Post producido por: Franco Chinchay | 02/02/2012 12:20:00 -0500
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El esclavo furioso
Versión FACTORTIERRA.NET

Jamás camines de noche junto al canal, especialmente si no sabes nadar

SAN VICENTE DE PIEDRA RODADA, Sullana – Hay noches de luna que la gente no camina a las doce por la orilla del Canal Daniel Escobar.
Si de pronto, escuchan un silbido agudo, pueden darse por perdidos, pues es casi seguro que una sombra los atacará.
Quienes han podido verle con detalle, cuentan que es un afrodescendiente alto, musculoso, y que sólo viste un grillete con una cadena rota que le aprisiona el cuello. El resto del cuerpo está desnudo.
Si el viandante se le cruza, esta sombra va a su encuentro, lo levanta en peso, y lo arroja al canal.
¡Pobre de aquél si hay mucha agua y no sabe nadar! La corriente se lo arrastra y la sombra no desaparece hasta que logra su cometido, así que si decides luchar contra ella, ésta te atacará con más fuerza hasta tirarte al canal, especialmente cuando llueve y baja cargado.
Nadie se a librado de él, y sólo unos pocos han sobrevivido para contarlo.

Buscando barracas
Chalacalá era el sitio de una hacienda importante en lo que ahora se conoce como Alto Chira.
Según el arqueólogo Daniel Dávila, colaborador de FACTORTIERRA, ha sido objeto de varias disputas por tierras, en especial, durante el siglo XVIII, a juzgar por varios documentos que ha encontrado.
La hacienda está totalmente derruída, tal como lo comprobamos hace algún tiempo. Se ubica a un kilómetro del actual pueblo de Chalacalá Alto, y cerca del canal Daniel escobar.
Lo que no se sabe es qué tiene que ver con el relato del afrodescendiente.
Sin embargo, hay que recordar que muchas de las haciendas coloniales emplearon a personas esclavizadas en África para las faenas de campo. Incluso inspiraron la literatura post-republicana como “Matalaché” del piurano Enrique López Albújar.
Pero, al cierre de este informe, se desconoce algún relato que esté conectado al encuentro con lo que parece ser un esclavo.

¿Modus operandi?
Durante una investigación de campo que FACTORTIERRA realizó en el Alto Chira, recogimos este relato, y nuestra primera sospecha fue pensar en algún vecino con un retorcido sentido del humor.
Varias de las personas que entrevistamos negaron conocer a alguien con esas carácterísticas viviendo en la zona, pero el relato se repetía en todos los casos.
Nos dijeron que, cuando buscaban huellas o rastros al día siguiente, no las encontraban, pero se notaba que alguien luchaba por no caer en el canal, protegiéndose ¿de qué?
La fisonomía del atacante nos remitió a varios reportes de asaltos por parte de varones altos y fornidos, con armas de fuego, principalmente, a finales de los ‘90s, e inicios del 2000. pero, todos los ataques eran de día con arma de fuego, y testigos dijeron que sus agresores eran blancos y de ojos claros.
El asunto es que todos estos casos están judicializados, y varios de los asaltantes están en la cárcel.
Otro detalle es que los ataques se dieron en un segmento del canal entre los dos pueblos de Chalacalá y san Vicente de Piedra Rodada, lo que nos da un rango de unos diez kilómetros.
La hipótesis del atacante de carne y hueso parece tener sentido hasta que mapeamos los asaltos, y todos se dan en los caminos de Somate, pero no cerca del canal, como sucede en la historia de los pobladores actuales.
El otro aspecto que descarta los asaltos es que las personas atacadas no son obligadas a despojarse de dinero o joyas. Más aún, no hay comunicación verbal con la sombra, como sí pasó con los asaltantes de carne y hueso.
Simplemente, la sombra toma a la persona, y la arroja al canal, por lo que la intención de acabar con la vida del viandante parece ser una prioridad.
Todas las víctimas son varones, entonces, acá tenemos varios patrones que nos dejan más cabos sueltos.
Algunos de los atacados dijeron haber estado ebrios, entonces, pensamos en una evidente pérdida de equilibrio, lo que es consistente con las huellas de alguien que evita caer al canal (cosa que todo el mundo sabe que está allí, por experiencia o por el sonido del agua). Y si no tenemos segundas huellas, entonces, ésta podría ser una explicación razonable.
Pero, ¿y quienes estaban sobrios y fueron atacados?

Un desafío a la física
Para poder derribar a una persona por la fuerza, se requiere que la masa corporal del agresor sea, al menos, el doble.
Casi todos los varones en Alto Chira tienen un rango de altura que va entre los 165 a 175 centímetros, y en todos los casos el atacante es muy alto.
Otro detalle es el peso corporal. Los varones suelen estar entre los 65 a 80 kilogramos.
Tomando los datos de altura y peso, necesitamos que el agresor tenga casi dos metros de altura y un peso corporal de unos  120 a 150 kilogramos, con el consiguiente desarrollo muscular, que haga eeficiente derribar a una persona, que, además está invadida por el miedo.
Recordemos que el afrodescendiente tiene peso adicional en el cuello, y necesita un cuerpo recio y flexible para poder hacer varias cosas a la vez.
Pero estamos hablando de una sombra, que no debería tener masa, y, por consiguiente, peso, y si la persona viviera en carne y hueso, sería fácil de identificar.

Conclusión preliminar
En base a todas las evidencias reunidas, este caso aún no tiene explicación consistente, por lo que sigue abierto.

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