Post producido por: Franco Chinchay | 02/02/2012 12:00:59 -0500
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El encanto del Yantuma

El cerro no estaba dispuesto a deshacerse de ella.
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YACUPAMPA, Ayabaca : Cuentan que una pastorcita solía ir con su ganado a las faldas del cerro Yantuma.

Se iba después de desayunar, y regresaba con su ganado a mediodía para almorzar.
En aquel tiempo, en la falda del cerro que se orienta a la ciudad de Ayabaca había una laguna, y éste era el paraje preferido por la chica, que apenas tenía 16 años.
Un día, ella no regresó para el almuerzo. Su padre y su madre creyeron que se tardaría por alguna razón, quizás algún animal se había perdido y ella lo estaba buscando, pero al atardecer, la preocupación les invadió.
Entonces, salieron a buscarla. Encontraron todos los animales, pero ni rastros de la chica.
“¿Alguien se la habrá robado?”, preguntaron una y otra vez los compungidos progenitores.
Al día siguiente reanudaron la búsqueda sin éxito.
Un día, cuando apenas amanecía, un vecino se encontraba cerca de la laguna del Yantuma, y se quedó sorprendido por lo que vio: varias chicas emergían de las aguas y jugaban en una de las orillas. Reconoció a la adolescente extraviada, le pasó la voz a gritos, y en ese mismo instante, todas se volvieron a sumerger.
Sin dar mucho crédito a lo que vio, corrió hacia Yacupampa, y le contó al padre y a la madre sobre lo que había visto.
Otras personas aconsejaron que se debía capturar a la chica mediante lazos, y trazaron un plan de rescate.
Una mañana, al amanecer, las chicas salieron a jugar en la orilla, como de costumbre. A pesar del frío, no vestían prenda alguna. Allí estaba la pastorcita extraviada.
Súbitamente, su cuerpo quedó atrapado por una soga, y luego otra y otra. Era el vecindario que acudió acompañado del cura del pueblo, quien iba preparado para lo peor.
La chica opuso resistencia, y sus otras acompañantes intentaron liberarla sin obtener resultados.
Una nube oscura se extendió sobre el lugar, un viento fuerte comenzó a soplar violentamente y una tormenta nunca antes vista se desató.
Los hombres comenzaron a tirar de las sogas con más fuerza, y consiguieron arrebatar a la chica de la orilla. Las otras dos se esfumaron, mientras la tormenta arreciaba más y más, haciendo necesaria la aparición del cura que tuvo que echar agua bendita (sic) para que los elementos regresaran a la normalidad.
La menor regresó a casa, pero constantemente pedía que la regresaran a la laguna, que debía volver a ella.
Fue necesaria la intervención del cura y la gente, unida en oración, para que, algunas semanas después, ella recobrara el sentido.
Cuando, por fin pudo conversar, contó que, dentro del cerro había una casa con joyas y comidas ricas, donde habitaba un anciano que siempre las cuidaba. No tenía memoria de cómo fue capturada, y jamás regresó a pastorear a ese sitio.

Esta leyenda no es original de este pueblo de Ayabaca. Casi todos los lugares de la sierra norperuana lo repiten, tanto que en el centro de Cajamarca hay un relato similar con el mismo tenor.
Los puntos comunes son, además de la laguna, la existencia de un cerro.
El Yantuma es clave ya que parece haber sido un ‘apu’ o dios tutelar.
A inicios de la década de 1970, se encontraron andenes incaicos en su lado nororiental y el antropólogo Mario Polía halló cerámica en algunos lugares de esta elevación, ubicada a unos 7 km de la ciudad de Ayabaca.
Hasta hace quince años, estos restos de cerámica se podían encontrar en una de sus cumbres.
El Yantuma también es un cerro significativo para el pueblo ayawaka, que vivivió en esta zona hasta que fueron conquistados por los Incas en la segunda mitad del siglo XV.
Dice la tradición que, cuando los jefes ayawakas se vieron perdidos, huyeron hasta este cerro, ganaron la cumbre occidental, y se lanzaron por un abismo profundo para no caer prisioneros. Este hecho fue corroborado por el hallazgo de armas durante la exploración de Polía.
Hasta ahora, mucha gente ofrece ‘pagos’ al Yantuma antes de subirlo, de lo contrario, la niebla se cierne sobre él, y movilizarse es un acto arriesgado, pues cualquiera podría extraviarse y terminar en aquel abismo.

Pero, ¿hubo una laguna en el Yantuma? Por lo menos en tiempos recientes no, pero hay una extraña costra de barro justo del lado sur, donde la leyenda se desarrolla, la que poco a poco se ha ido cubriendo con vegetación, cuya configuración parece más la de una jalca o páramo. Este es el límite de este ecosistema, pero lo curioso es que es el único cerro de la zona con esta configuración.
Justo del lado norte está el cerro Chacas, de más de 3000 metros de altura, pero que alberga a uno de los bosques de neblina más significativos de Piura, el de Cuyas.
Este bosque es uno de los generadores de agua de la cuenca del Chira, y todos los días, al atardecer es posible observar el choque de los frentes amazónico y del Pacífico, que genera la humedad suficiente para que este bosque haga el resto del trabajo, absorber, contener y distribuir el agua que, en este caso, alimenta a los ríos Calvas y Mangas.
¿Acaso esto era conocido por la gente de la antigüedad, y por eso necesitaron marcar el lugar como sagrado?

El ascenso al cerro Yantuma es una actividad que no se debe dejar pasar si se va a Ayabaca.
De hecho, la gente del pueblo ha construído una escalera artesanal que lo remonta hasta la mitad de la ladera. De allí hasta la cumbre hay que avanzar con paciencia y ganas de dejarse sorprender.
El cerro ya no secuestra gente, pero su nuevo ‘encanto’ es una vista que difícilmente se puede igualar, no importa la época del año.
Eso sí, si lo asciendes, hazlo con respeto, previa ofrenda con Agua de Florida o de Kananga, de lo contrario, se tapiará de nubes, comenzará a llover, te invadirá la niebla, y nadie podrá dar razón de tus pasos, si acaso te pierdes…

 

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