Post producido por: Franco Chinchay | 02/02/2012 12:00:59 -0500
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Nelson Peñaherrera Castillo
FACTORTIERRA.NET

Las orejas del borrico: Si errar es humano, ¿qué es errar dos veces?

CIUDAD DE SULLANA -- La confirmación que Benito Guarnizo, presidente de la Comunidad Campesina de segunda y Cajas (El Carmen de la Frontera, Huancabamba), hizo en diciembre pasado sobre la existencia de minería informal en su territorio me dejó una mezcla de decepción e indignación, o un híbrido entre ambas.

En efecto, no pudo capear una débil zarandeada de un presentador de Radio Cutivalú, y saltó la liebre: la minería informal existía, y ya tenía diez años de desarrollo.

Sentí decepción porque por mucho tiempo apoyamos a esta comunidad en su afán de defender su medio ambiente; e indignación por la mentira evidente.

Claro que Guarnizo no nos dijo algo que –ahora sabemos- no es nuevo.
El exMinistro del Ambiente, Antonio Brack, cada vez que vino a Piura, repitió hasta el cansancio que en el cauce del río Samaniego, un afluente del Huancabamba, se desarrollaba esta actividad, pero pusimos su palabra en duda luego de un programa de televisión de evidente sesgo pro-Río Blanco, y porque jamás presentó prueba alguna, algo que, siendo científico, sabía que debía aportar, si no todo era más que chisme pro-minero.

Pero, si durante todo este tiempo le hemos dado el voto de confianza y veracidad a Segunda y Cajas, ¿cabría ponerlo en duda ahora que sale de su propia boca?

En lo personal, he puesto a Guarnizo y a su dirigencia al mismo nivel de los mineros informales de Suyo, Ayabaca, hasta que no revierta la situación –si es que se atreve a hacerlo-, pero ¿cuál es la posición que se debe tomar frente a lo que por largo tiempo hemos defendido, esto es, no a la actividad minera , y cualquier otra que lo amenace, en un ecosistema sensible?

Partamos de la premisa de que los seres humanos podemos fallar, tanto activa como pasivamente. El punto es cómo reducir el margen de error.

Ahora más que nunca mi posición sobre las razones para no desarrollar el Proyecto Río Blanco en una naciente o cabecera de cuenca se refuerzan, pero no por simple pasión o discurso, sino por ciencia.

Si en las alturas se genera el agua, y ésta depende de un ecosistema crucial (que puede ser una jalca o un bosque de neblina), es lógico que mire con recelo a la minería, máxime que en los doce años que llevo siguiendo este caso, no he encontrado un solo dato sólido de impacto ambiental cero, en todo el mundo, salvo prueba sólida e irrefutable.

Asimismo, el apetito del metal hace que lo que comienza con un huequito termine haciendo un queso Gruyere o una gangrena en plena superficie.

Ahí está Mediterranean Resources, la antigua Manhattan, que, tras salir de Tambogrande ahora está por Turquía. Comenzó con dos puntos de explotación y ahora acaban de anunciar el hallazgo de un depósito más grande. ¿Codicia o desarrollo?

El caso es que si la ciencia me dice que algo no es viable, ¿por qué pretendería hacer un rubí de un trozo de vidrio, como le decía Oscar D’León a su hijo, en una salsa noventera?

Lo que pasa es que, por alguna razón, como en el cuento de Caperucita, preferimos el camino largo y sinuoso, cuando la Geometría Plana nos enseña que la línea recta es el tramo más corto entre dos puntos.

Pues bien, tras la payasada de Guarnizo y compañía, he optado por refugiarme en la ciencia, y hacerle caso a los argumentos de los personajes de mi serie de ficción favorita, The X-Files: “no confíes en nadie” y “la verdad está allí afuera”.

La Naturaleza es primariamente comprensible con ciencia pura o exacta, independientemente de las intenciones y creencias de las personas.

Si las ciencias sociales no apoyan sus argumentos en esta base, no hay nada que discutir; ergo, si nadie me refuta con argumentos científicos –incluso desde las ciencias sociales-, no tengo nada que discutir. Tolerar, muy a mi pesar, probablemente, pero de ahí a creer, hasta que no lo compruebe, no lo daré por cierto.

Un amigo cercano me dijo que era lógico mi sentimiento, y me recordaba que incluso en el Paraíso habita el Demonio. Pero también sé que si está en mis manos derrotarlo, debo hacerlo.

Mis convicciones no han cambiado, pero en mi mapa de poder, lamento informar que he puesto a antiguos aliados del lado de los opositores, y, como tales, tendré que enfrentarlos con la ciencia que mejor conozco, la de explicar, decir, comprender y mostrar.

Errar es humano; pero hacernos errar es imperdonable.

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