Efecto placebo

Una estrategia para mejorar el tratamiento de enfermedades crónicas.

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Cada año, en Piura, son cientos las personas que son diagnosticadas de alguna enfermedad crónica, es decir, una serie de condiciones que debilitan la salud a largo plazo, y, que de no recibir atención inmediata, pueden empeorar conforme avanza el tiempo.

Algunas personas asumen la noticia como una sentencia de muerte, a pesar que las estrategias y los tratamientos han avanzado de manera significativa en el último cuarto de siglo.

De hecho, muchos de ellos, ahora están diseñados para atacar con más precisión el mal existente, reduciendo los molestos efectos secundarios, que solían causar años atrás.

Pero, la medicina convencional no será útil si es que el o la paciente no adopta una actitud que va más allá de los principios activos y las dosis prescritas. El autoconvencimiento de que se experimentará una mejoría juega en gran parte a favor para lidiar, y hasta sobrevivir a las enfermedades crónicas.

El holismo insiste en que la mente juega mucho en los procesos de recuperación de la persona, siempre y cuando esté debidamente armonizada. Esta corriente sugiere que el cuerpo humano es proclive a enfermarse, o atraer a la enfermedad, si la desarmonización lo vulnera.

El problema se agrava si creemos que hay personas o elementos que pueden propiciar tales enfermedades. A eso se denomina el efecto nocebo. Un ejemplo es el “daño” o la brujería.

Hay división entre quienes practican el holismo, sobre si se debe o no incorporar a la medicina convencional; mas, especialistas independientes aconsejan que se integre para mejorar los efectos y garantizar el éxito de los tratamientos.

Sin embargo, si se toma la teoría holística de que toda enfermedad es producida por la acumulación de decisiones equivocadas, o culpa, entre la concepción y los 12 años de edad, ¿es posible revertir el cuadro?

Lo opuesto al efecto nocebo es el efecto placebo, que no se refiere únicamente a la sensación de bienestar basado en alguien o algo, sino cómo esto se canaliza hasta conseguir una cura eventual.

Un primer paso es la manera cómo se proporciona el tratamiento o plan de curación. La actitud de la persona que sana (médicos o médicas, o terapeutas) basada en sólo dar la receta ayuda, pero no necesariamente contribuye a la cura.

Muchas veces, lo que cataliza el éxito del tratamiento es la liberación de toda la energía mental negativa del sujeto. Saber escuchar, y en base a ello, saber aconsejar u orientar, resulta favoreciendo la curación de las personas.

Por eso, pacientes con enfermedades crónicas que tienen una buena calidad de atención reaccionan mejor, y, si no se curan del todo, se aproximan a un estado que hace que el mal sea fácilmente manejable.

Pero, ¿qué pasa cuando el o la paciente regresa a casa?

Hay formas de complementar los logros del tratamiento del espacio clínico, lo que no significa convertir el hogar en otro consultorio, sino en seguir una estrategia muy provechosa, y que, con la actitud adecuada, ayudará en gran medida a la recuperación de la persona.

Si partimos de que la mente contribuye mucho en los procesos de curación, la base de todo es la autovaloración y el liberarse de los sentimientos de culpa.

Si bien muchas enfermedades pueden adquirirse por descuido, se debe hacer un quiebre y concienciarse que así como propiciamos la causa, podemos propiciar la cura.
Esa actitud depende del individuo.

Es lo mismo si no fuimos quienes arriesgamos nuestras vidas, sino que fuimos expuestos y expuestas por otras personas. En este sentido, saber manejar el rencor puede ser más saludable que sólo cumplir religiosamente el tratamiento: perdonarse y perdonar es el otro ingrediente.

Sobre estas dos bases, aquí presentamos un plan que favorecerá cualquier proceso de sanación, pero que, recomendamos, debe ser coordinado con especialistas, para asegurar su efectividad.

Alimentación sana. Dicen que persona enferma que come, no muere, y es bien cierto; pero, hay que seleccionar siempre aquellos alimentos saludables y naturales de ser posible. Las personas especializadas en nutrición pueden ayudarnos mucho, aunque sitios confiables de Internet también pueden ayudarnos en el esfuerzo. . aquí también se ubica la hidratación y el propio tratamiento con medicina. Todo es complementario.

Respira, respira, respira. Las personas olvidan por completo que el aire que respiramos influye en nuestros procesos corporales. Así, mientras más puro sea, éstos serán mejores, especialmente la circulación de fluídos y el propio proceso respiratorio. Entonces, se debe garantizar la calidad del aire.

Educa tus sentidos. El alma también se nutre, y lo hace a través de los sentidos. Si descuidamos lo que vemos, sentimos y oímos –además de lo que ingerimos y respiramos-, generaremos un desorden que no favorecerá al cuerpo. El ruido, la violencia gráfica y el maltrato físico, por mencionar algunos ejemplos, elevan nuestros niveles de estrés, y contribuyen a abrirle la puerta al deterioro de la salud; entonces, deberíamos buscar lo opuesto.

Maneja tus emociones. Las personas siempre debemos luchar por generar ambientes de tranquilidad y armonía. La suma de los tres primeros puntos favorece tal estado. Claro que habrá un momento para todo, pero la idea es que las emociones negativas no se vuelvan la constante, de lo contrario, estropearán cualquier esfuerzo por equilibrar cuerpo, mente y espacio.

Como un complemento necesario, es importante la actividad física. Debemos coordinar con los y las especialistas que nos examinan, cuál sería la más adecuada para nuestro proceso de curación, pero nunca –a menos que se indique lo contrario- debe prescindirse de ella.

Recordemos que, como el resto de los seres vivos, el cuerpo humano fue diseñado para la acción.

Agradecemos a Marco Mejía por su colaboración en la producción de este artículo.

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