El Grupo Chicago integrado por jóvenes de diversos colegios de Piura. Se formó como iniciativa de Jazmín Marín – quien nos comenta que, al ver la necesidad de los ancianos y ancianas del asilo, creó este grupo.Ellos son una vía por la que los ancianos pueden deshacerse de esas historias que algún día los y las marcaron.Foto: Luis Paucar Temoche/ FACTORTIERRA.NET
"Ni creas que acá es el paraíso", asevera un anciano que mejor no da su nombre. Y es que, la mayoría de ellos y ellas refiere que hay un mal trato por parte de las religiosas. Si bien, les brindan sus alimentos a la hora adecuada, se quejan del trato que reciben en cuanto a su salud. Otro señor se atrevió a decir con voz firme, que "hay madres que no merecen tener el hábito".Foto: Luis Paucar Temoche/ FACTORTIERRA.NET
El asilo "Santa Teresa de Jornet", es una obra, a cargo de Las Hermanitas de los ancianos desamparados. La madre directora, dice que no cuentan con un apoyo en particular, "ni del Estado"; pero sí se abastecen a cubrir las necesidades de todos, pues piden apoyo a diversas instituciones. Con todo ello, se atiende a cerca de 90 ancianos y ancianas que alberga, el asilo.Foto: Luis Paucar Temoche/ FACTORTIERRA.NET
Por otro lado, cabe recalcar que, en el día de las visitas, casi nadie llega a ver a sus padres, madres o familiares del asilo. Las visitas son los días domingos por la mañana de 9 a 11, y jueves de 4 a 6 de la tarde. El domingo quizá por ser fin de semana pocos y pocas son los y las que llegan a visitar a sus parientes .De allí, que el panorama es solitario y melancólico a la vez.Foto: Luis Paucar Temoche/ FACTORTIERRA.NET
Las palabras de nuestro Fundador, don Saturnino López, "ser continuadoras de la misión de Cristo, que pasó por el mundo haciendo el bien"; La 'hermanita' como se les llama a las monjas ha sido llamada a hacer de su vida una gozosa donación de amor, en el servicio (sic) a los ancianos necesitados, al estilo de Cristo.Foto: Luis Paucar Temoche/ FACTORTIERRA.NET
Post producido por: Franco Chinchay
02/02/2012 12:20:00 -0500
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Dibujando sonrisas
LUIS
PAUCAR TEMOCHE
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CASTILLA, Piura – “Solos… solos nos hemos quedado”. Es domingo, nueve de la mañana, en uno de los pasillos que conduce al patio del asilo de ancianos “Santa Teresita de Journet”.
El ambiente es melancólico. Si no hay silencio en la sala principal, la única voz es de don Braulio Palomino -en una banca de cemento donde está encorvado- dice estarle fallando un pie al caminar.
Cruzando el primer comedor donde treinta ancianitos desayunan pan y avena, en una sala de cuatro metros por tres, está don Quispe que no revela cómo se llama.
Allí navegan, pujantes, las melodías del Cristo Moreno que se cuelan de una radio a pilas. Está escuchando esa tonada, porque hoy es un día discreto: habrá visitas pero nadie llegará a verlos.
“Seguro (nuestros familiares) están enfermos, o no nos quieren venir a ver, o se olvidaron. Pero ya, nos hemos acostumbrado… si aquí estamos mejor”.
En la sala de al lado, flota el único cuadro de una santa que mira el puñado de ancianos leer, espetar el silencio, dormir.
Antes de llegar a este lugar donde todo se desviste ante la soledad, don Braulio tocaba la armónica y, además, vivía en alguna calle de esta Piura; pero de 1941.
Ahora lo único que le queda a este hombre que siempre lleva puesta una chompa tan gris como su suerte, es decir que “la ciudad fue mejor”.
“Fue muy bella” -le susurra a Lorena Baca que, en estos últimos tres meses, se ha convertido en su oidora de lujo. Si no le cuenta ‘cosas históricas’, don Braulio le narra sus paradojas de joven, o sus travesuras de niño. Una mañana, después de haber criado a sus cinco hijos por más de veinte años –“ahora ya deben estar viejotes”- vino a este lugar, sin saber qué era. Ellos le dijeron que se iban de viaje, y que luego regresarían a recogerlo, “pero desde allí ya no los he vuelto a ver” –sentencia hoy, 15 años después.
En este lugar, es imposible no tener pena: nadie sonríe, nadie conversa, casi nadie es feliz. Desde acá –adentro- todo es distinto. Si bien, a los ancianos y las ancianas les brindan las “tres comidas diarias (pese a no tener presupuesto para ello), nos tratan mal.
“Acá, hay una madre que no merece tener el hábito, porque a veces no nos quiere dar comida porque dice que falta”, masculla alguien que mejor queda en el anonimato.
Y es que este asilo alberga a cerca de noventa hombres y mujeres con ocho décadas encima, de manera servicial. No cobra, no recibe ingresos. Es por ello que, cada fin de semana, las religiosas que lo dirigen, se ven en la obligación –así dicen- de pedir colaboración a diversas instituciones, aunque a veces eso –las colaboraciones- no lleguen.
Tal vez, todo ello animó a Yasmín Marín Álvarez a poner en marcha el proyecto de acción social, donde los y las jóvenes se involucren en ayudar a los que menos tienen, a los que sufren: a los ancianos del asilo.
Viendo los avatares de los 90 hombres, la joven de quince años, cabello lacio, ojos color esperanza, y actitud que Prada elogió en el ‘Discurso del Politeama’, se conmueve al imaginar la desfachatez de sus hijos “al dejarlos solos”.
Un viernes por la tarde –asegura- recibió la ‘noticia más grande de su vida’: habían aceptado su solicitud, pidiendo ayudar a los ancianos y las ancianas de este asilo.
Se alegró también porque, días atrás, había formado el grupo de solidaridad “Chicago” –hazlo todo por amor- que reúne a jóvenes de entre quince y dieciséis años, dedicados y dedicadas a ayudar a los adultos y las adultas mayores del asilo “Santa Teresita de Journet”, ubicado en la Av. Jorge Chavez Nro. 350, muy cerca al Hospital Regional.
El servicio que ella, y 14 jóvenes más hacen; es simple: Vienen las mañanas dominicales a cantar, a divertir, a conversar, a dar cariño y, sobre todo, el amor de hijo o hija que los ancianitos y las ancianitas no han tenido estos años.
“Creo que, actualmente, los jóvenes no le dan mucha importancia a la gente de mayor edad, no se les valora mucho. Otra cosa que me propuse con Lorena –también integrante del grupo, que escucha atenta las historias de don Braulio- fue motivar a los jóvenes a que le den un lugar importante a los ancianos en esta sociedad, pues ellos nos orientan por su experiencia de vida” –la oigo decir, mientras seca las lágrimas de una señora que mejor no dice cuántos años tiene, que poco a poco pierde su visión.
Y dice sentirse feliz. Y dice amar lo que hace. “Amo ayudar, hacer estas cosas, trabajar por los que menos tienen. Y sobre todo, involucrar a la juventud”.
Cuando los ancianos y las ancianas necesitan alguna cosa –víveres, útiles de aseo más que todo- “Chicago” está atento para cubrir sus necesidades.
Jazmín Marín, Estrella Cueva, Lorena Baca, Gabriela García, Jorge Ulloque, Diego Pasapera, Sergio Baca, Luis Gaspar, Alejandro Calle, Renato Ramos, Antuanet García, Carla Flores, Liliana Machado, Analy Olivos, y Renato Ramos; ayudan -además- a servir el almuerzo, a lavar las vajillas, a dar de comer a las personas que no pueden, o a quienes tienen alguna enfermedad.
“Siempre he pensado que nunca se debe juzgar a las personas sin conocerlas antes. Mejor dicho, no porque algunos jóvenes se dejen llevar por las vanidades que hay en el mundo, todos vamos a ser iguales. Nosotros hemos intentado cambiar este concepto, incentivando a otros jóvenes para que realicen estas obras (de solidaridad); pero que no nos tomen como ejemplo, si no que por ellos mismos, por su fuerza de voluntad, lleguen a hacer un cambio en la sociedad” -finaliza Yasmín Marín, en uno de los pasillos que conduce al pabellón de mujeres.
Desde la última sala donde están las personas con discapacidad, una voz se cuela convencida:
-Estos jóvenes nos dejan un buen mensaje. El amor al prójimo que les han inculcado los padres, el espíritu misionero a su corta edad. (Ellos) no esperan navidad, no esperan un acontecimiento, ni esperan fechas importantes para brindar ayuda a estos ancianos que necesitan, lo hacen con ese desprendimiento que es digno de admirar en ellos. Vemos que, actualmente, los jóvenes están desperdiciando el tiempo chateando en una cabina, sin nada que hacer, esperando un fin de semana para ir a una discoteca; sin embargo ellos vienen a ayudar a estos ancianitos.
Es una religiosa consagrada que, también, se ha dedicado a ayudar a estos hombres y estas mujeres con ocho décadas sobre sus hombros. Afuera el sol resplandece, como alegrando el día de quienes lo perdieron todo. Araña el cielo aterciopelado, de este mediodía….
Producido por Luis Paucar. Editado por Nelson Peñaherrera. © 2011 por la Asociación Civil Factor Tierra a nombre de Luis Claudio Paucar Temoche. Todos los derechos reservados. Para información adicional, lee nuestros términos legales.
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