en FACTORTIERRA.NET para contribuir a su difusión, conocimiento y discusión, porque, como el profesor César Benites ha advertido, el PET no está escrito sobre piedra, y admite mejoras conforme se vaya avanzando en el proceso.

La historia se cambia desde la raíz, y aquí hay un excelente ejemplo de cómo hacerlo.

Representantes de FACTORTIERRA para el PET: Luis Correa, Nelson Peñaherrera, estany Tineo; Revisión del  PET para FACTORTIERRA: Nelson Peñaherrera; Revisión adicional: Daniel Dávila; Producción de materiales: Franco Chinchay, Ángel Ramos; Fotos Archivo FACTORTIERRA de: David Flores, Nelson Peñaherrera, Ángel Ramos, Humberto Saldarriaga, Estany Tineo; Modelo en Propuesta factortierra: Franco Vásquez.

© 2011 Asociación Civil Factor Tierra.