Post producido por: Franco Chinchay
02/02/2012 12:00:59 -0500
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La ChuchunaJamás dejes que tus hijos vayan a ella.
MISHAHUACA, Huancabamba -- Meche estaba vestida con una blusa azul, hecha de satén. En eso, volvió a soltarse las trenzas, como si los nudos, en su cabellera, le causaran molestia.
Se peinó esos hilos gruesos -muy negros- con un peine viejo que encontró en la tierra húmeda. Sumisa, lenta. Se acostó en la manta multicolor bordada a mano, con su hijo de casi dos años.
Estaban dispuestos en hilera. La guagua –el niño- tomaba su té de miel, muy típico en la sierra norte del Perú.
Se preparaban para dormir. No había televisor, ni radio, ni nada con qué se entretengan.
Eran aproximadamente las seis y media de la tarde. Y el sol empezaba a caer frente al cerro Mishahuaca, ubicado a un cuarto de hora de Canchaque, Huancabamba. Dejaba en ese viaje vistoso, unos rastros naranja, como si fueran pinceladas hechas en un gran lienzo negro.
Era un paisaje único. Esos de fotografía.
–Carajo, chino. Duérmete rápido. ¿No ves que tengo sueño?
Meche no tenía esposo. Vivía sola. Además de su hijo, un perro que botaba espuma por la boca, la acompañaba. Su casa era un paralelepípedo de quincha y barro que había construido con el mayor esfuerzo posible. Era la doña más conocida en las faldas del Mishahuaca.
Bajaba’ todas las tardes al pueblo a comprar queso, a cuchichiar con sus comadres, a rezar en la capilla.
Solía hacer esto todas las tardes, menos ésa.
Su hijo era moro, es decir, no bautizado, y tenía menos tamaño respecto a su edad.
Meche se había quedado dormida.
El sol caía más y más. Ya casi ni se notaba las últimas luces del pueblo. Apenas una luciérnaga.
Como una metáfora fugaz, habían pasado tres horas desde que se acostaron, Meche y su hijo. Y, como un ventarrón allá arriba, en el Mishahuaca, todos ya estaban recogidos, bajo la luz grumosa de ese queso apenas mordido por el firmamento.
–Carajo, chino. ¡Duérmete rápido! ¿No ves que tengo sueño?– le había dicho, con enojo, Meche a su guagua. Y le hizo caso.
–Chinito, si una chola fea viene y te dice que vayas con ella, no le hagas caso. No, no. Ya no te trae, chinito- le recalcaba siempre.
Meche repetía constantemente eso a su hijo, pero éste no le entendía.
Cuando ella despertó, el pequeño ya no estaba, y, como él, otros dos moritos, quienes aún usaban baberos pegoteados con mocos…
Tiempo perdido
El Relato de la desaparición del hijo de Meche tiene un hueco de tiempo.
Entre que ella se quedó profundamente dormida y cuando se dio cuenta que el pequeño había desaparecido, ¿qué pasó?
La mujer decía recordar vagamente que alguien golpeaba la puerta. Ella se moría de miedo. Los golpes eran insistentes.
–– ¿Quién es? – preguntó la Meche, como le decían los vecinos. Y nadie dijo nada.
Seguían los golpes, y la Meche no atinaba a moverse de la manta tendida sobre un suelo que se hacía más húmedo a cada minuto.
El miedo la invadió por completo.
–Hay hombre, déjate de hacer eso– apenas alcanzó a decir, como aliviándolo un poco. Pero nadie le respondió.
Fue cuando logró ver, o creyó haber visto, a una mujer menudita, con una bata blanca; con el cabello muy largo que le llegaba a los pies; con los talones volteados, y un maullido en lugar de voz.
Quiso proteger a su hijo, pero en ese momento se desvaneció.
A la mañana siguiente, su hijo ya no estaba.
BUSCANDO RESPUESTAS
El nombre del cerro Mishahuaca se debe a la Misha. Una planta que existe en su zona alta.
Huaca es una palabra en quechua que significa “tumba”.
Hace medio siglo allí vive Alberto Chinguel, quien dice que la misha es muy requerida por los chamanes para curar enfermedades.
Él asegura haber visto a la Chuchuna.
Se dice que, efectivamente, esta mujer desciende a llevarse a los niños que aún no están bautizados, de noche, cuando la luna está en cuarto menguante.
Según cuenta Alberto, la Chuchuna es uno de esos niños sin bautizar, de sexo femenino, y de padres que no desearon tenerla. “Por ello pasa recogiendo a demás niños y niñas sin bautizar,para llevarles a otro lugar, porque piensa que sus padres no los quieren, porque no los bautizan pues”, dice
El señor Chinguel, quien supera los cincuenta años y que nació en el lugar, dice haberla visto, aunque se sabe que solo pueden verla los niños y las niñas a manera de duende.
Pero, ¿puede existir un alma que piense, como dice Alberto?
Según la psicología, la capacidad de pensar o de pensamiento, se le atribuye sólo –sólo- al ser humano, porque se da mediante la actividad del intelecto.
Además, el pensar lógico se caracteriza porque opera mediante conceptos y razonamientos, lo que hace la especie humana.
Sin embargo, la tradición popular –porque es eso: tradición- dice todo lo contrario. Lo cierto es que esta leyenda es la más representativa del pueblo de Canchaque.
Alberto Chinguel no es la única persona que asegura haberla divisado; hay testimonios directos que sostienen haber visto a la Chuchuna, pero no presentan prueba física de la misma.
Adenda de Mesa de Edición
Una hipótesis que quisimos explorar fue la probabilidad de un rumor sembrado para promover el bautismo de infantes; o, más aún, tenerlos dentro del matrimonio religioso.
Es fácil esparcir un rumor en comunidades como éstas, debido a la falta de fuentes oficiales de información y la idiosincracia local.
Recordemos que la Meche era madre soltera (y su existencia tampoco está probada).
No podemos precisar quién esparció el rumor, pero sí a quien beneficia directamente: los cultos cristianos.
En todos ellos, incluyendo el católico, el Bautismo es el sacramento de iniciación temprana.
La Iglesia Católica instruye que el mismo borra el pecado original con el que nacen todas las personas, e, incluso, hasta hace unos años, se consideraba que los y las infantes sin bautizar, que fallecían, no iban ni a cielo, ni a infierno, ni a purgatorio, sino a algo llamado limbo.
Un canon lo desapareció.
La creencia popular sostiene que infantes o no natos sin bautizar se convierten en duendes, entidades que suelen vivir en espacios solitarios y que, de vez en cuando, se materializan, y hasta juegan con niños y niñas con vida.
La existencia de gente que vio a la Chuchuna descartaría esta posibilidad; pero ¿Qué vio la gente, o, que dijo ver?
Otra hipótesis pudiera aludir a un secuestro efectuado por alguien cercano a las madres, que se pudo enmascarar con la creación de un ser mítico, simplemente, para eludir responsabilidades legales. En todo caso, debió ser investigado por la autoridad pertinente, cosa que no ocurrió, hasta donde sabemos.
Conclusión
El misterio sigue sin resolver, aunque desconocemos casos de desapariciones recientes.
Sería interesante explorar qué pasaría con el encanto si es que padres y madres decidieran no obviar el Bautismo de sus menores.
© 2012 Luis Claudio Paucar Temoche | asociación Civil Factor Tierra. Todos los derechos reservados.
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