
Después de un accidente que lo dejó en coma por diez días, y seis meses internado en el Hospital, Erik Burneo está recuperado. Las terapias que le hacen en el área de Psicoterapia del Centro Pastoral san Vicente de Paúl, le han ayudado.
Luis Paucar/FACTORTIERRA.NET

La reflexología sostiene que todos nuestros sistemas, con los órganos involucrados en ellos, tienen, en el pie, un punto que los representa.
Cortesía de Laura Rumiche/ Archivo personal

Además de la reflexología, existen terapias como la Biodanza, que es un sistema de integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de vida. Es un sistema que ayuda a conocer y desarrollar nuestros potenciales a través de la música, de una forma divertida y en conexión con la vida. personal.
Cortesía de Laura Rumiche/ Archivo personal
Post producido por: Franco Chinchay
02/02/2012 12:00:59 -0500
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CIUDAD DE PIURA -- Erik Burneo Jiménez, estuvo al borde de la muerte. Su cuerpo de muchos kilos, se adormeció por diez días, a causa de un accidente de tránsito.
No hablaba ni caminaba ni abría los ojos. Incluso, los médicos le habían dicho a su madre, a su esposa y a su única hija, que quedaría en estado vegetal: como si fuera un muerto que respira.
Un año después –en esta sala bien ambientada– Erik tiene el rostro sin cicatrices, el cabello peinado, y la voz áspera como a quien le cuesta expresarla.
Treinta y tantos veranos, bividí rojo, y un short azul: de cara a esa historia que le recuerda que Dios tarda, pero nunca olvida… que las manos solidarias de las personas y la oración, tienen poder para sanar.
“Yo trabajaba en mi moto lineal. Un día estaba ‘chupando’ (bebiendo licor), y mi error fue manejar”.
En el cruce de las avenidas Chulucanas y Panamericana venía un ómnibus desde Paita. El chofer cambió su luz de baja a alta, y lo encandiló.
“Lo único que hice fue salirme de la pista. Mi moto se quedó, yo salí volando. Y me golpeé la cabeza, y se me ‘apagó la tele’ por diez días”.
Ya cuando estaba en el hospital, el doctor le dijo que si vivía quedaría vegetal.
Erik, a sus treinta, era un niño. Se alimentaba por una sonda, no podía hablar, y andaba todo el día acostado. Un tajo apenas visible en la parte baja de su cráneo –después del accidente– le recordará cuán peligroso fue, y cuán cerca –además– estuvo de la muerte; de aquel episodio que dice, ya haber superado.
“Poco a poco”
Hace unos años, Erik llegó al Centro Pastoral San Vicente de Paúl, con el cuerpo completamente enajenado y con la esperanza de recuperarse pronto. Aquí, Nina Curitima y Mariela Sarango lo recibieron con su peculiar amabilidad.
Erick recuerda que aún se sostenía a un bastón de fierro para poder caminar. Pero se alegra –también– que ahora pueda dar algunos pasos. Ni tan rápido ni tan lento: seguros.
“El señor Erik está recibiendo tratamiento motriz. Antes era como un niño, y teníamos que volverle a enseñar a caminar, incluso a hablar. Cuando vino, no tenía buena coordinación. Ahorita estamos trabajando en cuanto a equilibrio, porque no tiene, o tiene poco”, recuerdan Nina y Mariela.
Ellas están en el área de Psicoterapia del Centro. Sobre un piso bien lustrado, Erik Burneo –el paciente– realiza su terapia diaria. En su pecho, cuelga un rosario marrón que anda consigo siempre. Camina de costado. Intenta dar pasos, y más rápido, “pero poco a poc”o, le dicen. “Poco a poco”.
Erik Burneo es –quizá– el mayor testimonio de rehabilitación que tiene el Centro Pastoral San Vicente de Paúl, una casa ubicada en el corazón de Santa Julia, el asentamiento más próximo a la ciudad de cemento.
Del sueño a la realidad
Con su sotana larga y roja estola, San Vicente de Paúl dejó un mensaje: de amar y servir a los más pobres.
Tres siglos y medio después de su muerte, su misión ha sido extendida por la congregación de las ‘Hermanas de la Caridad de Leavenworth’, quienes tienen a cargo el caminar del Centro Pastoral que lleva el nombre del santo, en tres regiones del país.
El de Piura, lo dirige la hermana Laura Rumiche Morales, quien –además– trabaja en coordinación con las hermanas Ruth Reishman –que es recepcionista– y Elena Mack –que es asesora espiritual–.
“Todo comenzó como un sueño de nuestra congregación. Sentíamos que, poner una obra como esta, era una urgencia en estos tiempos”.
Sentada en su oficina. En medio de revistas, carpetas, porta lapiceros, y una computadora, la hermana Laura se dispone a hablar de la obra que dirige.
Nacida en Talara y ligada al estilo Vicentino –ayudar, siempre ayudar– dice que la historia de este Centro es todo un sueño.
“En primer lugar, porque estaba destinado al área de salud, mediante la reflexología. Luego, se fue haciendo para Salud integral en general; educación, derechos humanos y empleo. En esto nos apoya el Rotary Club, y el Club de Leones de Piura”.
“Actualmente, es un área que brinda los servicios de reflexología, terapia física, biodanza, botiquín, psicología. También escolar, mediante la biblioteca, las sesiones de aprendizaje, y vacaciones útiles” –relata con la voz de mujer sutil.
Al Centro no sólo llegan pobladores del sector Oeste (Nueva Esperanza, San Martín, Santa Julia). Además, se han registrado atenciones de hermanos –como les dicen a los pacientes– de Tambogrande, Chulucanas, Sullana, Talara, Chiclayo, y hasta Lima. “Esto es una buena señal, pues nos indica que hay mucha acogida”. Entonces, la hermana Laura se alegra.
Dedos que sanan
Los dedos delgados de Gabriela Nima Albán, se deslizan por las plantas de los pies de una paciente. Unta un poco de vaselina, y vuelve a sobar.
Por momentos hace movimientos circulares; por otros, lineales. Pero siempre conserva la sonrisa de quien le gusta servir.
Gabriela es una de las mujeres que trabajan en el área de reflexología del Centro San Vicente de Paúl, y para ella, “no existe energía negativa ni positiva. Energía es energía” –apunta esta mañana de un lunes.
La paciente a quien trata ahora, asegura estarle “doliendo la cabeza”. Además, tiene osteoporosis: lo que le imposibilita lavar. “Pero con esto –con la terapia– me ha pasado un montón. Le recomiendo que se haga, es muy buena”.
“La reflexología es una terapia holística; es decir, no alivia solo lo físico, sino también lo interior, el estado emocional, psicológico, lo espiritual; para equilibrarnos, para encontrar claridad en las ideas. Físicamente, porque en el pie se reflejan los puntos de todos los órganos”, dice Gabriela.
“Y, aún llevando otra terapia, tomando medicina, hace que el organismo sane más rápido. No es algo mecánico. Uno se conecta con Dios, y es Él quien sana”.
La gente que trabaja aquí lo repite con convicción.
En treinta minutos, Gabriela terminará con esta sesión de reflexología. Por ahora, las melodías de “Embrace” flotan en la sala, acompañan el sueño de los pacientes.
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